La fotoprotección oral complementa, pero no sustituye a la crema solar
La detección temprana y la autoexploración son claves para mejorar el pronóstico del melanoma, el cáncer de piel más agresivo

La dermatóloga Dolores Sánchez-Aguilar, delante de una pantalla en la que puede verse un melanoma. / FDV
Los complementos alimenticios están cada vez más en boga y ahora en verano las conocidas como «pastillas solares» cobran especial protagonismo como supuesta medida preventiva frente a la radiación solar. Estos suplementos, que se presentan en forma de cápsulas o comprimidos y se toman una vez al día, resultan para muchas personas más cómodos que la aplicación reiterada de crema solar. Por ello, su demanda ha aumentado en los últimos años como una supuesta alternativa a los fotoprotectores tópicos.
Sin embargo, la doctora Dolores Sánchez-Aguilar, dermatóloga del Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS), advierte de que nunca deben considerarse un sustitutivo del fotoprotector convencional ni del resto de medidas preventivas, como el uso de ropa adecuada o la búsqueda de sombra, especialmente en las horas centrales del día, ya que las «pastillas solares» no bloquean la radicación solar ni crean una pantalla protectora sobre la piel. «La fotoprotección oral no pretende reemplazar a la fotoprotección tópica, sino complementarla», afirma la médica especialista.
Según la dermatóloga, entre las utilidades de este complemento nutricional se encuentra la de compensar la aplicación inadecuada de protector solar tópico, proteger todas las superficies corporales, proporcionar una protección duradera, así como otros beneficios adicionales, entre ellos, propiedades antioxidantes o inmunoprotectoras. «Su mecanismo de acción es muy variado, interviniendo en diversas vías de señalización y ejerciendo su efecto protector ya sea por su acción antioxidante, antiinflamatoria o inmunomoduladora», concreta.
La doctora Sánchez-Aguilar añade que su utilización resulta especialmente interesante en personas con alta sensibilidad solar, antecedentes de cáncer de piel, enfermedades autoinmunes como el lupus o fototipos claros que se queman con facilidad, pero siempre como protección adicional.
En este sentido, insiste en que la protección más eficaz sigue siendo evitar la exposición solar intensa, utilizar ropa adecuada y aplicar correctamente los fotoprotectores tópicos.
Incidencia al alza
Según los últimos datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en España se diagnosticaron 7.881 nuevos casos de melanoma cutáneo en 2024 y se estima que la cifra superará los 8.000 casos anuales en 2026. Este tumor representa ya el 2,6% de todos los diagnósticos oncológicos del país.
En Galicia, los datos del Registro Gallego de Tumores (REGAT) muestran que en 2023 -último año con datos disponibles- se notificaron alrededor de 420 casos de melanoma. No obstante, la especialista gallega apunta que estos datos podrían estar infraestimados, ya que no todos los centros participan de igual forma en la recogida de datos y los casos diagnosticados en centros privados no siempre quedan registrados.
La incidencia de este tipo de cáncer de piel ha aumentado cerca de un 50% en los últimos diez años. Este incremento se relaciona con diversos factores, entre ellos el envejecimiento de la población, la exposición acumulada a la radiación ultravioleta, el uso de cabinas de bronceado artificial y una mayor capacidad diagnóstica que permite detectar más casos en fases iniciales.
Además, la incidencia continúa creciendo a un ritmo aproximado del 1,1% anual. Aunque la mortalidad se mantiene relativamente estable gracias a los avances terapéuticos, el melanoma sigue provocando alrededor de 1.000 fallecimientos al año en España.
«La fotoprotección oral no pretende reemplazar a la fotoprotección tópica, sino complementarla»
El melanoma es el cáncer cutáneo más agresivo y es el responsable de aproximadamente el 80% de las muertes por este tipo de cáncer. Ocasiona cerca de 57.000 fallecimientos cada año en todo el mundo.
La supervivencia a cinco años supera el 90-95% cuando el tumor se detecta localizado y con poco grosor. En cambio, cuando la enfermedad alcanza estadios avanzados con metástasis a distancia, la supervivencia puede descender hasta situarse entre el 6% y el 35%, según la especialista.
Aunque la mortalidad por melanoma se mantiene relativamente estable gracias a los avances en inmunoterapia y terapias dirigidas contra determinadas mutaciones, así como a la detección temprana, el desafío persiste.
En este sentido, la doctora Sánchez-Aguilar explica que cuanto antes se detecte una lesión sospechosa, mayores serán las opciones de tratamiento curativo y menores las probabilidades de que el cáncer se extienda a otros órganos. «La clave del pronóstico es el estadio en el momento del diagnóstico», subraya.
La especialista del CHUS sostiene que la teledermatología se ha convertido en una herramienta clave para mejorar la atención a los pacientes con sospecha de melanoma. Gracias a este sistema, los médicos de Atención Primaria pueden remitir imágenes de lesiones sospechosas a los dermatólogos y obtener una valoración especializada en plazos muy reducidos. «Por otra parte, la existencia de una vía rápida de melanoma proporciona a los médicos de Atención Primaria un sistema de derivación directa para pacientes con lesiones pigmentadas sospechosas de melanoma, con una respuesta rápida en 24-48 horas», añade.
La regla del ABCDE
A diferencia de otros tumores, el melanoma presenta una ventaja que facilita su detección precoz y es que las lesiones suelen ser visibles a simple vista. Por ello, la especialista recomienda realizar una autoexploración completa de la piel al menos una vez al mes. «Este reconocimiento no tiene por qué llevar más de unos minutos y es suficiente para que una persona familiarizada con su propia piel sea capaz de detectar cualquier alteración de aspecto sospechoso», comenta.
En esta autoexploración, la especialista recomienda seguir la regla nemotécnica del ABCDE para identificar posibles signos de alarma. La letra A corresponde a la asimetría: un lunar sospechoso suele presentar una forma irregular o asimétrica. La B hace referencia a los bordes, que han de tenerse en cuenta si son irregulares, desiguales o están mal definidos. La C alude al color: un lunar normal suele tener una tonalidad uniforme, por lo que la presencia de varios colores o diferentes tonos debe llamar la atención. La D corresponde al diámetro: si la lesión supera los 5 milímetros, conviene consultar con un especialista. Por último, la E se refiere a la evolución: cualquier cambio en el tamaño, la forma, el color o el relieve de un lunar debe ser valorado por un dermatólogo, ya que podría indicar la aparición de un melanoma.
«Si detectamos la aparición de una lesión que cambia de aspecto, tamaño, color o forma, pica, sangra o duele, debemos dirigirnos a nuestro médico de Atención Primaria», recomienda.
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