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Una historia de la emigración

El latido gallego del ‘underground’ escocés

De tocar la batería en bandas de culto del indie escocés a custodiar la memoria escrita en la Universidad de Edimburgo. La vida de Margarita Vázquez Ponte conecta Frades y Mesía con la vanguardia europea

Margarita Vázquez Ponte posa en la biblioteca de la Universidad de Edimburgo.

Margarita Vázquez Ponte posa en la biblioteca de la Universidad de Edimburgo.

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Lalín

El latido de la batería y el eco de las aldeas gallegas confluyen en la trayectoria de Margarita Vázquez Ponte (Inverness, 1968). Hija de la emigración, icono de la escena musical alternativa y creadora multidisciplinar, su vida viaja entre Escocia, Italia y las raíces familiares de la provincia de A Coruña. Hoy, desde los archivos de la Universidad de Edimburgo, repasa una biografía unida por la creatividad y la resistencia cultural.

La historia de Margarita arranca con el viaje de sus padres, originarios de Albixoi (Mesía) y Ponte Carreira (Frades). «La historia de mi familia es el cuento clásico. En Galicia en los años 60 y 70 hubo pocas oportunidades de trabajo. Mis padres eran ambiciosos y mi padre consiguió trabajo en Escocia porque quería hacer algo diferente. Consiguieron empleo en el norte en una casa grande: mi padre fue mayordomo y mi madre cocinaba. Eran jóvenes, aprendieron inglés rápido. Yo nací después y siempre nos hablaron en inglés para integrarnos, pero ellos hablaban entre sí en gallego, así que aprendí a entender pronto su lengua natal».

Crecer con un pie en cada entorno forjó una identidad compleja que empezaba en el registro civil. «No te puedes imaginar lo que es crecer en Escocia con un nombre como el de Margarita Vázquez Ponte. Mis apellidos están mal escritos en todas partes. Ser hija de emigrantes es complejo; en Escocia soy la chica con nombre español y en España soy la escocesa. Pero es enriquecedor tener ambas culturas, que son culturas celtas que sirven de inspiración en mi producción artística y musical».

Margarita Vázquez Ponte (segunda por la izquierda) con la banda Shop Assistants.

Vázquez (segunda por la izquierda) con la banda Shop Assistants. / Cedida

Tras 25 años, sus padres volvieron a Galicia. Ella se quedó en Edimburgo, pero regresa al menos tres veces al año: «Me encanta estar allí, trabajar en el campo y con animales». Durante los ochenta, Escocia hervía con la música independiente y Margarita se activó en bandas de culto como Jesse Garon & The Desperadoes, Rote Kapelle, Shop Assistants o The Fizzbombs, alternando como cantante, guitarrista y batería.

«Mi vida se divide en tres épocas. La primera es la musical, con 20 años, cuando tocaba en tres grupos a la vez. Siempre estaba haciendo discos o conciertos. La música fue divertida, pero sabía que no sería mi profesión. Tras siete años, decidí ir a la universidad para dedicarme al arte». De aquella etapa independiente destaca la libertad creativa y la fuerza del ritmo. «Lo hacíamos por amor a la música, lejos de modas o dinero. Para tocar en grupo me encanta la batería; junto al bajo es el corazón de la música y es muy física. Moe Tucker, de The Velvet Underground, fue mi inspiración. Además, tocar la batería te enseña a trabajar en equipo y compartir espacios pequeños, algo que me ayudó mucho al iniciarme como artista».

Margarita Vázquez Ponte como guitarrista y a la batería.

Margarita Vázquez Ponte como guitarrista (izq.) y a la batería. / Cedidas

Doble identidad

Tras estudiar Historia del Arte y Artes Plásticas, una residencia corta en el norte de Italia se transformó en una estancia de una década. «Fui por cuatro meses como artista residente a la Fondazione Pistoletto de Biella y terminé viviendo diez años allí. Viajé haciendo proyectos por Italia, Colombia o India. Fue un estilo de vida duro porque el arte se queda sin dinero en las crisis. Al regresar a Escocia, conseguí trabajo en la Universidad de Edimburgo, en los archivos y la biblioteca».

Hoy compagina su labor institucional con la performance. En sus creaciones laten los recuerdos de la Galicia rural. «La doble identidad me ayudó mucho. Tengo experiencias muy gallegas como el ritual de la matanza; el color rojo de la sangre en la tierra es una imagen que llevo conmigo como idea artística. Viajar te da ideas y yo recomiendo ser valiente ante las oportunidades. Hubo momentos clave en los que tuve miedo, como al dejar la música o irme sola a Italia sin hablar el idioma, pero hay que arriesgarse», explica mientras hace recuento personal de lo vivido en su intensa juventud en Edimburgo.

Margarita Vázquez Ponte sigue tejiendo su red global sin perder el norte de sus raíces. Desde la solidez de los archivos universitarios hasta la vanguardia de la performance, demuestra que la verdadera herencia no es una frontera geográfica, sino un pálpito incombustible que conecta mundos, lenguajes y generaciones a través del poder transformador de la memoria y el arte contemporáneo.

Con la mirada puesta en el futuro, esta artista multidisciplinar continúa demostrando que la distancia no diluye la herencia, sino que la transforma en un lenguaje universal. Su trayectoria, marcada por el ritmo de la batería underground y la sensibilidad de las artes plásticas, es el testimonio vivo de una creadora que supo convertir la complejidad de la emigración en una fortaleza inagotable, uniendo para siempre los archivos de Edimburgo con el corazón eterno de la Galicia rural.

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