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Polémica actuación en el desagüe de pluviales

El arquitecto responsable de la restauración del Hostal dos Reis Católicos defiende la intervención: «Si usted ve una gárgola sodomizada donde hay un caño, yo no puedo hacer mucho»

El arquitecto responsable de la restauración del edificio sostiene que es la solución «más eficaz, reversible y de menor daño»

«No podemos contestar a cada ocurrencia», afirma

El arquitecto responsable de la restauración del edificio sostiene que es la solución “más eficaz, reversible y de menor daño”

El arquitecto responsable de la restauración del edificio sostiene que es la solución “más eficaz, reversible y de menor daño”  / Antonio Hernández

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Manu López

Santiago

El arquitecto responsable de la restauración del Hostal dos Reis Católicos, Fernando Cobos, compareció este martes por primera vez desde que estalló la polémica por la colocación de caños metálicos en las gárgolas de la fachada que da a la Praza do Obradoiro. Cobos ofreció una conferencia sobre el proyecto en la Delegación de Santiago del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) en la que defendió la intervención y aseguró que ya se planteó hace casi 600 años.

En alusión a la longitud de los tubos, uno de los aspectos que ha recibido críticas, Cobos defendió que en patrimonio, «la mejor solución debe ser necesariamente al mismo tiempo la menos mala», y que «llevarle la contraria a un edificio suele salir mal, se puede sacar el agua por otro lado pero tiene un coste, y lo va a pagar el edificio». Por ello, precisó que los caños miden entre 80 y 90 centímetros para salvar el vuelo del balcón y compensar el viento dominante que mete el agua en la fachada. En esta línea, relató que Rodrigo Gil de Hontañón, arquitecto de las catedrales de Segovia y Salamanca, del Colegio de Fonseca y el claustro de la Catedral de Santiago, ya proponía tubos de 84 centímetros en 1561.

Cobos recordó que todas las actuaciones en el edificio se hicieron en base al plan director, un documento iniciado «hace más de cinco años» y basado en un análisis exhaustivo del mismo. De este modo, subrayó que, para solucionar el problema del goteo de agua de las gárgolas sobre la fachada, los técnicos buscaron encauzar ese agua con los caños como «la solución más eficaz y viable posible, la de menor daño y la más reversible». «No hemos roto nada», matizó.

Cobos, que compareció previamente ante los medios de comunicación, remarcó que se estudiaron todas las alternativas, tanto estéticas como estructurales. El arquitecto argumentó que «dañar un monumento solo para que el daño te dé la razón no es ético; los experimentos hay que hacerlos con gaseosa, no con una fachada renacentista». Así, se refirió a algunas posibilidades indicando que «meter el agua dentro del edificio no es una buena idea nunca» o que instalar una bajante por fuera «no tiene menos impacto» que los tubos.

Respuesta a las críticas

Cobos hizo alusión a las peticiones de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia en relación a la búsqueda de una opción más estética, indicando que «lo estudiaremos y encontraremos una solución», que en cualquier caso será a través de una «decisión técnica» que aún no está tomada. El responsable de los trabajos puntualizó que las reuniones con técnicos del departamento autonómico han sido constantes y que la obra se ha ejecutado «con luz y taquígrafos».

En cuanto a las críticas realizadas por entidades de la sociedad civil, apostilló que «no podemos estar contestando a cada ocurrencia», sino que «estamos para explicar con rigor lo que se ha hecho», devolviendo el debate «a donde debió estar siempre, al ámbito técnico». En este sentido, agregó que las críticas «cuando son bien fundadas pueden ser discutidas», mientras que «cuando las críticas no tienen un fundamento serio, no hay ninguna discusión; si usted ve una gárgola sodomizada donde hay un caño que sale de una gárgola, yo no puedo hacer mucho por ello».

Repercusión inesperada

Cobos reconoció que «no esperaba esta repercusión», teniendo en cuenta que «el mundo está lleno de caños metálicos en gárgolas». Además, estimó que «cuando se explique bien», se asumirá que «la solución es con diferencia la mejor». Del mismo modo, sostuvo que recortar y aligerar las gárgolas será «fácil» a partir de 2027, cuando se restaure la cubierta completa, momento en el que los elementos pasarán a ser «prácticamente imperceptibles desde la plaza».

La alerta por el aspecto de los tubos ha llegado hasta el Icomos, el organismo colaborador de la Unesco en cuestiones de patrimonio. Sobre esta cuestión, el director de la obra del Hostal, no quiso entrar en valoraciones y se limitó a apuntar que entre las funciones del Icomos está la de recibir todas las peticiones y «analizar si tienen entidad».

Por su parte, el presidente de la delegación santiaguesa del COAG, Ángel Cid, aseguró que al acto fueron invitadas personas y entidades que se manifestaron tanto a favor como en contra de la intervención en las gárgolas, señalando que algunos de los detractores más significados declinaron asistir.

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Fuente: El Correo Gallego

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