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Guillem Alenyà, director del Instituto de Robótica e Informática Industrial: «La robótica asistencial es una necesidad en Galicia, hay mucha población envejecida»

El envejecimiento de la población y las dificultades de las familias y cuidadores para atender a las personas mayores amenazan con poner al límite los sistemas de atención en los hogares en los próximos años. Ante este escenario, los robots se abren paso como una herramienta capaz de complementar el trabajo de cuidadores, sanitarios y trabajadores sociales. Aunque su implantación aún es incipiente, las investigaciones buscan consolidar una tecnología que promete cambiar la forma de cuidar

Una mujer de 91 años con un robot diseñado para ayudar a las personas mayores en su día a día.

Una mujer de 91 años con un robot diseñado para ayudar a las personas mayores en su día a día. / ECG

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Los robots ya han abandonado las películas de ciencia ficción y las cadenas de montaje, y comienzan a asomarse a hospitales, residencias y hogares. Aunque están un poco lejos de formar parte de la vida cotidiana, la robótica asistencial promete convertirse en una aliada para afrontar uno de los grandes retos de las próximas décadas: garantizar los cuidados en una sociedad cada vez más envejecida.

El investigador catalán Guillem Alenyà, director del Instituto de Robótica e Informática Industrial, dependiente del Consejo Superior de Invetsigaciones Científicas (CSIC) y de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), participó el pasado jueves, junto con otros investigadores, en el ciclo sobre nanotecnología organizado por la Real Academia Galega de Ciencias en Ferrol. En el encuentro, los expertos departieron sobre los beneficios de la robótica asistencial en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y la soledad, especialmente en Galicia.

— Cuando se habla de «robótica asistencial», ¿a qué tipo de robots se refieren?

— Es aquella que ayuda a las personas, con robots que han salido de las fábricas y que están en entornos humanos, como los hospitales, residencias o los hogares. La idea es que dé soporte a las personas, sobre todo a los cuidadores para ofrecer un mejor cuidado, por lo que podemos defender una doble visión. Va desde robots sociales, que de algún modo ayudan a la soledad o a comunicarse, hasta los de ayuda como tal, que te pueden traer algo o recoger cosas del suelo. También entrarían esa clasificación los robots de soporte a la rehabilitación física, como los exoesqueletos.

— Son los que se utilizan más hoy en día...

— Bueno, actualmente hay mucha necesidad, pero no hay robots en el mercado. El comercio de la robótica asistencial es muy incipiente aún, pero en otras áreas, como en la robótica médica, ya vemos dispositivos que ayudan en los quirófanos. Son un producto, y en este caso aún son prototipos, empresas muy emergentes, lo que también es una oportunidad para ser pioneros. Pero eso es un problema, porque el envejecimiento de la gente ya está aquí.

— ¿Hacia dónde apuntan las principales líneas de investigación?

— Hay dos tópicos aquí. Una cosa es lo que técnicamente ya somos capaces de hacer, y otra es la investigación, que es la parte de la tecnología que aún no está desarrollada. En el Instituto de Robótica e Informática Industrial hemos encontrado dos áreas que aún no están desarrolladas: la personalización, que sería la capacidad de esos robots de distinguir humanos y que se adapte a cada uno, que sepa encontrarlo, atender sus necesidades y preferencias, que pueda reconocer a esa persona; y otra sería la explicabilidad. La directiva europea AI Act dice que cualquier inteligencia artificial tiene que poder explicar por qué ha tomado una decisión, pero en robótica eso es más complicado.

«El territorio es muy disperso en Galicia, hay que dar servicio a personas que están muy lejos entre ellas»

Guillem Alenyà

— Director del Instituto de Robótica e Informática Industrial del CSIC de Cataluña

—Es una cuestión legal.

— Sí, no es que no queramos. No sabemos aún cómo tiene que programarse un robot para que sea capaz de dar explicaciones, de poder rendir cuentas de por qué toma ciertas decisiones. Estamos investigándolo.

— Digamos que es el principal desafío ético al que se enfrentan ahora...

— De estos hay muchos, pero cuando pones robots en entornos personales, hay una tercera línea que es la ética. Por eso, hace poco inauguramos el LabORA (Laboratorio Abierto de Robótica Asistencial) y en él hemos publicado un par de guías. Una de ellas es cómo hacer un diseño ético de robots, y también se propuso una metodología para que cuando los investigadores o empresas empiecen a diseñar tengan en cuenta todos los aspectos éticos. En el CSIC trabajamos con sociólogos y filósofos que nos ayudan con esa vertiente.

— ¿Hasta qué punto los robots pueden ayudar en actividades como levantarse de la cama, desplazarse por la casa o, incluso, tomar la medicación?

— Eso es lo que estamos probando ahora mismo. Por ejemplo, el robot puede programar recordatorios, como que debe tomar una pastilla a una hora, pero también hay una parte de ejercicios físicos y cognitivos para la recuperación o rehabilitación. Los médicos, los asistentes sociales o los cuidadores pueden codificar al robot para que haga ciertas tareas. Fisioterapeutas y doctores ven que los usuarios que realizan esos ejercicios no se cansan y se acuerdan de ellos, por lo que la adherencia en robótica asistencial es mayor al tener un robot en casa que te pide hagas esa actividad todos los días. Últimamente, en China se está desarrollando más esta robótica social, que hace de recordatorio, que aquella que te ayuda con la movilidad, que requiere un robot mucho más fuerte.

— ¿Cree que acabarán siendo una necesidad para sostener los cuidados o que seguirán siendo un complemento al trabajo humano?

— Hay una realidad y es que no hay suficientes manos para los cuidados, los asistentes sociales y los cuidadores no dan abasto y la población sigue envejeciendo. Esto será un problema que se incremente y nuestra manera de abordarlo es ofreciendo herramientas a las personas, no sustituirlas, sino ayudar a que puedan optimizar su trabajo. Cuando diseñamos un robot, buscamos hacerlo desde el punto de vista de las personas que dan el cuidado. Médicos, enfermeras, trabajadores sociales y demás participan activamente con nosotros en definir y desarrollar esta nueva tecnología (co-crear) porque ven la necesidad y los beneficios. En otros países les cuesta más encontrar esta buena disposición. A nivel tecnológico, en el Estado español somos líderes en robótica asistencial, pero otros países, como China o Japón, están invirtiendo grandes recursos y corremos el riesgo de quedar atrás si las instituciones no apuestan por esta tecnología.

— Galicia es uno de los territorios más envejecidos de Europa. ¿La convierte eso en un lugar especialmente interesante para desarrollar estas tecnologías?

— Sí, además hay una cuestión muy interesante, no solo por la población envejecida, sino de la distribución del territorio, que en Galicia es muy disperso. Entonces, para dar servicio a personas que están lejos entre ellas, los cuidadores o asistentes sociales tienen que desplazarse muchos kilómetros. Si tuvieran herramientas in situ que pudieran ayudar a mantener esos cuidados, parte del trabajo podría desempeñarlo el robot y, así, dar mejor cobertura y optimizar el tiempo que dedica cada persona en cuestiones con un valor añadido. Galicia tiene mucha población envejecida y, por tanto, es creadora o receptora de esa necesidad.

— En ese sentido, ¿qué necesidades detecta en el rural gallego que no se da en los núcleos urbanos?

— Sobre todo, el acceso. No tanto a la parte clínica, sino más a lo social, el poder acceder a las redes y recursos que se tienen en las ciudades. En realidad, la gran necesidad son los desplazamientos tan largos para cualquier cosa, con el tiempo y desgaste que conllevan. Pudiendo tener esta tecnología distribuida en poblaciones, creo que se podría evitar una serie de desplazamientos que ya no serían necesarios.

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Fuente: El Correo Gallego

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