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Club Faro

Jabois: «Cuando ocurre un suceso, pienso en qué coartada puedo tener»

«La familia me parece el lugar donde poder recurrir a obsesiones y pasiones», manifestó el periodista y escritor en la presentación de su nueva novela, «La víspera»

Guada Guerra y Manuel Jabois ante el público asistente a Club FARO, entre el que se encontraba el alcalde de Vigo, Abel Caballero.

Guada Guerra y Manuel Jabois ante el público asistente a Club FARO, entre el que se encontraba el alcalde de Vigo, Abel Caballero. / Pedro Mina

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Vigo

«Cuando ocurre un suceso, pienso dónde estuve yo, qué coartada puedo tener y que la gente dirá que Manu es inocente en caso de que me culpen». Manuel Jabois explicó ayer en Club FARO que en su nueva novela, «La víspera» (Alfaguara), aparecen dos claves autobiográficas: su relación con la culpa – explicó también que al salir de unos grandes almacenes se queda un rato parado fuera, cerca de la puerta, para no levantar sospechas ante el vigilante de seguridad, al que suele echar miradas – y con la dopamina. Respecto a esta última realizó una reflexión sobre las complicaciones para captar la atención en la sociedad digital y la necesidad de la gente de sustituir emociones potentes a través de la búsqueda de likes en redes sociales.

Presentado y entrevistado por la periodista Guada Guerra, Jabois fue hablando de diferentes aspectos presentes en su nueva novela, la cual narra 24 horas en la vida de una familia un 30 de diciembre en un pueblo gallego cuya madre, Amalia, realiza los preparativos para su 65 cumpleaños, que será el día siguiente, su hijo mayor viene de Madrid para el encuentro, el menor se pierde en Vigo, entre las luces navideñas – «tanta luz no puede ser buena porque ilumina cosas que quizás no deberían verse», reflexiona el personaje–, el padre solo se preocupa de hablar del tiempo y siempre permanece sentado y en el pueblo desaparecen dos niños que participan en una carrera popular.

La familia como territorio literario

«La familia me parece el lugar en que poder recurrir a obsesiones, pasiones; yo entiendo las cosas irracionalmente y eso pasa con la familia» , comentó Jabois, quien defendió la familia como uno de los grandes territorios literarios porque en ella conviven el amor, la obligación, la sangre, los silencios y las preguntas incómodas. Plantea en su novela las preguntas hasta dónde puede llegar alguien por su familia y qué precio tiene mantenerse unido. «Me gustan las obras que no me dan respuestas, que plantean preguntas» , afirmó. El final de la novela, que calificó como «feliz y monstruoso» no tiene que agradar a todo el mundo, sino dejar una reflexión, según señaló. «Está sobrevalorado que haya que entender las cosas, también los finales» , añadió.

Manuel Jabois ante el público asistente a Club FARO

Manuel Jabois ante el público asistente a Club FARO / Pedro Mina

Los personajes

Respecto a sus personajes, habló de las dos voces que narran la historia intercalándose: Amalia, una mujer perteneciente a una generación de madres cuyas preocupaciones diarias son hacer que al resto de la familia no le falte de nada. Aunque todos perciben que hay algo en su cabeza que no funciona bien, esta protagonista ansía ser admirada, no solo querida, y que alguien se ponga en su piel por un día. Su hijo mayor, Chami Palmeira, un exfutbolista de éxito de 48 años, aún famoso porque la suele liar, «un juguete que se está rompiendo a trompicones» , instalado en una decadencia llena de excesos, dopamina, redes sociales y necesidad de atención. Frente a él, la figura de Mon, el otro hijo, permite al autor explorar la culpa y la huida.

El caso Asunta como inspiración

En un momento del relato, toma la voz el padre de los niños desaparecidos, quien ultramedicado, se quiere ligar a una reportera mientras desconoce el paradero de sus hijos. Esta situación la tomó Jabois de una entrevista que hizo a la mejor amiga de Rosario Porto, la madre de Asunta Basterra, quien le relató que en el velatorio de su hija comentó lo atractivo que le parecía un guardia civil que poco tiempo después la llevó detenida. «No acudo a notas para escribir y mi cultura literaria es por ser lector, en mis novelas aparecen ese tipo de cosas que aprendí de estar en la calle. Son las neuronas buscándose» , manifestó. Jabois ofrece una mirada crítica, aunque humorística, sobre el tratamiento mediático de determinados casos de sucesos.

«En la primera frase está la novela»

«Quebró las patas del conejo con las manos y los chasquidos la hicieron retroceder al día en que apretó un gatillo dos veces, muerta de risa, creyendo que la pistola era de juguete» . Así arranca la novela de Jabois, quien aseguró, aludiendo a un comentario sobre la calidad literaria de Javier Marías que «en la primera frase está la novela, lo ha estado en las últimas cuatro que he editado con Alfaguara» .

Jabois aludió a dos imágenes con las que arranca su novela: la primera, la protagonista eviscerando un conejo y tratando de que la pantalla del móvil donde consulta un tutorial no se le funda a negro, algo que evita tocando la pantalla con sus dedos índices y pulgar ensangrentados (es una imagen similar a la que el autor guarda en su memoria de la película «La escopeta nacional» de Luis García Berlanga), y la segunda es Chami usando sus dedos índice y pulgar para intentar alargar su pene, sentado en el váter de un avión de Madrid a Vigo. Sobre la ciudad olívica, el autor recordó que se refugiaba en la iglesia Santiago de Vigo con 18 años, cuando estaba matriculado en unos estudios a los que no acudía, y su primer libro de poemas, publicado a los 16 años, entre el que se encontraba uno titulado «Satidrul» , el nombre al revés de su novia Lurditas.

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