Opinión
Elige un trabajo que te guste y seguirá habiendo lunes

Varias trabajadoras, en un espacio laboral compartido. / Alba Villar
Soy un fiel defensor de la vocación. Pienso que, como seres sociales, debemos aportar algo a la comunidad, y que cada uno tiene un papel que cumplir para que la máquina esté bien engrasada y todo funcione en equilibrio. Encontrar aquello para lo que «estás hecho» puede sonar fantasioso, incluso ingenuo, y quizá lo sea; pero quienes lo hemos perseguido –y alcanzado– sabemos que es un punto de partida real, por utópico que parezca. Aun así, los lunes siguen estando ahí.
No cabe duda de que llegar a la cima de eso que consideras tu propósito, tu sitio en el mundo, va a ser complicado, y ahí surge mi gran pequeño apunte: si no aprendes a sufrir, ni vas a llegar, ni vas a entender que no todo va a ser grato. Me parece especialmente necesario interiorizarlo, porque todos, alguna vez, hemos pensado con ingenuidad que podríamos librarnos de los sacrificios. Y eso, ni es realista, ni resulta deseable.
No es deseable porque, para disfrutar de la comida, hace falta tener hambre. Que un oficio no tenga algunos momentos incómodos hace que los llevaderos se normalicen, y el ser humano es muy dado a dejar de valorar lo que ya da por seguro.
Ojo, habrá quien no crea en la vocación, quien sostenga que no existe ese oficio capaz de encajar con tus deseos, necesidades y habilidades. Todas las opiniones merecen ser escuchadas, pero mi experiencia ayudando a personas a tomar buenas decisiones me dice que eso es muy improbable; lo difícil es acumular el rodaje suficiente para escuchar a tu corazón y dar con ese lugar donde pueda sentirse acomodado. A veces, quienes no creen en la vocación son personas que no han luchado por ella o que no han sabido prestar atención a su intuición en momentos clave de la vida.
Así que elige bien, sufre con cabeza y abraza tus lunes: son la prueba de que has encontrado algo que merece la pena. No dejes que la falta de visión de otros apague tu sueño.
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