Club FARO
Luis Zueco: «Goya con su arte le decía al pueblo que despertase»
El autor de novela histórica presentó en Club FARO su libro «El Juicio. La Inquisición contra Goya», inspirado en la persecución del decadente tribunal contra «Los Caprichos»

Luis Zueco, a la izquierda, y Óscar González, en Club FARO / Pablo Hernández Gamarra
Madrid, 1799. Francisco de Goya y Lucientes, pintor de cámara del rey, publica un libro con ochenta enigmáticas imágenes titulado «Los Caprichos», una afilada crítica de la sociedad de la época que enciende la luz roja de la Santa Inquisición, una institución en declive pero aún con el poder suficiente para hundir una carrera a un artista. Este episodio inspira la novela «El Juicio», la última obra de Luis Zueco, que el autor presentó ayer en Club FARO, en una charla coloquio en la que respondió a las preguntas de su presentador, el periodista Óscar González, apoyándose en una proyección de una docena de cuadros del genio de la Quinta del Sordo.
Zueco comentó que llevaba años preparando una novela sobre Goya , «uno de los grandes genios de la historia del arte universal». Frente a la imagen más conocida del artista anciano, sordo y exiliado en Burdeos, el autor optó por retratar al «mejor Goya», el de 1799, con 53 años, pintor de cámara y en plena madurez artística. La novela arranca con la publicación de «Los caprichos», una obra que Goya costeó de su bolsillo y anunció incluso en el Diario de Madrid. Sin embargo, apenas estuvo a la venta unos días. «Lo pone a la venta el 6 de febrero de 1799 en una tienda de perfumes y licores, el 19 lo retira y nunca más se volverán a vender en época de Goya», recordó el escritor, que sitúa ahí el misterio narrativo.
Zueco defendió que «Los caprichos» fueron mucho más que una serie de 80 estampas a las que el pintor solo puso un título ambiguo para protegerse de la persecución y dar paso a la interpretación del espectador. Los definió como «una denuncia de todos los abusos y los males de la sociedad española a finales del siglo XVIII», con especial atención a la ignorancia, que para los ilustrados -Goya lo era– constituía «el gran mal de la sociedad”. Según el autor, el mensaje de : «Un pueblo ignorante va a ser fácilmente manipulado» y «Goya con su arte le decía al pueblo que despertase», tal y como se desprende de la leyenda de la última estampa. «Ya es hora».
La novela también reconstruye un momento político delicado, con la Inquisición aún presente, aunque en decadencia, y el cambio del Antiguo Régimen a la Edad Contemporánea. «En esa época el arte era política, era poder y también posición social», afirmó Zueco, que explicó cómo Goya «podía retratar a la familia real durante el día y, al atardecer, denunciar la miseria, la superstición y los abusos sociales». Esa doble mirada es clave en la novela: el artista que pinta para la corte, pero observa la calle; el creador reconocido por el poder, pero incómodo para ese mismo poder.

Luis Zueco. / Pablo Hernández Gamarra
Podía retratar a la familia real durante el día y por la noche denunciar la miseria y los abusos sociales
El autor destacó además la modernidad de Goya, al que considera «el primer artista moderno», pues rompió con la idea de que el arte debía limitarse a ser bello: «El arte no tiene por qué ser bonito, puede serlo, no tiene por qué serlo. El arte lo que tiene que tener es un mensaje».
Apoyándose en obras de Goya, Zueco fue introduciendo aspectos presentes en su novela. Es el caso de «La maja desnuda», encargada al pintor aragonés para su gabinetes privado por Godoy, el político con mayor poder del momento, en una época en que el desnudo femenino estaba prohibido, o «La familia de Carlos IV», donde hizo una llamada de atención sobre una mujer que sale de espaldas y otra que mira de perfil, entre otras.
La novela combina personajes históricos con figuras de ficción, como Angélica Díaz y su padre, llegados a España desde México, concebidos para aportar una mirada externa al mundo europeo y cortesano.
«Su obra sigue viva y aún genera noticias»
«La obra de Goya sigue viva, existe una enorme admiración por él fuera de España y aún genera noticias», manifestó Luis Zueco, quien introdujo además un ingrediente de misterio al comentar que cuando abrieron su tumba en Burdeos para traer sus restos a España descubrieron que al cadáver le faltaba la cabeza. Mencionó también que otras de sus dos series más famosas, «Los Desastres de la Guerra» y «Los Disparates» no vieron la luz hasta cuatro décadas después de su publicación. «La maravilla es que se conservan las planchas en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando», manifestó Zueco, quien también comentó que el Museo Provincial de Pontevedra posee una de las tres primeras ediciones que se conservan de «Los Caprichos», que perteneció a Castelao y que contiene anotaciones de la interpretación de su primer propietario.
Otro de sus cuadros, el «Retrato de la Marquesa de Santa Cruz», guarda una historia novelesca. Franco intenta regalarlo a Hitler para mejorar su relación con él ( la mujer lleva una especie de esvástica) y la expropia a sus propietarios, regalándole tres copias como compensación. La obra es devuelta a la familia y en los 80 la venden al extranjero, recuperándose para el Museo del Prado en abril de 1986.
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