Salud auditiva
Oír pero no entender: la pérdida auditiva tras el ruido ambiental y el abuso de los auriculares
Casi la mitad de los gallegos reconoce tener dificultades para seguir una conversación en ambientes ruidosos, aunque solo el siete por ciento cuenta con un diagnóstico. «El daño se acumula, aunque no se note y es irreversible», advierte el médico especialista en otorrinolaringología Manuel Estévez

Coches y autobuses, circulando por una de las calles de Madrid. / Efe
El ruido se ha convertido en una constante de la vida cotidiana en las ciudades. El tráfico, las obras y la música alta en los espacios de ocio forman parte del paisaje sonoro diario. Esto no solo puede resultar molesto, sino que la exposición continua a la contaminación acústica puede afectar a la salud auditiva y dificultar la comunicación, pudiendo incluso provocar el aislamiento de la persona. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el ruido como un sonido desagradable y potencialmente peligroso para la audición, y advierte del impacto en la salud de la exposición continuada.
Los expertos advierten de que cada vez más personas aseguran escuchar bien, pero tienen dificultades para seguir conversaciones en entornos donde se superponen varias voces. Detrás de esa sensación de «oír pero no entender» suele esconderse una pérdida auditiva en frecuencias agudas que pasa inadvertida en ambientes silenciosos, según el doctor Manuel Estévez, especialista en otorrinolaringología del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.
«Tener cierta dificultad para entender en ambientes muy ruidosos es normal. Sin embargo, cuando en el mismo contexto, unas personas comprenden de qué se está hablando y otras no, puede existir una pérdida auditiva. La mayoría de estas pérdidas afectan especialmente a frecuencias como 2000, 3000 y 4000 hercios, que son fundamentales para distinguir las consonantes. En una conversación cara a cara y sin ruido de fondo, muchas personas no perciben ningún problema. Sin embargo, cuando el entorno se complica acústicamente, por ejemplo, en una conversación con cuatro o cinco interlocutores hablando a la vez, la inteligibilidad se reduce de forma notable», explica este médico especialista, miembro de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y de la Sociedad Gallega de Otorrinolaringología (SGO).
Un estudio realizado por IPSOS para Nuance Audio pone cifras a este problema: más del 48% de los gallegos reconoce tener dificultades para oír en entornos ruidosos, un 23% cuando mantiene conversaciones con varias personas, un 13% frente al televisor o al escuchar música y un 12% al hablar por teléfono. Sin embargo, solo el 7% cuenta con un diagnóstico médico.
Por género, los hombres suelen experimentar más dificultades auditivas que las mujeres en prácticamente todas las situaciones evaluadas. En entornos ruidosos, un 49% de los varones afirma tener problemas para oír, frente al 42% de las mujeres. Esta tendencia se repite en conversaciones con varias personas (28% frente a un 24%) y en actividades como ver la televisión o escuchar música (14% frente a un 12%), mientras que, en el caso de las llamadas telefónicas, ambos registran el mismo porcentaje (12%).
«En una conversación cara a cara y sin ruido, muchas personas no perciben ningún problema, pero sí en ambientes ruidosos o con mala acústica»
«Tradicionalmente, los hombres han estado más expuestos al ruido industrial: astilleros, fábricas, martillos neumáticos o canteras. Hace décadas, además, apenas existían medidas de protección. Hoy vemos pacientes de 50 o 60 años con pérdidas auditivas importantes por haber trabajado durante años sin protección acústica», señala.
Al ruido ambiental, se suma el uso masivo de auriculares y reproductores personales desde edades cada vez más tempranas. Los especialistas recomiendan no superar los 85 decibelios y seguir la «regla del 60/60»: utilizar los dispositivos a un máximo del 60% del volumen durante no más de 60 minutos seguidos.
«Muchos teléfonos móviles y relojes inteligentes ya incorporan sistemas de alerta que avisan cuando el usuario acumula demasiadas horas de escucha a niveles elevados o cuando el entorno supera los 80 decibelios», puntualiza este médico.
La intensidad del sonido y el tiempo de exposición son los dos principales factores que influyen en el daño auditivo. «Por encima de los 85 decibelios existe un riesgo real de lesión en las células ciliadas de la cóclea, responsables de transformar el sonido en señales nerviosas», detalla.
Un daño sigiloso
Uno de los principales problemas es que la pérdida auditiva por ruido suele ser progresiva y pasar desapercibida. «Si escuchas de cerca la explosión de un petardo y sientes un zumbido, enseguida entiendes que puedes haber sufrido un daño, pero mucha gente sale de un concierto con un pequeño zumbido que desaparece a las horas y piensa que no ha pasado nada. Pero el daño se va acumulando con los años», explica.
Además, ese deterioro, denominado pérdida auditiva neurosensorial, es irreversible y puede aparecer tras años de exposición continuada a ambientes sonoros intensos. El especialista vigués señala que las primeras señales suelen ser la fatiga auditiva —oír peor temporalmente tras un ruido intenso— y los acúfenos o tinnitus, los conocidos pitidos en el oído.
Para evitar la pérdida auditiva, el médico recomienda utilizar protección acústica en entornos ruidosos. «Actualmente existen tapones y filtros acústicos que reducen los decibelios sin impedir mantener una conversación normal», propone.
Según el especialista, la exposición continua al ruido también está favoreciendo otros trastornos auditivos, como la hiperacusia —hipersensibilidad extrema a sonidos cotidianos— y la misofonía —una reacción emocional intensa frente a determinados ruidos repetitivos—.
La contaminación acústica no afecta a todas por personas de igual forma. Existe una importante susceptibilidad individual al ruido. «Dos personas expuestas exactamente al mismo ruido pueden desarrollar consecuencias completamente distintas», explica el doctor Estévez.
Curiosamente, quienes tienen pérdida auditiva suelen percibir el ruido como más molesto. «Esto ocurre porque el reflejo estapedial, un mecanismo natural de protección del oído frente a sonidos intensos, no funciona correctamente», concreta.
El especialista pone especial énfasis en las salas de spinning, donde se practica ejercicio con música de fondo. «Estos espacios son muy agresivos desde el punto de vista auditivo: espacios pequeños, reverberación y música a volúmenes excesivos. Mucha gente no es consciente del daño porque no nota un efecto inmediato, pero la exposición acumulativa puede provocar problemas serios en pocos años», alerta.
Aunque las dificultades auditivas afectan a millones de personas, el estudio de IPSOS revela que el 54% de los gallegos percibe algún grado de estigma hacia las personas con problemas de audición. El rechazo social y el infradiagnóstico explican, en parte, por qué solo el 7% de los gallegos con problemas de audición utiliza soluciones como los audífonos.
«Los audífonos todavía se asocian a vejez o discapacidad, y mucha gente cree que solo son necesarios cuando la sordera es muy severa. Otra barrera es la económica, ya que no todo el mundo puede costeárselos. Sin embargo, esperar demasiado dificulta mucho su adaptación posterior. Además son caros», comenta.
El doctor Estévez recomienda no esperar a que la pérdida auditiva sea severa para buscar ayuda, ya que la evidencia científica apunta a una relación cada vez más clara entre pérdida auditiva, aislamiento social y un mayor deterioro cognitivo y riesgo de desarrollar demencias como el alzhéimer.
El otorrino aconseja comenzar con revisiones auditivas periódicas a partir de los 50 o 55 años, especialmente en personas expuestas a ambientes ruidosos o que ya notan dificultades para seguir conversaciones en determinadas situaciones.
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