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Entrevista | Pedro Crenes Castro Escritor

«La memoria es frágil y subjetiva, pero la literatura la fija»

El escritor panameño afincado en Vigo publica su primera novela en España, Crónicas del solar, ganadora del Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá 2019, una historia que reconstruye la memoria íntima de una familia, un barrio y de su país natal

Pedro Crenes, escritor panameño afincado en Vigo, en el estudio de su casa.

Pedro Crenes, escritor panameño afincado en Vigo, en el estudio de su casa. / Alba Villar

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Vigo

Pedro Crenes Castro (Panamá, 1972) es una de las voces más reconocidas de la literatura panameña contemporánea. Residente en España desde hace 36 años —ocho de ellos en Vigo—, ha obtenido en tres ocasiones el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró de Panamá—2017, 2019 y 2024—, el máximo galardón que concede el Ministerio de Cultura panameño, y su nombre está incluido en una veintena de antologías publicadas entre América y Europa. En 2019 obtuvo este prestigioso galardón con Crónicas del solar, novela editada ahora en España por ALT Autores y que presentará mañana jueves, día 21, a las 19.30 horas, en la biblioteca de la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo (EMAO). En el acto, el escritor, articulista y crítico literario estará acompañado por la escritora Marta Currás, con quien conversará sobre literatura, memoria personal y el poder de la ficción para reconstruir el pasado, así como por su editora, Beatriz Celaya. Crónicas del solar reconstruye la memoria íntima de un barrio de la ciudad de Panamá de los años ochenta, una familia y todo un país a través de su protagonista, Jorge Castro, un escritor que recuerda desde el solar de su infancia las circunstancias que marcaron su vida.

—Atesora tres premios Ricardo Miró, el máximo galardón literario de su país. Sin embargo, Crónicas del solar, novela con la que lo obtuvo en 2019, es la primera que publica en España. ¿Por qué?

—Es cierto que esta es la primera novela que publico en España, aunque anteriormente, en 2014, publiqué el libro de microrrelatos Microndo. Esa fue mi primera publicación aquí. Creo que influyen muchas cosas: los derechos, que hay que vender la tirada que hace el Ministerio de Cultura de Panamá y también la dificultad de encontrar editoriales que apuesten por historias latinoamericanas, especialmente de países pequeños y poco visibles como es Panamá. Por suerte, finalmente ALT Autores apostó por esta novela y aquí estamos.

—¿En qué momento nace Crónicas de Solar? ¿Cuál fue la primera imagen o recuerdo que inspiró su escritura?

—La idea surgió alrededor de 2002, por un premio literario. Pensé en escribir una novela sobre deportes y lo asocié inmediatamente a mi barrio, porque allí los deportes se jugaban según la moda del momento: el mundial de fútbol, las Olimpiadas… Eso es lo que se ve en la novela. La historia nace de esa convocatoria y de los recuerdos de la infancia en el barrio, una infancia que va transcurriendo temporada tras temporada, mientras crece el personaje principal, Jorge Castro. A través del deporte y la literatura vemos cómo evoluciona el personaje y también la vida del barrio.

— ¿Cuánto hay de Pedro Crenes en el protagonista?

—Hay muchas cosas de mí, pero no soy yo. Me gusta decir que construí una vida que me habría gustado tener. De pequeño, mi madre y mi abuela no me dejaban bajar al barrio, así que veía la vida pasar desde fuera. Hay detalles biográficos y quienes me conocen pueden reconocerme en algunas escenas, pero en un momento de la novela Jorge Castro se encuentra con Pedrito, que soy yo. Lo hice precisamente para marcar esa diferencia.

—¿Por qué no le dejaban bajar al barrio?

—Porque era pequeño y me cuidaban mucho. Ya a los catorce o quince años sí podía salir más, que es justo la época en la que transcurre la novela.

—¿Dónde transcurre exactamente?

— En Ciudad de Panamá, en el barrio de Calidonia, en la calle S. De hecho, en la novela la escribo siempre en mayúsculas, como si fuera un personaje más.

Vigo. Pedro Crenes, escritor panameño afincado en Vigo que presenta su novela "Crónicas del solar", premio nacional de literatura Ricardo Miró de Panamá

El escritor panamaño, trabajando en su nueva novela. / Alba Villar

—¿Cómo fueron los años 80 en su barrio? ¿Muy distintos de los de España?

—No tanto. Cambiaban algunas cosas, pero la música era la misma y también esa sensación de libertad que se respiraba en todas partes. Las series de televisión eran parecidas y los barrios se parecían mucho entre sí. Siempre estaban los mismos personajes: los guapos, los feos, los deportistas, los que trapicheaban, los que iban por el buen camino y los que no. Pero todos éramos una gran familia. Eso ocurría mucho en los barrios de aquella época y creo que hoy se ha perdido un poco. Incluso los personajes más duros del barrio protegían a los suyos. Nunca robaban a la gente de allí. Había un sentido de pertenencia muy fuerte. Estoy convencido de que el lector se identificará con esta historia y podrá hacer el correlato de su propio barrio, aunque ocurra en Panamá y tenga referencias culturales distintas, porque las emociones y la vida de barrio son universales.

—¿La literatura puede ajustar cuentas con el pasado como plantea la novela?

—Sí, puede hacerlo, sobre todo cuando uno recuerda sin romantizar ni dejarse arrastrar por la nostalgia. A veces nos cuestionamos qué habría pasado si hubiéramos tomado otras decisiones. La literatura permite explorar esas posibilidades y darle una segunda oportunidad al pasado. Yo creo que las cuentas del alma, como canta Rubén Blades, pueden saldarse a través de la literatura. Y esta novela trabaja precisamente con eso, con esa metaliteratura en la que vamos viendo la historia que escribe el propio protagonista. Es una forma de darle una segunda oportunidad al pasado: volver ahí, arreglarlo un poco y saldar esas cuentas que hemos dejado pendientes, para mirarlo de otra manera, quizá como nos hubiese gustado que fuera. Eso conecta también con lo que comentaba antes: he escrito una historia que a mí me hubiese gustado protagonizar. Y fíjate qué barato: ni siquiera me voy a Nueva York o a París; me quedo en el barrio, pero siendo otro, no Jorge Castro. Al final, la magia de la literatura es que puede saldar esas deudas con el pasado.

«Hemos perdido esa sensación de familia que tenían los barrios»

—La novela habla también de la infancia y la adultez. ¿Qué se pierde y qué se gana al crecer?

—Se pierde inocencia y se gana madurez. También se gana memoria, que es muy importante. Creo que los adultos perdemos capacidad de asombro e ingenio. Los niños podían inventar cualquier cosa con un palo o cualquier objeto. También perdemos facilidad para hacer amistades. Cuando uno deja el barrio y vuelve años después, descubre que ya no queda nada de aquello. Esa nostalgia existe, pero tampoco conviene romantizar el pasado. Los años 80 no fueron una época perfecta. Hubo incertidumbre y dificultades. A veces recordamos solo la música o los iconos populares y olvidamos todo lo demás.

—¿La escritura sirve más para recordar o para reinterpretar el pasado?

—Para reinterpretarlo. La memoria es frágil y subjetiva. Uno siempre escoge qué recordar y cómo contarlo. La literatura fija esa memoria. La ponemos por escrito y, desde ese momento, queda ahí, aunque sepamos que el recuerdo nunca es completamente fiel.

—¿Qué momento vive ahora la literatura panameña?

—Panamá está viviendo un gran momento literario. Hay muy buenos escritores, poetas, cuentistas y ensayistas. Esta semana, por ejemplo, se celebra en Ciudad de Panamá el Festival Centroamérica Cuenta, fundado por Sergio Ramírez, candidato a ocupar la silla "L" de la Real Academia Española (RAE), vacante desde el fallecimiento de Mario Vargas Llosa. Es una oportunidad importante para visibilizar la literatura centroamericana. También creo que es el momento de prestar atención a escritores panameños que viven en Europa y que publican aquí. Panamá tiene además una historia muy particular con Estados Unidos, y eso también aparece en nuestra literatura.

—¿Cómo vive, como panameño, la relación del Gobierno de Trump con Latinoamérica?

—Trump ha hecho saltar por los aires la política del buen vecino. Panamá conoce muy bien las intervenciones de Estados Unidos: en 1964, en 1989… Son heridas que siguen presentes. Ahora vuelven discursos muy agresivos sobre el canal de Panamá y sobre la influencia china. Todo eso forma parte también de una historia de intervenciones y presión política. La literatura sirve para contar lo que realmente ocurrió y para comprender cómo se vivieron esos procesos.

«Trump ha roto otra vez la política del buen vecino»

—Reside en España desde 1990. ¿Cómo influye en su escritura vivir en España?

—Vivo en una especie de bilingüismo cultural. Llegué a España en 1990, cuando mi padre regresó desde Panamá. Con los años descubres que nunca dejas atrás tu país de origen. Mi infancia ocurrió en Panamá y eso marca inevitablemente mi literatura. Al mismo tiempo, después de tantos años aquí, también puedo escribir historias ambientadas en España y con mirada española, aunque siempre aparece una perspectiva exterior. Además, me fascina el intercambio de palabras y culturas. En Panamá usamos expresiones que aquí, especialmente en Galicia, también existen.

—¿En qué está trabajando ahora?

—Estoy terminando un libro de cuentos y trabajando en una nueva novela. Además, el libro de cuentos Cómo ser Charles Atlas, con el que gané el Ricardo Miró en 2017, aparecerá próximamente en España y también queremos reeditar Microndo.

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