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Medidas de los ayuntamientos

Así luchan las ciudades españolas ante la proliferación de palomas: desde rejillas y pinchos a halcones para ahuyentarlas

El Ayuntamiento de Salamanca es el último en elaborar un plan para evitar que aniden y dañen su emblemática Plaza Mayor

El cetrero David Gil mantiene a raya a las palomas en la reformada Puerta de Alcalá con un halcón y dos águilas

El cetrero David Gil mantiene a raya a las palomas en la reformada Puerta de Alcalá con un halcón y dos águilas / AYUNTAMIENTO DE MADRID

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La proliferación de palomas se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para los ayuntamientos de las principales ciudades españolas, sobre todo por su afección al patrimonio histórico. Las aves que encontramos en las ciudades suelen ser de la especie "paloma bravía" (Columba livia) y están perfectamente adaptadas a vivir en un entorno urbano, ya que son capaces de encontrar fácilmente el agua y el alimento que necesitan para sobrevivir, así como los lugares que les pueden servir de refugio donde anidar, reproducirse y protegerse de las condiciones climatológicas desfavorables.

Así, han convertido respiraderos, balcones y relieves ornamentales de los centros históricos en su refugio. Sus excrementos se acumulan sobre todo tipo de elementos, dejando un reguero de suciedad a su paso. Es por ello que los ayuntamientos realizan planes específicos para proteger el mobiliario y para reducir su población, como el de Alzira (Valencia), que ha reducido la población a la mitad (de 2.000 a mil) usando jaulas en lugares estratégicos y poniendo multas de hasta 350 euros a quien las alimente.

Barcelona tiene entre 1.300 y 1.700 palomas por kilómetro cuadrado, lejos de la ratio aconsejable de 300 a 400 por cada 100 hectáreas

El último consistorio en establecer un plan para evitar los daños de este ave a los elementos históricos de su emblemática Plaza Mayor es el de Salamanca. Un plan en elaboración que, según La Gaceta de Salamanca, incluye rellenos entre las vigas que atraviesan el techo de los soportales, la instalación de cables antipalomas, pinchos o mallas antiaves como han hecho otras ciudades españolas.

Una mujer alimenta palomas en una calle del Raval, en Barcelona.

Una mujer alimenta palomas en una calle del Raval, en Barcelona. / EUROPA PRESS

Barcelona es otra de las ciudades que padece este problema. El ayuntamiento estima que se cuentan entre 1.300 y 1.700 palomas por kilómetro cuadrado en la ciudad, lejos de la ratio aconsejable de 300 a 400 pájaros de esa especie por cada 100 hectáreas. Según identificó en su día el consistorio, había al menos 236 personas que cebaban a los pájaros con comida. Entre otras medidas, el ayuntamiento ha usado halcones y águilas para espantar a las palomas que habían colonizado viviendas del entorno del Camp Nou o administrar pienso esterilizante a las aves para reducir su población.

Además de Barcelona, Valencia y Sevilla, en Madrid también se usa la cetrería para a ahuyentar las palomas. La última experiencia ha sido en la renovada Puerta de Alcalá, donde se están usando un halcón y dos águilas Harris.

Alteraciones estéticas por las palomas

Tras analizar las patologías de la Puerta de Alcalá, se detectó que su afección biológica más acusada era la ocasionada por la colonización de aves, principalmente palomas, en forma de depósitos orgánicos generados por la acumulación de plumas, nidos y deyecciones por toda la superficie, incluso anidación en lugares resguardados del viento, temperatura y lluvia.

Todos estos restos generan alteraciones estéticas y daños químicos como la formación de fosfatos, acidificación y corrosión del soporte pétreo, ya que las deyecciones contienen amoniaco, ácido úrico, fosfórico, oxálico y sales, elementos muy agresivos con la piedra. Los excrementos se convierten también en sustrato y fuente de nutrientes para otros organismos como bacterias y hongos, lugar de crecimiento de líquenes y musgos, así como insectos y microorganismos o incluso el crecimiento de raíces.

Tras analizar las patologías de la Puerta de Alcalá, se detectó que su afección biológica más acusada era la ocasionada por la colonización de aves, principalmente palomas, en forma de depósitos orgánicos generados por la acumulación de plumas, nidos y deyecciones por toda la superficie, incluso anidación en lugares resguardados del viento, temperatura y lluvia.

Así las cosas, desde la Dirección General de Patrimonio Cultural se valoraron diferentes sistemas de disuasión para estas aves, y se optó por realizar vuelos ahuyentadores con halcones adiestrados para este tipo de palomas que habitan en el entorno del monumento.

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