Club FARO
Fernando Rueda: «La gente tiene derecho a saber qué pasa en las alcantarillas»
«Nos espían», sentenció el periodista durante la presentación en Vigo de su última novela, «No me llames traidor», inspirada en la historia de un agente secreto condenado por traición

Desde la izquierda, Fernando Rueda y Víctor Blanco, ayer, en el salón de actos del MARCO de Vigo. / José Lores
«¿Por qué traicionarías a tu país? ¿Y por qué tu país te traicionaría a ti?». Estas dos preguntas las lanzó el periodista de investigación Fernando Rueda, máximo especialista en asuntos de espionaje del país, al público que asistió ayer al acto de Club FARO, donde presentó su última novela, «No me llames traidor» (HarperCollins).
Basado en hechos reales, «No me llames traidor» es un thriller que plantea una inquietante cuestión: qué es realmente la traición a través de un relato que presenta tres versiones de una misma historia: la de Beto Romero, un agente del servicio secreto español acusado de vender información confidencial a Rusia; la del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), que lo señala como agente doble; y la de un periodista, empeñado en sacar a la luz la verdad. ¿Qué tienen en común? La red de espionaje que se entreteje y el juego de lealtades, traiciones y dudas.
Sobre quién miente y quién dice la verdad, Rueda adelantó que todos «dicen mentirijillas y manipulan la realidad». Sin embargo, tampoco es su intención conducir al lector. Ni siquiera da su opinión sobre la culpabilidad o inocencia del agente, que sigue negando los hechos por los que fue acusado y condenado e 2010.
«Reconozco que en esta novela tenía el final complicado, pero quería que fuese una historia cerrada y que fuese el lector quien sacara sus propias conclusiones», argumentó durante la conversación que mantuvo con Víctor Blanco, periodista de Onda Cero.
Rueda reconoció que un agente doble es una de las amenazas más graves a las que puede enfrentarse un país. «Un topo es lo peor que puede pasar en el mundo del espionaje porque es una persona que tiene acceso a documentación de todo tipo; puede destruir al país. Y es difícil desenmascararlo porque estamos hablando de las personas que mejor mienten y que mejor saben esconderse», añadió.
A pesar de su amplia experiencia, el periodista y escritor reconoció que el mundo del espionaje nunca deja de sorprenderle. «El primero que se sorprende cuando investigo sobre espías soy yo», confesó.
Rueda explicó que él no escribe sobre los servicios de espionaje por una cuestión de curiosidad personal. «La opinión pública tiene derecho a saber qué pasa en las alcantarillas y la labor del periodista es contárselo», apuntó.

Fernando Rueda, en un momento de la charla. / José Lores
¿Pudo haber participado el servicio secreto español en la captura de Maduro? No me extrañaría
Sobre si los servicios secretos nos espían, fue tajante: «Nos espían». Según relató, lo descubrió al comprobar que el CNI conocía una operación que aparecía en el borrador de uno de sus libros, aunque finalmente decidió eliminarla. A su juicio, alguien accedió a su ordenador y consultó el contenido del manuscrito.
Para Rueda, una de las trabas para investigar en España es la falta de desclasificación de documentos. Aun así, reconoció que en Israel le hubiera sido prácticamente imposible escribir sobre el Mosad. «Allí te detienen directamente. Los periodistas israelíes, cuando quieren publicar algo sobre el Gobierno, lo filtran a colegas de otros países y luego lo reproducen citando a ese medio», afirmó.
En su opinión, el israelí tampoco es el mejor servicio secreto del mundo. Tampoco la CIA. «Los servicios secretos son buenos por las conexiones que tienen entre ellos. ¿Cómo consiguió Trump matar a Jomenei y apresar a Maduro. Estas operaciones son el resultado de un trabajo de espionaje de años y no solo de agentes de la CIA, sino de otros países que también están en el terreno. ¿Pudieron participar los servicios secretos españoles en la captura de Maduro? No me extrañaría», argumentó.
«No le caigo bien a los servicios secretos»
«No me llames traidor» está inspirado en la historia de Roberto Flórez García, exagente secreto juzgado y condenado por un delito de traición tras vender información confidencial a los servicios de inteligencia rusos. Veinte años después de cubrir el caso como periodista, Fernando Rueda lo recupera en forma de ficción, impulsado por la persistente negativa de Flórez a admitir los hechos. «Me preguntaba por qué seguía negándolo si había sido condenado. Cuando empecé a barajar el proyecto intenté contactar con él, pero no recibí respuesta», explicó.
Ante este silencio, construyó la historia a través de la documentación y hablando con personas que lo conocieron, tanto amigos como enemigos.
Aunque reconoce que no recibe presiones para publicar sus libros, admite que su relación con los servicios secretos no es buena. «No les caigo bien y el CNI ha decidido pasar de mí», afirmó el autor de «La Casa» (1993), en el que desvelaba el funcionamiento del CESID (actual CNI). Rueda ha escrito una veintena de títulos, entre estos, los dedicados a Mikel Lejarza Eguía, alias el Lobo, el espía infiltrado en ETA en los años 80 que logró desmantelar gran parte de su infraestructura. El terrorismo etarra también aparece en este libro.
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