Un estudio revela que Galicia acoge a la mayoría de los delfines solitarios en España desde los años 70
Advierte de los riesgos que supone la interacción humana

Recuerdos del delfín Gaspar, el amigo que necesita Manoliño / BDRI
Europa Press
Un estudio científico publicado en la revista 'Animal Behaviour' señala que Galicia acoge a la mayoría de los delfines mulares solitarios ('Tursiops truncatus') en España desde los años 70, con 14 de 17 casos identificados.
Este informe analiza por primera vez la historia de los delfines solitarios en aguas españolas desde 1970, así como los retos que su presencia plantea tanto para su bienestar y supervivencia como para la seguridad de la gente que se relaciona con ellos, con especial atención a los riesgos de la interacción humana.
«Algunos de estos animales han llegado a interactuar de forma habitual con humanos, pasando a lo que en términos científicos se denominan delfines solitarios-sociables o comúnmente denominados delfines solitarios-embajadores, una situación especialmente compleja desde el punto de vista de la gestión y la protección del bienestar del animal», explica la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (Cemma) en un comunicado.

Los dos delfines vistos dentro del puerto de Vilaxoán. / FdV
Según el trabajo, aunque estos encuentros pueden percibirse como experiencias positivas o excepcionales, la interacción cercana con humanos «puede tener consecuencias negativas para el bienestar del animal, aumentando el riesgo de lesiones —incluso mortales—, perturbaciones o **cambios de comportamiento». Además, el contacto directo también supone riesgos para la seguridad humana, especialmente cuando el delfín se aproxima a bañistas, navegantes o profesionales del mar, como a los buceadores durante sus inmersiones.
«Mucha gente piensa que acercarse a un delfín salvaje puede ser una experiencia mágica y desea hacerlo sin considerar el impacto sobre el animal. Muchos delfines solitarios acaban muriendo como consecuencia de su aproximación habitual a los seres humanos. Lamentablemente, desde que redactamos nuestro artículo, uno de los delfines mencionados en él, Ladiña, un ejemplar joven en Galicia, ha fallecido como consecuencia de graves cortes causados por la hélice de una embarcación. Por ello, es fundamental reflexionar siempre sobre cómo nuestras acciones pueden afectar a los animales marinos», explica.

Gaspar, jugando con una embarcación en Vigo en 2009. / FDV
El artículo revisa el marco legal existente en España para la protección de los cetáceos —delfines, ballenas y marsopas—, en el que se destaca cómo estas leyes pueden y deben utilizarse para salvaguardar el bienestar de los delfines solitarios. Los autores subrayan que evitar que un delfín solitario se convierta en solitario-sociable es una prioridad clave para reducir riesgos a largo plazo.
Casos gallegos
Alfredo López, responsable de Educación Ambiental en Cemma y coautor del artículo, lleva 36 años estudiando los delfines solitarios en Galicia: «Los delfines solitarios suplen sus carencias de sociabilidad y afectivas acercándose a bañistas y navegantes, porque consideran que controlan la situación en su propio medio, que no es el nuestro. Pero no acaban de comprender que la condición humana es muy diferente a la de su propia especie, solamente ven una parte de nuestra poliédrica personalidad humana, quizás la mejor, y no aprecian lo más negativo de esta: el egoísmo, la vanidad, la falsedad, la agresividad, la traición ni la venganza, esto es lo que los termina matando».

R. V.
El estudio describe y analiza las diferentes fases de sociabilidad que pueden desarrollar los delfines solitarios, desde individuos que evitan el contacto humano hasta aquellos que buscan activamente la interacción. Dos casos ocurridos en Galicia, los delfines conocidos como Gaspar y Confi, se presentan en detalle para ilustrar cómo estas interacciones pueden evolucionar con el tiempo
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