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Club FARO

Kapok: «Las pantallas cambian nuestra percepción de la realidad»

«Como viajero, lo que me llena es la diferencia, pero las redes lo han globalizado todo», afirma el autor de «Kapokadas», donde relata su periplo de 40.000 kilómetros a dedo

Pilar Pardo (sentada), escucha la conferencia que dio Kapok en el salón de actos del MARCo de Vigo.

Pilar Pardo (sentada), escucha la conferencia que dio Kapok en el salón de actos del MARCo de Vigo. / José Lores

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Vigo

«Me considero un pornógrafo de interiores». Así se definió ayer Alessandro Iasilli, Kapok, (Roma, 1990), escritor accidental, fotógrafo analógico y autoestopista por convicción, durante la presentación en Club FARO de «Kapokadas. De Australia a Europa, a dedo», un proyecto que combina la crónica viajera con el ensayo social y político, con un aderezo de humor ácido.

«Me encanta dejarme llevar por la fascinación de las puertas abiertas, y entrar en los lugares privados: el coche, la casa...; entender el mundo a través de lo micro (la persona, la familia, su hogar) y lo macro (la sociedad, la cultura, el lugar donde viven). Este es el impulso que me ha llevado a hacer este viaje y es también una forma de decir quién soy», explicó.

«Kapokadas» no es, advirtió, una guía de viajes. «Es más bien una antiguía –expresó el viajero italiano afincado en Barcelona– en un momento en el que el viaje está a niveles muy altos, para hacer fotos guais para compartir con la gente por Internet», comentó.

Ante la invasión de las pantallas, Kapok reivindicó lo analógico. Su cámara lo es. Durante su intervención, titulada «¿Turismo o neocolonialismo?. La mochila como arma política», mostró algunas de las fotografías realizadas durante este periplo de 40.000 kilómetros, que arrancó en Australia y que prosiguió por lugares remotos de Indonesia, Singapur, Malasia, Tailandia, Camboya, Laos, China, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, Kazajistán, Rusia, Georgia, Turquía, Bulgaria, Serbia, Croacia, Italia, Francia hasta su destino final: España.

En su presentación alternó la proyección de retratos de personas con las que coincidió en su viaje con fotografías conceptuales, que le sirvieron para hablar de temas como las fronteras, «el último reducto de lo analógico», matizó; la actitud occidental ante el sur, la globalización y la tecnología.

«Las pantallas están cambiando nuestra percepción de la realidad, pero también nuestra manera de viajar y de comunicarnos», afirmó el viajero, quien reivindicó la diferencia frente a la uniformidad de la globalización. «El mundo es bello precisamente porque es diverso. A mí, como viajero, lo que realmente me llena es la diferencia, pero las redes lo han globalizado todo», sostuvo.

«Kapokadas» tiene dos partes diferenciadas. La primera es un cuaderno de viaje, mientras que la segunda reúne una semblanza de los chóferes con quienes compartió su periplo, algunas de las cuales leyó durante su ponencia. Es también la forma de agradecerles el tiempo y el espacio –el coche o el velero, en el caso de su travesía marítima– que le prestaron.

Kapok: «Las pantallas cambian  nuestra percepción de la realidad»

Kapok, durante su exposición en Club FARO. / José Lores

«Yo asumí la crisis de 2008 como una oportunidad para viajar y para vivir con un consumo más reducido»

La crisis económica de 2008 le sorprendió con 18 años, una experiencia que resultó decisiva para que terminara convirtiéndose en un «viajero empedernido». «Pertenezco a una generación a la que, justo cuando iba a incorporarse al mercado laboral, se le advirtió de la precariedad que iba a encontrar. Yo decidí verlo como una oportunidad para viajar y para vivir con un consumo más reducido», afirmó.

Una consecuencia de esto es la culpa asociada al gasto, especialmente en los países del sur global. «Existe una dimensión católica en dar dinero a quienes consideramos pobres, sin cuestionarnos que la pobreza no es otra cosa que una falta de oportunidades», afirma.

Ave migratoria, como se refirió a él la presentadora del acto, Pilar Pardo, inventora de picacelo, Kapok ya ideaba su siguiente ruta. «Se la ha cargado Trump, porque incluía Irán», comentó.

Kapok prefiere viajar solo y sin GPT. «Esto me permite conecta mejor con los demás», afirmó.

Un elogio a la lentitud y a la mirada atenta

«Kapokadas» es el cuaderno de campo de un nómada contemporáneo —alérgico al turismo edulcorado y a los hashtags y devoto de las periferias globales— que documenta un viaje haciendo autoestop desde Australia hasta Europa, salpicado por desiertos, suburbios y autopistas. Kapok desmonta en cada parada el mito romántico del viajero occidental que ‘descubre’ culturas ajenas, con un humor ácido y reflexiones. «No tengo predilección por los circuitos turísticos ni me marco fechas. Mi único límite es el que me imponen los visados que se exigen para entrar en algunos países», afirmó Kapok.

Su libro es también un elogio de la lentitud, del caminar pausado y de la observación atenta de lo que nos rodea, lejos de la urgencia por compartir contenido que imponen las redes sociales. Es, además, una reivindicación de la inutilidad, un concepto al que Kapok da la vuelta. «El amor, la amistad, la creatividad, el arte… Todo eso entra en la categoría de lo inútil, en el sentido de que no es productivo. Siempre asociamos la utilidad con algo positivo, pero en realidad la inutilidad es casi el único valor que nos queda. Nada de lo que hice en este viaje ni la gente que conocí encajan en esa lista de cosas útiles. Por eso también escribí este libro», explicó.

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