Así es la unidad de aislamiento de enfermedades infecciosas del Hospital de La Candelaria: una habitación de 36 metros cuadrados y más de 40 sanitarios para atenderla
Canarias cuenta con una sola Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN) en la que se podría hospitalizar a alguno de los pasajeros del Hondius si mostrara síntomas en su camino a las Islas

Marcelino Hayek, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital de La Candelaria, en la habitación de aislamiento / Ramón de la Rocha (Efe)

Una habitación de un blanco impoluto, un poco más grande que una suite de hotel pero dotada con todo tipo de respiradores, portasueros y las máquinas necesarias diagnosticar a contrarreloj o operar en cuestión de minutos. Este aparente remanso de paz totalmente incomunicado es la única habitación de la Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN) con la que cuenta Canarias para tratar enfermedades infecciosas de alto riesgo (EIAR). Una instalación que se encuentra en el Hospital Universitario Nuestra Señora de La Candelaria y que ya está preparada para asumir a cualquier pasajero del crucero afectado por un brote de hantavirus, el MV Hondius, que muestre síntomas sospechosos en este tramo final de su viaje.
Aunque el Hospital de La Candelaria cuenta con una unidad de aislamiento desde el brote de ébola que llegó a España en 2014; en 2023, gracias a los fondos europeos de recuperación post-covid, pudo renovar las instalaciones y prepararlas para toda clase de enfermedades emergentes, especialmente aquellas hemorrágicas víricas. El dinero se utilizó para la construcción de un edificio de cuatro plantas –que se renombró popularmente como 'hospital camaleón' – frente a la torre de Traumatología. "En una esquina se encuentra esta habitación", narra Marcelino Hayek, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria.
Una habitación que, sin embargo, en un inicio, iba a estar dividida en dos. Sin embargo, tras realizar una evaluación pormenorizada, se decidió que, por espacio y para el mayor confort del paciente y los médicos, se dejara en una. Además de esta habitación, la unidad cuenta con siete salas de soporte.
Un estricto circuito para entrar en la habitación
La habitación está totalmente aislada del resto del hospital y, de hecho, solo se puede acceder a ella a través de un circuito asistencial protocolizado, donde nadie puede salir ni entrar sin tomar medidas de seguridad adicionales. Se divide así en varias habitaciones en zona limpia, zona de atención al paciente y zona sucia, todas ellas separadas por puertas que solo se pueden abrir con una tarjeta especial.
"Quien debe atender al paciente primero debe atravesar un área dedicada a vestirse con equipos de protección individual (EPI)", explica Mayek. Posteriormente, el sanitario entra en la habitación para atender al paciente forrado hasta las cejas. Una vez finalizado el tratamiento, se debe desvestir en una habitación aledaña e igualmente aislada. "En esta habitación se quita el EPI y se ducha antes de ponerse ropa limpia", sentencia el médico. De esta manera se evita la exposición a sangre, fluidos y materiales contaminados.

Equipos de protección individual preparados en la unidad de aislamiento del Hospital de La Candelaria. / Ramón de la Rocha (Efe)
Para poner en marcha esta unidad no solo hay que reorganizar los pacientes dentro del edificio, también hay que movilizar a entre 40 y 50 profesionales. "Son diez médicos (de infecciosas y de interna), 20 enfermeros y el resto de personal de mantenimiento", explica Hayek.
La habitación se lleva preparando desde el lunes. "Desde que supimos de la alerta empezamos a preparar todo", sentencia el responsable de la unidad, que asegura que, durante toda esta semana se ha reforzado el entrenamiento para tratar este tipo de enfermedades. "Hacemos tres prácticas diarias para aprender a ponernos los EPI", explica. Este tipo de prácticas se llevan a cabo para que los sanitarios adquieran agilidad a la hora de ponerse mascarilla, mono completo, guantes y calzas, para atender lo antes posible a los pacientes. "Vamos a seguir haciéndolo durante todo el fin de semana", adelanta Hayek.
Además, la Unidad dispone de las medidas de protección y de exposición a sangre, fluidos y materiales contaminados, y la formación, información y supervisión que son fundamentales en la protección de personas en contacto con casos en investigación o confirmados.
¿Cómo se derivaría un caso sospechoso?
En caso de que, a su llegada al puerto de Granadilla, algún paciente refiriera síntomas compatibles con hantavirus, se pondría en marcha un protocolo para que el Hospital de La Candelaria pudiera acogerlo y tratarlo in situ.
Según el documento técnico del Ministerio de Sanidad denominado ‘Estructura y funcionamiento de la Red de Hospitales para la Atención de Enfermedades Infecciosas de Alto Riesgo en España (Red UATAN), existen tres escenarios de activación de la red de hospitales: detección de al menos un caso de EIAR confirmado, o en investigación en territorio nacional; decisión de repatriación a España de un caso EIAR, confirmado o en investigación, que se encuentra fuera de territorio nacional; y detección de un caso sospechoso en un punto de entrada, puerto o aeropuerto.
El profesional médico que sospeche de un caso, lo notificará de forma urgente tanto por vía telefónica a la Unidad de Vigilancia Epidemiológica de la Dirección General de Salud Pública del Servicio Canario de la Salud como a través de la Red Canaria de Vigilancia Epidemiológica.
Una vez iniciado el procedimiento, la Unidad de Vigilancia Epidemiológica lo comunicará de forma urgente al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad y al Centro Nacional de Epidemiología (CNE).
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