DÍA DE LA MADRE
¿Ayuda la maternidad a entender mejor a nuestras madres tras verlas como enemigas en la adolescencia?
La actriz María Vázquez, las escritoras Arantza Portabales y María Lado, la olímpica Teresa Portela y la psicóloga Diana Rodríguez responden con su experiencia en las palabras
Estudios aseguran que el vínculo entre madre e hija es, en general, como un hilo de seda de titanio invisible
En esa unión, los consejos o límites maternos son vistos como una amenaza por la vástaga

Los circuitos emocionales en el cerebro de una hija se parecen mucho a los de su madre. Fue la conclusión a la que llegó personal investigador de las universidades de California y Stanford hace justo diez años. ¿Garantiza esto una fluidez en la relación de niña a adulta? No siempre. Precisamente, la elevada intensidad emocional en el vínculo madre-hija puede desembocar en desencuentros en etapas de la vida.
Celebrando hoy el Día de la Madre no nos vamos a fijar en los patrones tóxicos de una relación a pata coja entre la progenitora y su vástaga.
En este reportaje vamos a situarnos en una tesitura más generalizada: hasta en la relación más fluida madre-hija pueden surgir durante la vida desencuentros o falta de entendimiento puntuales tanto a la hora de educar, aconsejar, prestar ayuda, poner límites o depositar expectativas. ¿Es quizás cuando la hija se convierte en madre cuando comienza a entender más a su progenitora? ¿Se llega a la comprensión aunque no se tengan hijos?
Preguntamos por su experiencia a la actriz María Vázquez; la novelista Arantza Portabales; la poeta María Lado; la palista Teresa Portela (medalla olímpica) y a la psicóloga Diana Rodríguez.
Esta última, terapeuta viguesa, tiene una bebé de 21 meses. «Ya tenía los mayores criados –con 18 y 20 años– pero llegó ella. Diana Rodríguez cree que cuando una mujer es madre comienza a comprender mejor a su progenitora.

Diana Rodríguez, con su madre, Mercedes Salgado. / Foto cedida por D. Rodríguez
Primer bebé y las sombras del pasado
«Ocurre sobre todo con el primer bebé porque eres consciente del cambio de rol. Hay un libro de la psicoanalista argentina Laura Gutman titulado 'La maternidad y el encuentro con la propia sombra'. En él señala que cuando tienes a tu primer bebé aparecen las sombras del pasado -figuras maternas y paternas- y es un momento de reconciliarse con ellas. Empiezas a valorar muchas cosas que antes no, empiezas a entender y dejas de juzgar. Para mí, fue muy importante dejar de juzgar», admite.
En una entrevista en YouTube la psicoanalista Laura Gutman impacta: «Tener un bebé es horrible. Ir a trabajar es fácil pero volver a casa con un niño, dos o tres es muy difícil». Casi nos caemos de la silla cuando la oímos pronunciar con su larga melena cobriza y ondeante: «Nuestra mamá ha sido nuestra principal depredadora emocional».
Evolución de la imagen de mamá en nuestra mente
Diana facilita una explicación científica para comprender cómo evoluciona el vínculo materno-filial con los años: «Primero es como una diosa; después la haces humana; luego pasa a enemiga en la adolescencia; en la época de juventud con las amistades y parejas no le das prioridad ni a ella ni a tu padre; posteriormente cuando tienes hijos es la persona que va a estar junto a ti, y hablo de forma general, en los primeros días del bebé. Ahí vuelves a pasar tiempo con ella porque la necesitas otra vez».
«Yo -indica Diana Rodríguez- me crié en el modelo anterior de padre un poco ausente y madre muy autoritaria con la casa, el trabajo y los niños. Yo quise con mis hijos hacer una crianza más positiva. Primero, conexión; después, corrección; firmeza con amabilidad... Pero me salía el ramalazo. Fue una lucha contra mí misma. También reconozco que hay frases que decía mi madre que antes me tocaban las narices y ahora sí me parecen positivas».
«No soy tu amiga, soy tu madre»
Aquí entramos en lo que la escritora Natalia Ginzburg denomina «Léxico familiar» en su novela homónima. En el caso de Diana Rodríguez, las expresiones heredadas de su madre que ha incorporado ella misma son «no»; «no soy tu amiga, soy tu madre» y «es una norma de casa; no hay más que hablar». Sobre esta última señala que «me parecía poco empática entonces, ahora entiendo que las normas transmiten seguridad y respeto».
A mayores señala la terapeuta viguesa que la relación con la madre va mudando a medida que se alcanza la madurez emocional. De cero a cuatro años, «necesitamos la figura de apego para sobrevivir. Ahí se forma la resiliencia. Si hay un amor incondicional el resto de nuestra vida vamos a tener resiliencia. En la época de niño y adolescencia, la independencia es lo importante ya que 'primero soy yo, después yo y si queda espacio, yo'. Es la época más egoísta; donde se forja la autoestima. La madurez llegaría a los 26 años».

María Vázquez, con su madre, Teresa Vázquez. / Imagen cedida por María Vázquez
La actriz María Vázquez indica que «cuando una madura empieza a ver los padres de otra manera». Por su parte, la poeta María Lado (afincada en Vigo) señala que «se puede desatar con la maternidad la comprensión de nuestras progenitoras pero no es necesario ser madre para ese sentimiento. Tiene que ver con la vida adulta, con tener más experiencia y responsabilidad. Creo que las mujeres que no son madres también sienten ese reconocimiento a su madre en algún momento de su existencia».
Lado comenta que nació cuando sus padres eran muy jóvenes. «Tenían 18 años y yo siempre tuvo presente la proximidad con ellos», reflexiona la autora que acaba de publicar «Odias a poesía», una antología de sus poemas en Editorial Elvira a través del sello Lusco e Fusco. Ahí incluye la obra sobre su experiencia como madre y la violencia obstétrica.

María Lado y su madre, María Teresa Lariño, en Camariñas. / Juan Manuel Lado
Aunque Lado y María Vázquez coinciden en la importancia de ir madurando para entender a las madres, la segunda reconoce que «cuando tienes hijos te das cuenta de que es mucho más sacrificado de lo que pensabas. Por culpa de estar idealizada la maternidad piensas que va a ser más fácil. Al encontrarte con las dificultades empiezas a comprender lo que hicieron tus padres".
Para la intérprete gallega ( «Matria», «Trote», «Rondallas») «no hay una maternidad perfecta. Es muy difícil; te vas confundiendo. Yo valoro mucho más lo que hizo mi madre porque en su época tuvieron que sacrificar mucho más. La mayor parte de ellas no pudieron desarrollar sus carreras. Sentían mucho más la culpa. Nosotras también la sentimos pero aprendimos a convivir con ella; al menos, en mi caso. Yo me he sentido muy culpable por ir a trabajar, pero decidí que no iba a renunciar al trabajo. Todo el mundo tiene opinión sobre la maternidad, sean madres o no. Eso es durísimo».

Arantza Portabales y su progenitora, Emilia Santomé, Miluca. / Foto cedida por Portabales
Por su parte, la novelista Arantza Portabales reconoce que su relación con su progenitora «fue variando a lo largo de los años. Tengo una madre mayor, 86 años. Era una generación para la que los niños no éramos el centro de la preocupación de los padres. Después, fue cambiando a una relación de más confianza. Ahora pasó el momento terrible en el que se invierte el rol de cuidado» debido a la dolencia de deterioro cognitivo de su madre.
Ser madre: ensayo-error-ensayo
Portabales -que acaba de publicar la novela «Asasinato no muíño do cura» en gallego y castellano- subraya que «aunque fui una madre poco consentidora en muchas cosas, escuché mucho a mis hijas [con 20 y 22 años de edad]. No somos amigas pero soy una persona de mucha confianza para ellas. Yo no tenía esa relación con mi madre. Es una cuestión generacional, de educación; tiene que ver con cómo evolucionó el mundo. No digo que mi madre fuera peor. Lo que comparto con ella es que ambas lo intentamos hacer lo mejor posible pero los niños no vienen con un manual y estamos todo el tiempo ensayo-error-ensayo».

La actriz gallega María Vázquez, con su madre. / Foto cedida por Vázquez
En el caso de Teresa Portela -fisioterapeuta, atleta de élite y medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio-, la deportista señala que «siempre» valoró lo que hizo su madre por ella «pero a lo mejor cuando más cuenta me di fue en los primeros seis meses de mi hija (que ahora tiene 12 años). Me di cuenta de que ser madre es algo para las 24 horas del día. Nada más nacer, te das cuenta de que tienes que estar».
Agrega que «ahora me encargo de las pequeñas cosas que también hacía mi madre: el plato en la mesa con la comida, la merienda para el colegio, la ropa que necesita. Eso no está ahí por casualidad. Detrás hay un trabajo, un esfuerzo, una planificación. Son pequeñas cosas que no se valoran día a día pero se dan por hechas», relata. Para Teresa Portela «ser madre requiere un auténtico esfuerzo».
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