Entrevista | Antonio Moreno Sandoval Catedrático de Lingüística de la Universidad Autónoma de Madrid
«Mantener palabras de ‘El Quijote’ en el gallego ha sido una opción escogida por los hablantes»
Un estudio pionero entre un equipo de la UAM y otro de la Universidad de Tokio ha permitido organizar sistemáticamente los casi 400.000 vocablos que aparecen en «El Quijote», hallándose léxico que se ha preservado en el idioma gallego como «agora», «mesmo» o «‘desfazer’»

El catedrático de Lingüística de la UAM Antonio Moreno Sandoval. / Cedida

Resultado de la colaboración entre un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), coordinado por el catedrático de Lingüística Antonio Moreno Sandoval, y otro de la Universidad de Tokio, liderado por Hiroto Ueda, un estudio pionero ha logrado organizar sistemáticamente en un diccionario con varios volúmenes los casi 400.000 vocablos que Cervantes empleó para erigir el universo de «El Quijote», un dato que demuestra científicamente la vasta riqueza léxica e imaginativa del escritor. Una de las curiosidades relevantes para Galicia es que fórmulas plasmadas en esta obra cervantina, que son consideradas «arcaicas» en la lengua castellana, se han logrado conservar con el paso de los siglos en el idioma gallego gracias a la elección de los propios hablantes, tales como «agora», «mesmo» o «‘desfazer’».
-¿Cómo da comienzo este trabajo?
-Es un trabajo que se ha realizado sin financiación, lo que da la gran ventaja de ir haciéndolo sin prisa. Fue una idea que le propuse a mi amigo Hiroto Ueda porque lo que pensamos es que, fíjate, teniendo una obra como «El Quijote» y no se sacaba un diccionario. En este caso, lo primero que caracteriza a este diccionario es que se registran todas las palabras, pero que hemos clasificado por lemas, agrupando así todas las formas que pertenecen a un mismo lema: si aparece «comer», pues incluimos «comerimos», «comeréis», etc. ¿Qué significa esto? Lo que nos proporciona es poder extraer el concepto, cada lema implica una entrada del diccionario y en total a nosotros nos han salido 8.800. En estos lemas también hemos incluido los nombres propios, que son 800, de los cuales 600 son antropónimos y 200 son nombres de lugares. Hemos hecho una labor de cuantificación porque para la ciencia es muy importante no solo saber que está en la obra una determinada palabra, sino cuántas veces aparece.
-A la hora de elaborar este estudio tan pormenorizado, ¿qué fue lo que más le sorprendió?
-Hemos encontrado bastantes cuestiones muy interesantes. En primer lugar, una de las cosas que yo creo que también marcan la diferencia en nuestro trabajo es que hemos segmentado a cada uno de los personajes de esta obra cervantina, es decir, cuando habla Sancho, el Quijote, el narrador y lo que dicen los más de 200 personajes. Esto nos permite comparar cómo hablaba Sancho y Quijote y, dentro de los estudios cervantinos, Madariaga comentó que en la segunda parte de la obra se producía una «sanchificación» de Quijote y una «quijotización» de Sancho, pues al haber segmentado a los personajes, hemos visto que solamente tiene lugar la «quijotización» de Sancho, es decir, el lenguaje de Sancho mejora, se amplía, pero el lenguaje del Quijote se mantiene exactamente igual. Buscamos también instrumentos musicales, profesiones, tejidos o ropas para hacer un inventario muy exhaustivo y exacto basándonos solo en lo que aparece en «El Quijote» y, al tenerlo informatizado, esto nos permite comprobar las frecuencias. Otro aspecto interesante es que conservamos y marcamos las formas, porque aquel era un momento en donde había mucha transición del lenguaje medieval, que era bastante arcaizante, y el mejor modelo es Quijote porque encontramos palabras como «dotor», «mesmo», «agora» o «fazer», aunque en este caso se usa en el verbo «desfazer», «desfazer» entuertos. Todas ellas son versiones arcaicas, porque a Cervantes le interesa mucho caracterizar a Quijote como una persona de la Edad Media, aunque se escriba en el siglo XVII, y de ahí ese lenguaje, pero por otra parte también es un lenguaje muy popular, porque hay muchos personajes que son de la clase llana, sin ningún tipo de estudios, empezando por Sancho.
-Ese léxico que menciona sigue plenamente vigente en el gallego.
-Claro, claro, porque las lenguas evolucionan y en algunos casos evolucionan por las decisiones que toman los propios hablantes. Fíjate, que se haya mantenido es que es una opción que han escogido los hablantes de gallego quizás, precisamente, para mantener esa diferencia, esa distintividad, frente a renovaciones del castellano como «mismo» y, muy probablemente, en muchos entornos de Galicia también se hayan mantenido palabras e instrumentos que se han perdido en zonas del castellano. Resulta muy interesante porque con este estudio es posible buscar el origen de palabras, que en vuestro caso se siguen usando, y que resulta que son palabras también estaban en el castellano del siglo XVI o XVII. En este sentido, otra de las diferencias que hemos emitido es la del lenguaje empleado entre las mujeres y los hombres y hemos comprobado que algunas palabras como «mesmo», la forma arcaica, y «mismo», la renovación, varían: «mesmo» predomina en la lengua de los hombres y «mismo» tiene una frecuencia un poco superior en las mujeres, es decir, ellas llevan la innovación. Tenemos que hacer un estudio mucho más detallado con otras palabras, que también son variantes, para así analizar si esto se produce en otros casos y poder afirmar así que existe una destreza en el oído que tiene Cervantes para diferenciar el habla de distintas clases sociales o del género. Esto puede ser muy interesante porque nos puede aportar una visión que no es fácil de elaborar porque nadie tiene desglosado «El Quijote» por personajes como hemos hecho nosotros.
-Por otra parte, el gran volumen de palabras que han logrado cuantificar da buena cuenta de la riqueza de la obra de Cervantes.
- «El Quijote» es una obra de gran riqueza por muchas razones, pero es que lingüísticamente efectivamente es también una obra maestra. El otro día me preguntaban que por qué la gente no lo leía, por qué era tan difícil y que si era por el léxico y yo digo que, bueno, por el léxico y la sintaxis. Ahora mismo estamos acostumbrados, sobre todo las generaciones más jóvenes, a leer textos que tienen 20 palabras por oración y muchas de las oraciones que aporta «El Quijote» pueden tener 200 palabras. Eso es un estilo que era propio de la época y que está muy alejado de lo que la gente está acostumbrada ahora. En cuanto al léxico, un dato sorprendente es el que hemos sacado del análisis de las dos partes, unas 377.000 palabras y los 8.800 lemas que mencionaba anteriormente, y estoy seguro de que Cervantes manejaba muchas más. Una persona con vocación puede tener como máximo unos 5.000 lemas, por lo que ya nos podemos imaginar la riqueza léxica que tiene. Además, es de destacar la cantidad de nombres inventados de lugares y personajes que aparecen. Cuando la gente joven alucina ahora con universos como el de Harry Potter, pues es que «El Quijote» tiene mucho más. Lingüísticamente merece mucho la pena analizarlo y este léxico es el de una sociedad campesina, por lo que hay palabras con las que se aprende muchísimo sobre la ropa de entonces, los tejidos o los instrumentos de danza que se empleaban, lo cual es muy rico. En cuanto al diccionario, creo que otro aspecto novedoso es que nuestra edición está en abierto, porque creemos en la ciencia en abierto, de ahí que esté publicado en la plataforma que tenemos en la UAM, para que todo el mundo se lo pueda descargar y utilizar.
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