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Primer aniversario del apagón

Sin luz y casi sin respiración: pacientes electrodependientes y responsables del servicio recuerdan cómo superaron el gran apagón

Para miles de personas electrodependientes, el apagón del pasado 28 de abril no fue solo una inconveniencia, sino una emergencia vital. Pacientes gallegos recuerdan cómo los trabajadores asistenciales les atendieron en sus domicilios por iniciativa propia. «El factor humano jugó un papel clave», señala un responsable del servicio

Carlos González, que precisa oxígeno extra las 24 horas del día. | FDV

Carlos González, que precisa oxígeno extra las 24 horas del día. | FDV / FDV

Rafa López

Rafa López

Vigo

De las siete muertes en España que causó, directa o indirectamente, el gran apagón del 28 de abril de 2025, cinco de ellas estuvieron vinculadas a la situación de vulnerabilidad de los pacientes electrodependientes. Y tres de ellas se produjeron en Galicia (en Taboadela, Ourense) por la mala combustión de un generador usado para alimentar un respirador. El cero eléctrico, del que mañana se cumple un año, amenazó la salud e incluso la vida de miles de gallegos. La labor proactiva de los trabajadores asistenciales, que atendieron en sus domicilios a los más vulnerables por iniciativa propia –no había apenas comunicación–, infundió calma y salvó vidas, como recuerdan ahora los pacientes.

«A xente que traballou ese día fixo un gran traballo, de quitarse o sombreiro», subraya Josefa, esposa de Carlos González Miñán, de 72 años, paciente de Redondela que desde hace 18 necesita oxígeno las 24 horas del día. «Sempre temos unha reserva de seguridade, porque Carlos ten dúas botellas de osíxeno, separadas da máquina de osíxeno, que está conectada. Ese día, a xente do servizo, sen que ninguén lles dixese, veu e trouxo outra bombona e batería para a máquina. Tamén ten outra maquiniña pequena para inhalacións que necesita unha batería. Foron moi amables», añade Josefa en nombre de su marido, que tiene dificultad para mantener una conversación.

Su historia es similar a la de cientos de pacientes: sin poder llamar a nadie, porque no funcionaban los teléfonos, recibió la visita del joven de la empresa de terapias respiratorias que solía atenderle. «Levaba tempo co meu marido e sabía as necesidades de cada un. Foi ao almacén, recolleu baterías e repartiunas á xente. Agora a compañía cambiou de nome, pero a xente segue sendo a mesma. O que importa é a humanidade, e a xente que está alí é de quitarse o sombreiro», reitera, agradecida.

Con todo, como el suministro eléctrico no volvió a su zona hasta las 6 de la madrugada, Carlos, que utiliza dos máquinas BiPAP, una de día y otra de noche, no pudo ir a la cama y tuvo que dormir –o intentarlo– sentado en un sofá.

Otra paciente, Leonor Alicia Vega, residente en Vigo, cuenta que recibió la visita inesperada en la tarde del día del apagón: «No le había llamado, pero el joven que me atendió, muy amable, me subió la bombona siete pisos [sin ascensor] y me la instaló».

El caso de Leonor es menos urgente, ya que solo necesita la terapia para dormir, igual que los miles de pacientes de apnea del sueño (que afecta al 9 por ciento de la población adulta), cuyas vidas no peligran si no usan una noche su ventilador (llamado CPAP), pero hubo pacientes críticos que temieron por sus vidas. En Castilla y León se investigó la muerte de una persona con ELA que dependía de ventilación mecánica domiciliaria.

«Trabajamos con un listado de pacientes y nos acordamos de los más críticos para intervenir voluntariamente y entregar una reserva de oxígeno», relata a FARO Sergio Calaza, responsable asistencial de Nippon Sanso Homecare España, compañía que en marzo adquirió Esteve Teijin, concesionaria del Sergas. Lleva las áreas sanitarias de Vigo, Pontevedra y Santiago, con unos 32.000 pacientes de terapias respiratorias. Confirma que, ante el corte de las comunicaciones, muchos profesionales, de forma voluntaria o coordinada, acudieron directamente a los domicilios de los pacientes más críticos o ventilados, como los de ELA, para comprobar su estado y el del equipo. También pacientes de EPOC, que necesitan una pauta diaria de entre 16 y 24 horas de soporte de oxígeno.

«Por seguridad ya tienen baterías extra. Además, se recomienda usar pequeños generadores ante posibles interrupciones en el día a día. A mayores de eso, está la intervención del profesional. Ahí el factor humano jugó un papel clave», resalta Calaza. «Nuestra prioridad aquel día fue aportar soporte a pacientes críticos y entregar reservas en hospitales, porque la gente, ante el nerviosismo, acudió allí», explica este profesional, que recuerda que esa labor proactiva evitó también muchos ingresos hospitalarios innecesarios.

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