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Un fármaco experimental reduce un 26% el riesgo de repetir ictus sin aumentar el sangrado y abre una nueva era en su tratamiento

El neurólogo vigués Pablo Vicente Alba destaca el perfil de seguridad del anticoagulante asundexian, clave para su posible uso clínico en la prevención secundaria de eventos isquémicos

De izda. a dcha., los doctores Julia Álvarez, Nuria Redondo, Iria Rodríguez, José Maciñeiras, Pablo Vicente, Elena Álvarez, Paula Díaz y Arturo Fraga, de la Unidad de Ictus del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo.

De izda. a dcha., los doctores Julia Álvarez, Nuria Redondo, Iria Rodríguez, José Maciñeiras, Pablo Vicente, Elena Álvarez, Paula Díaz y Arturo Fraga, de la Unidad de Ictus del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo. / FdV

Vigo

Un ensayo clínico internacional de fase III con participación gallega puede marcar un posible punto de inflexión en el manejo del ictus. El estudio OCEANIC-STROKE ha demostrado que el fármaco asundexian, inhibidor del factor XI, logra reducir en un 26% el riesgo de sufrir un segundo ictus en pacientes que ya han padecido un accidente cerebrovascular isquémico, sin incrementar el riesgo de sangrado, una de las principales limitaciones de los tratamientos anticoagulantes actuales.

Los resultados, presentados recientemente, se han obtenido en pacientes con ictus isquémico no cardioembólico y en aquellos con accidente isquémico transitorio (AIT) de alto riesgo, es decir, en personas que tuvieron un infarto cerebral que no estaba relacionado con un trombo originado en el corazón y en pacientes con cuadros compatibles con un ictus incipiente de alto riesgo. En el ensayo, el fármaco se comparó con placebo, evidenciando una reducción significativa de recurrencias sin aumento de hemorragias graves.

«El estudio abre la puerta a un nuevo grupo de fármacos que no se estaban utilizando hasta ahora», explica Pablo Vicente Alba, neurólogo del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y subinvestigador del estudio. Según detalla, el Factor XI forma parte de la cascada de coagulación, pero hasta el momento no existían tratamientos comercializados dirigidos específicamente a este mecanismo.

Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es su perfil de seguridad. «Dentro de los tratamientos anticoagulantes, la mayor preocupación es el riesgo de sangrado. Que un fármaco haya demostrado eficacia sin aumentar este riesgo es clave para su posible uso clínico», señala Vicente Alba.

«Tras un ictus, el riesgo de recurrencia es alto, por lo que es clave controlar los factores de riesgo y aplicar una prevención eficaz»

Pablo Vicente Alba

— Neurólogo; subinvestigador del estudio OCEANIC-STROKE

Actualmente, la prevención secundaria del ictus se basa en el uso de antiagregantes plaquetarios, el control de factores de riesgo cardiovascular —como la hipertensión, el colesterol o la diabetes— y, en determinados casos, anticoagulantes tradicionales. La llegada de asundexian podría ampliar el uso de terapias anticoagulantes en pacientes donde hasta ahora no estaban indicadas, según el neurólogo.

El ictus continúa siendo una de las principales causas de mortalidad y discapacidad. Solo en España, se registran alrededor de 120.000 nuevos casos al año; es la primera causa de muerte en mujeres, la tercera en hombres y la principal causa de discapacidad adquirida en adultos. Además, su impacto económico ronda los 9.000 millones de euros anuales.

Por todo ello, la prevención secundaria cobra especial relevancia. «Las personas que han sufrido un ictus tienen un alto riesgo de repetirlo, por lo que es fundamental actuar sobre los factores de riesgo y establecer tratamientos preventivos eficaces», subraya el especialista.

España ha tenido un papel destacado en el desarrollo del estudio OCEANIC-STROKE, liderando el reclutamiento por número de pacientes per cápita a nivel mundial y siendo el primer país de Europa en cifras absolutas, con 26 centros públicos implicados. El Hospital Álvaro Cunqueiro (HAC), el Hospital Clínico Universitario de Santiago (CHUS) y el Hospital Universitario de A Coruña (CHUAC) han contribuido con cerca de medio centenar de pacientes al ensayo.

«Dentro de nuestro trabajo, cada vez se le está dando más importancia a la investigación clínica. La participación en estudios nos permite ofrecer tratamientos que podrían ser beneficiosos para nuestros pacientes y ayudamos a continuar con los avances médicos. Aunque la actividad asistencial que tenemos en el día a día hace que en ocasiones sea complicado, intentamos estar lo más activos posible», afirma el doctor Vicente.

Aunque todavía no hay una fecha concreta para la incorporación del asundexian a la práctica clínica habitual, los expertos coinciden en que este avance podría cambiar el abordaje del ictus en los próximos años. Además, el buen perfil de seguridad del fármaco abre la puerta a futuras investigaciones en otras enfermedades trombóticas.

Mientras tanto, los especialistas insisten en la importancia de la prevención y la detección precoz. Reconocer los síntomas a tiempo y activar los servicios de emergencia sigue siendo clave para reducir el impacto de una enfermedad cuya incidencia continúa en aumento, en parte debido al envejecimiento de la población.

«Lo más importante es seguir trabajando en la educación sanitaria, para que la detección del ictus sea lo antes posible y tratar a todos los pacientes que podamos. Insistir también en la importancia de alertar a emergencias en aquellos casos en los que sospechemos que una persona pueda estar teniendo un ictus y en continuar mejorando los tiempos de asistencia extrahospitalaria», sostiene el especialista.

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