Encuentro con suscriptores
El obispo emérito de Tui-Vigo, Luis Quinteiro Fiuza: «El mundo del futuro es un mundo de diálogo, más que nunca»
El responsable mundial del Apostolado del Mar aborda en FARO la migración, los desafíos de la IA y defiende al Papa frente a Trump: «Está jugando con el futuro del mundo»

Pedro Fernández

El obispo emérito de Tui-Vigo y actual responsable mundial del Apostolado del Mar, monseñor Luis Quinteiro Fiuza, convirtió el encuentro con suscriptores de FARO celebrado este martes en una reflexión cálida, a pesar de la obligación a mirar de frente la actualidad más convulsa. Consultado por el periodista de FARO Borja Melchor, Quinteiro Fiuza no esquivó ninguno de los grandes asuntos que atraviesan a la Iglesia y a la sociedad, ni a las preguntas de los asistentes. «El mundo del futuro es un mundo de diálogo, más que nunca», advirtió.
Además de hacer una defensa de la importancia capital del mar para Vigo y «para la humanidad» —y pedir una mayor implicación social—, la conversación enlazó la crisis bélica internacional, la migración, la inteligencia artificial (IA) o los abusos dentro de la Iglesia y ese clima de miedo que, a su juicio, erosiona la convivencia. «El miedo es rentable para ciertas personas, pero es absolutamente destructor», afirmó sobre una de las grandes fracturas del presente.
La conversación conducida por Borja Melchor también se detuvo en la tensión en Oriente Medio. Quinteiro situó al Papa como una de las pocas voces con capacidad moral para interpelar a los grandes poderes. Frente a la escalada bélica y al papel de Donald Trump, el prelado fue rotundo: «Está jugando con el futuro del mundo». No lo dijo en un sentido abstracto, sino vinculado a un presente en que la guerra aparece como la expresión más extrema de una lógica de poder que desborda fronteras, gobiernos y credos: «La guerra es un desastre, es un horror para el mundo». Y, en ese escenario, reivindicó el papel de Roma: «Yo creo que esa voz del Papa ahora mismo es esencial para el mundo».
«Una auténtica chifladura de Trump»
Esa misma preocupación por la degradación del debate público y por la banalización del poder reapareció al abordar las imágenes de Trump caracterizado como Jesucristo mediante IA. Quinteiro no matizó ni rebajó el tono: «Me parece que es una auténtica chifladura; una absoluta irresponsabilidad. Aparte de ridícula, es intolerable», sentenció. Su crítica fue más allá de la ofensa religiosa: apuntó a una forma de exhibición política que borra el respeto por los símbolos.
En esa línea, el obispo emérito vinculó la inestabilidad internacional con una crisis más profunda de valores y responsabilidades compartidas. «Esto no es fruto de una casualidad, es fruto de una situación de puro egoísmo, donde lo que importa es el dinero, es la influencia», sostuvo.

Monseñor Luis Quinteiro Fiuza, responsable mundial del Apostolado del Mar,con suscriptores de FARO. / Jose Lores
Quinteiro también se detuvo en una de las heridas más delicadas de la Iglesia, la de los abusos. Lejos de eludir la cuestión, respondió en clave de depuración interna: «La iglesia tiene que purificarse». Y añadió una advertencia que trató de situar el problema en un marco social más amplio, sin restarle gravedad: «Ha habido abusos en la familia, en los colegios, en los deportes... y la sociedad tiene que ser tajante». Antes, al reflexionar sobre el vínculo entre fe e institución y cómo atraer (o recuperar)a los jóvenes, había dejado otra idea de fondo: «La iglesia lo que tiene que hacer fundamentalmente es no ser infiel al evangelio».
Inmigración
La mirada social del encuentro apareció con especial fuerza al hablar de inmigración. En una ciudad-puerto como Vigo, Quinteiro también aludió a Londres, como «referente de la actividad marítima del mundo», y a donde acaba de viajar desde su actual responsabilidad en el Apostolado del Mar. Por ello, también defendió una lectura pragmática y humana del fenómeno migratorio: «Al final, los migrantes vienen porque los necesitamos; nuestra sociedad sin emigrantes no viviría ahora mismo». No fue una apelación retórica, sino una constatación conectada con el mundo del trabajo, con la precariedad de muchos sectores y con la necesidad de abandonar discursos simplistas en un debate cada vez más contaminado por la polarización.

El obispo emérito Luis Quinteiro Fiuza, delante de las instalaciones de Faro de Vigo / Jose Lores
Asimismo, insistió en la convivencia en un mundo crecientemente plural. «El mundo va a ser cada día más diverso y lo que no se puede permitir son actitudes agresivas», avisó. Frente al repliegue identitario, defendió una pedagogía del entendimiento: «La sociedad se construye con puentes de entendimiento», alegó.
Ya en clave interna y al hablar del papel social de la Iglesia, Quinteiro dejó una receta: «La Iglesia tiene que, en estos momentos, generar un voluntariado activo». Solo podrá seguir siendo relevante si se atreve a mirar de frente el mundo que habita hoy. Así, como Quinteiro Fiuza, melómano confeso, escucha a Rosalía, o seguirá al Celta de Vigo en el «difícil» partido de hoy. «Hay que tener ilusión», resume. Y quizás no solo se refiera a la cantera del fútbol.
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