Obituario
Muere Pedro Ruiz Bofill, histórico dibujante e ilustrador de FARO
Licenciado en Bellas Artes, trabajó para el diario decano durante cuatro décadas, entre 1960 y 2001, cuando se jubiló. Realizó ilustraciones, historietas, caricaturas y tiras cómicas

Pedro Ruiz Bofill, en su mesa de dibujo. | FDV

El dibujante Pedro Ruiz Bofill falleció ayer, domingo, en Vigo, a los 90 años de edad. Nacido en Barcelona en 1936 y afincado en la ciudad olívica desde 1960, trabajó para FARO DE VIGO durante cuatro décadas, entre 1960 y 2001, cuando se jubiló. Licenciado en Bellas Artes, en el diario decano realizó ilustraciones, historietas, caricaturas y tiras cómicas, labor que compaginó con su trabajo como profesor de dibujo de Enseñanzas Medias. Deja viuda, María Paz, y cuatro hijos. Hoy lunes (20.00 horas) se oficiará una misa por su eterno descanso en la capilla del tanatorio vigués de Pereiró, donde se procederá a su incineración.
Bofill, como era conocido artísticamente, fue uno de los dibujantes que más tiempo trabajaron para FARO, cuya tradición en este ámbito incluye artistas de la talla de Castelao, Salvador Massó, Federico Ribas, Manuel Torres Martínez, Fernando Quesada y, en la actualidad, Gogue y Luis Davila.

Portada de uno de los fascículos de la «Historia Ilustrada de Vigo».
El dibujante de origen catalán vivió en Madrid desde los cuatro años de edad. En 1960 se trasladó a trabajar a Vigo, cuando supo por su hermano, que había montado una óptica en la ciudad, que FARO buscaba un dibujante. Así, entró en la plantilla siendo director del decano Francisco Leal Insua, y comenzó a dibujar tanto para la imprenta como para el diario.
Entre sus primeros trabajos para el periódico estaba una serie juvenil de aventuras titulada «Piratas del siglo XX», en la que Bofill realizaba las ilustraciones y Francisco Pablos el guion.
Los sucesivos directores, como Manuel González Cerezales (1961-1964), Álvaro Cunqueiro (1964-1970) y Ceferino de Blas (1986-1994) fueron contando con él para la realización de caricaturas, que pasaron a ser prácticamente diarias para ilustrar la «Crónica política» de Javier Sánchez de Dios.
También se encargaba de ilustrar noticias de Jaime Corujo, Lince, histórico redactor de sucesos de FARO, plasmando con sus dibujos escenas de atracos o redadas policiales.
Trabajó para la Serigrafía Gallega y realizó la colección de «O Moucho», de Editorial Castrelos, en la que adaptó su estilo a la tradición plástica gallega.
Admirador de Mingote, decía que la clave de una buena caricatura era «conocer cómo es la persona: darse cuenta de cuáles son los rasgos reales y cuáles los exagerados». Así se lo explicaba a Félix Caballero Wangüemert, investigador del humor gallego, en una entrevista realizada en 2016.
Tras estudiar por libre en Madrid con Carlos Sáenz de Tejada, profesor en la Real Escuela de Bellas Artes de San Fernando, decidió no realizar la carrera por el esfuerzo que suponía para sus padres. Fue ya en la madurez, con 44 años, cuando estudió Bellas Artes por libre en Bilbao, en la rama de Pintura y Escultura, con la ayuda de Antonio Quesada, pintor y hermano del caricaturista de FARO.
Trabajador incansable, sacó la oposición de profesor de dibujo de Enseñanzas Medias. Por las mañanas trabajaba en el instituto de Chapela –del que llegó a ser su primer director durante un año–, por las tardes en la redacción de FARO y por las noches preparaba las clases para el día siguiente.
Pedro Ruiz Bofill fue autor de varios libros, entre ellos, los tres volúmenes de la serie «As aventuras dun neno galego», con guión de Xesús Franco, publicadas por la Xunta en los años 80; y de la «Historia ilustrada de Vigo», la «Historia ilustrada de Ourense» y la «Historia ilustrada de Arousa y O Salnés», publicadas en fascículos por FARO en los años 90, por iniciativa de Ceferino de Blas.
En 1984 expuso su obra pictórica y escultórica en la Universidad Popular de Vigo: «Siempre intento plasmar la idea de la forma más sencilla posible. Creo que para que una cosa se comprenda no son necesarios demasiados colores ni demasiadas líneas», le contaba entonces a Pilar Comesaña Amado.
En 2003, después de su jubilación, expuso en Ourense retratos al óleo inspirados en sus caricaturas.
Aunque de origen catalán y criado en Madrid, supo introducirse en la tradición del arte plástico gallego. «Creo que desde Galicia se debería potenciar un arte gallego y buscar las raíces en el arte primitivo y la forma de vida. Al fin y al cabo, el arte y la vida tienen que estar siempre unidos, esta es una de las principales premisas de la vanguardia», defendía.
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