Estudio científico
La selección natural se está acelerando: Harvard identifica 500 variantes genéticas que han cogido fuerza desde el neolítico
La investigación destaca cómo en los últimos 10.000 años la selección natural ha favorecido la expansión de rasgos como la piel clara y la digestión de la lactosa, así como adaptaciones que hoy se asocian a enfermedades

Fragmento de una cadena de ADN, en una ilustración artística.
Valentina Raffio
Los humanos llevamos siglos observando cómo la evolución actúa en otras especies y, tal como planteó Darwin, la selección natural favorece ciertos rasgos frente a otros. Sin embargo, por alguna razón, durante décadas se asumió que en nuestra propia especie ese proceso se había ralentizado casi hasta detenerse. La Universidad de Harvard publica ahora un estudio que podría desmontar esta idea. Un análisis de más de 16.000 muestras genéticas de los últimos 10.000 años demuestra que, lejos de frenarse, la selección natural se ha intensificado desde la aparición de la agricultura hasta ahora. En ese periodo, afirman los expertos, se han detectado alrededor de 500 variantes genéticas que han aumentado o disminuido de forma consistente y que han dado lugar a rasgos como la piel clara en regiones con menos radiación solar o algunas adaptaciones para asimilar dietas con lactosa o gluten.
El trabajo, liderado por el célebre genetista David Reich y publicado este miércoles en 'Nature', combina una base de datos sin precedentes de ADN antiguo con nuevos métodos estadísticos capaces de separar la señal de la selección natural de otros procesos que también alteran los genes a lo largo del tiempo, como las migraciones, los cruces entre poblaciones o el simple azar del destino. En total, según relatan los científicos, se analizaron alrededor de 16.000 genomas de individuos que vivieron en los últimos 10.000 años en Eurasia occidental y se compararon con ADN moderno para reconstruir cómo han cambiado las frecuencias genéticas generación tras generación. Uno de los puntos fuertes de este trabajo es que, más allá de la gran cantidad de datos manejados, el análisis ha podido distinguir entre tanto ruido de datos cientos de variantes sometidas a selección y gracias a las cuales somos como somos.
El estudio ha analizado alrededor de 16.000 genomas de individuos que vivieron en los últimos 10.000 años en Eurasia y ha logrado descifrar qué variantes genéticas han cogido fuerza desde la aparición de la agricultura y el surgir de las sociedades modernas
Ejemplos de selección natural
El estudio muestra que en los últimos milenios la selección natural ha actuado sobre variantes genéticas que aumentaron la probabilidad de supervivencia y reproducción de nuestros antepasados en distintos entornos. Un ejemplo muy claro es el caso de la pigmentación de la piel. Los homínidos que al salir de África se desplazaron hacia regiones con menor radiación solar se quedaron con ciertas variantes asociadas a una menor producción de melanina, ya que, en ese contexto, tener la piel más clara podía facilitar la síntesis de vitamina D. De forma similar, con la expansión de la agricultura surgieron presiones selectivas que favorecieron variantes relacionadas con la digestión de nuevos alimentos, como los cereales o los productos lácteos. Algo equivalente ocurrió con el sistema inmunitario, donde fueron ganando peso aquellas variantes que mejoraban la respuesta frente a infecciones frecuentes en poblaciones cada vez más densas y expuestas a nuevos patógenos como, por ejemplo, la lepra.
El estudio indica que se dio una selección natural en pro de la piel más clara para favorecer la absorción de vitamina D para los humanos que se desplazaron a regiones con menos radiación solar
La parte curiosa de esta historia es que, según señala este trabajo, la selección natural no es siempre tan intuitiva o tan ventajosa como podríamos creer. El análisis, de hecho, señala que muchas de las variantes que fueron útiles en el pasado hoy se asocian a enfermedades como la diabetes tipo 2, la celiaquía o ciertos trastornos psiquiátricos. Y no porque la selección natural se haya equivocado o porque los genes de enfermedades sean más fuertes. Los científicos afirman que, aunque resulte contra intuitivo, muchas de las variantes que ahora asociamos con enfermedades en su día ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir. Algunas de las variantes genéticas que en el pasado ayudaban a aprovechar mejor alimentos escasos pueden ahora aumentar el riesgo de diabetes en un entorno con abundancia de comida.
Ventajas funcionales
El trabajo también identifica variantes genéticas que en distintos momentos de los últimos milenios pudieron favorecer ventajas funcionales más amplias. Algunas de estas están hoy asociadas a menor probabilidad de calvicie de patrón masculino o a menor riesgo de enfermedades como la artritis reumatoide y el alcoholismo, lo que sugiere que pudieron mejorar la salud general o la resistencia fisiológica en contextos históricos donde las infecciones, el desgaste físico y la supervivencia cotidiana eran más determinantes. Otras se relacionan con lo que los investigadores describen como "indicadores de longevidad saludable" como, por ejemplo, ciertas características que confieren un ritmo de marcha más rápido, posiblemente vinculado a mejor condición física y eficiencia metabólica. También se ha identificado la selección de ciertos genes que confieren porcentaje de grasa corporal más bajo, menor susceptibilidad al tabaquismo y menor riesgo de trastorno bipolar.
Nos hemos quedado con genes que nos dan menor probabilidad de calvicie, menor riesgo de enfermedades como la artritis reumatoide y el alcoholismo, y un porcentaje de grasa corporal más bajo respecto a nuestros antepasados
La gran conclusión del estudio es la idea de que la selección natural reciente no ha sido un fenómeno puntual ni limitado a unos pocos casos conocidos sino un proceso amplio, continuo y mucho más activo de lo que se creía. En este sentido, los científicos afirman que este estudio desvela la existencia de centenares de variantes genéticas que han aumentado o disminuido su frecuencia de forma consistente a lo largo de miles de años para ayudar a ciertas poblaciones humanas a ajustarse de forma más ventajosa a nuevos entornos, dietas, patógenos y formas de vida. Esta visión, afirman los expertos, desplaza la idea de una evolución humana "en pausa" y la sustituye por la visión de una especie cuya biología sigue moldeándose lentamente, incluso en las sociedades modernas, por las circunstancias del mundo en el que vive.
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