Diario a bordo de la Flotilla a Gaza: «A la altura de Baleares ya empezaron a aparecer los primeros drones de vigilancia»
El activista por los derechos humanos Manuel García fue una de las personas que participó en la travesía que marcó un hito en la ayuda humanitaria al pueblo palestino en 2025, registrando una crónica personal de la misma y que esta semana presentó en Galicia en forma de libro

Manuel García con un ejemplar del libro. / FdV

Cada día, registraba un pequeño diario en el que relataba los avances a bordo, el contexto político y social que envolvía a la acción solidaria y testimonios, pero también los lugares y animales que se cruzaban en su travesía. Activista por los derechos humanos, Manuel García no dudó a la hora de sumarse el año pasado a la Global Sumud Flotilla que zarpó desde Barcelona hacia Gaza, marcando un hito en la ayuda humanitaria internacional al pueblo palestino. Consciente de la relevancia de aquella movilización marítima, García quiso dejar testimonio escrito del viaje solidario que lo llevó a permanecer varios días en prisión tras ser los miembros de la misión humanitaria interceptados y capturados por las autoridades israelíes, una crónica en primera persona que esta misma semana ha presentado en distintas ciudades gallegas y que esta tarde, a las 20.00 horas, dará a conocer en el salón de plenos del Concello de Moaña.
«La travesía fue extraordinaria en el sentido de que, durante la navegación, recibimos información de todo el mundo, no solamente a través de los medios de comunicación. En nuestro barco había personas de 14 nacionalidades y en toda la flotilla de 45, por lo que la gente nos transmitía lo que iba sucediendo en sus respectivos países, en comunicación directa con sus grupos de solidaridad y familias. Es por esto que nos sentimos completamente arropados por la enorme movilización que la iniciativa generó durante todo el mes y, al mismo tiempo, sentíamos que llevábamos en la flotilla a millones de personas con nosotros que no podían ir, pero que de buena gana nos habrían acompañado y que en sus centros de trabajo, en sus barrios, en la calle, estaban haciendo lo que podían contra el genocidio», cuenta Manuel García.
De sus vivencias a bordo del «Sirius», el activista malagueño relata también que la tripulación recibía «noticias directas de Gaza, de personas con las que teníamos contacto y nos llegó un vídeo extraordinario de un grupo de jóvenes en la playa que lo grabaron con una canción dedicada a la flotilla y a la solidaridad internacional con Gaza, lo cual fue muy emotivo para nosotros. La parte bonita fue esa, además de compartir espacio con personas maravillosas, muy entregadas y muy concienciadas, que sabían que se estaban jugando la vida, pero que no dudaban en seguir con la navegación a pesar de que desde la estructura de la flotilla se preguntaba repetidamente si alguien se quería bajar del barco, al pasar por puertos en los que sería posible».
Los ataques
En cuanto a la cara menos amable de la acción humanitaria, Manuel García explica que pronto hizo su aparición en forma de dron: «Al poco de salir de Barcelona, a la altura de Baleares, ya empezaron a aparecer drones de vigilancia. Se movían por encima de los barcos y se marchaban. En un principio pensamos que no nos iban a atacar, pero en Túnez se produjo ya el primer ataque con bombas incendiarias, luego a la altura de Sicilia, en una noche atacaron a 14 barcos. Aquello creó la incertidumbre de no saber si nos iban a hundir, si le iban a prender fuego a tu barco o qué podría pasar». Tras aquellos ataques, «el gobierno italiano decidió enviar un barco de 'protección' para los ciudadanos italianos que iban en la flotilla y luego el gobierno español. Esos barcos realmente no iba a proteger el derecho libre a la navegación, que sería lo deseable, sino que tenían la función de socorrer si acaso nos hundía o nos pasaba algo. De alguna manera, aquello fue positivo para nuestras familias y para nuestra gente, pensar que íbamos un poco más seguros».
La protección que teníamos de la propia movilización a nivel mundial fue una salvaguarda para nosotros
Tras aquellos episodios, Manuel García recuerda que «cerca de Gaza ya fue cuando nos apresaron, nos llevaron a puerto y nos metieron, como habían prometido, en una cárcel de alta seguridad. Yo creo que la protección que teníamos de la propia movilización a nivel mundial, que estaban pendientes de nosotros, al mismo tiempo que continuaban protestando para que finalizara el genocidio, fue una salvaguarda para nosotros y por eso no se nos aplicaron las leyes antiterroristas, tal y como habían amenazado. Estuvimos cinco días, algunos seis, pero luego ya volvimos a nuestras casas y el 11 de octubre entró en vigor el acuerdo del alto al fuego. Eso yo lo considero una gran victoria de la movilización popular, una victoria del pueblo palestino y una esperanza que es verdad que no se ha traducido en todo lo que hubiéramos querido, porque Israel no lo ha respetado ni un solo día».
La movilización por los derechos del pueblo palestino debe globalizarse, porque es también una movilización por la paz mundial
En cuanto a la situación actual, el activista por los derechos humanos menciona que «la lucha del pueblo palestino es increíble, pero ahora mismo sigue viviendo una situación dramática». En este sentido, García hizo referencia a que «el pueblo de Gaza está confinado en la actualidad en un 40% del territorio, mientras que el otro 60% lo controla el ejército israelí. Sigue sin entrar alimentación, medicina o energía suficiente, y la gente no tiene casa en la que vivir. Además, hay plagas de ratas y no existen medios para erradicarlas. La situación es desastrosa y por eso este próximo domingo saldrá otra flotilla, además de otra caravana que recorrerá el Magreb hasta intentar llegar a la frontera de Gaza por Egipto y continuar la movilización».
Buena parte de estas vivencias son las que Manuel García ha compilado en su libro que, tras su presentación en Galicia, continuará su recorrido de divulgación por el territorio español, concretamente, a lo largo de la próxima semana en Alicante y Murcia. El activista concluyó indicando que «creo que esta movilización por los derechos del pueblo palestino debe globalizarse, porque es también una movilización por la paz mundial que, como todo el mundo está viendo y percibiendo, está seriamente amenazada. Estamos en una situación bastante catastrófica a nivel mundial, porque la guerra va a traer miseria, muerte y pobreza a la mayoría del mundo, por eso hay que persistir en la movilización popular».
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