Entrevista | Lionel Shriver Escritora
«La izquierda se siente muy incómoda con el hecho de que no todos nacemos iguales»
La escritora, que clausura este lunes el ciclo literario con autoras de la MOP en A Coruña, reflexiona sobre la pérdida de la capacidad de análisis y la obsesión por el cuerpo y la belleza, reflejo de una sociedad que infravalora el pensamiento crítico

La escritora estadounidense Lionel Shriver. / Mark Kohn
Nico Carreira
Crea un mundo de paridad mental, es decir, de no discriminación intelectual en su novela Manía, pero, ¿estamos ya viviendo en él por causa del antiintelectualismo?
Es una novela que comenta el presente, pero desde un pasado alternativo. Nos lleva hasta donde estamos, no necesariamente señala hacia dónde vamos. La diversidad, la equidad y la inclusión, que antes se conocían simplemente como acción afirmativa en mi país, no han funcionado bien en Estados Unidos. Es contraria a la excelencia, contraria a la meritocracia; es racista. A mí nunca me gustó la acción afirmativa desde que apareció a principios de los años setenta, cuando yo era adolescente. Iba a solicitar plaza en la universidad y fue entonces cuando empezaron a favorecer a otras razas, especialmente a los solicitantes negros, para compensar las desigualdades del pasado. Nunca me pareció una buena solución usar la discriminación para resolver el propio problema de la discriminación. Así que, en Manía, diseñé obviamente una obsesión ligeramente distinta con la igualdad, pero es el mismo problema en esencia.
¿La inteligencia es un debate sin resolver?
Diría que la izquierda, en general, se siente muy incómoda con el hecho de que no todos nacemos iguales. Y, por tanto, no es justo. Hay gente muy inteligente y otra que es muy torpe. Eso no es mérito moral de nadie, ni tampoco culpa de quien simplemente ha nacido poco inteligente. Hay muchas personas inteligentes que no hacen nada con su inteligencia, o al menos nada bueno. Mucha gente es inmensamente más inteligente que yo y se lo agradezco. Si dependiera de mí, nunca habríamos tenido ordenadores y seguiríamos usando tablillas de piedra.
¿Estamos olvidando como sociedad que es importante ejercitar el cerebro al máximo?
Sí. Me preocupa que la inteligencia artificial vuelva mentalmente perezosa a la gente. Hay un pasatiempo del New York Times llamado Wordle al que le he cogido mucho cariño y es divertido. Es entretenido ejercitar el cerebro. Me gusta la idea del atletismo mental. Cuando dependes de dispositivos para resolver todos tus problemas o encontrar toda la información, tu cerebro corre el riesgo de volverse fofo, igual que el cuerpo cuando no sales de casa ni te levantas de la silla. Creo que ahora infravaloramos el hecho de saber cosas porque podemos buscarlas. Podemos preguntarle a Google, así que ya no necesitamos saber la capital de Illinois. No sintetizas la información, no la conectas, y eso justamente es pensar.
Convivimos con todo el conocimiento del mundo a un clic de distancia.
Ese saber no posee una forma permanente y es fácil imaginar que ocurrirá algo horrible con ello, con todo ese conocimiento en el que confiamos no desaparezca. Es una buena idea para una novela o al menos un relato corto.
¿Ha averiguado cómo trazar la línea que separa la estupidez socialmente aceptada de la socialmente castigada?
Tienes que usar tu propio juicio independiente, que escasea últimamente. Manía habla de la manía social, del problema de la histeria colectiva. Una de las grandes causas es que la gente no piensa, simplemente recibe estímulos. Perciben una creencia como algo que les conviene y no la someten al análisis crítico. Uno de los mejores ejemplos es la moda de la transexualidad. ¿Por qué es bueno? ¿Por qué es buena idea que, en una proporción nada insignificante, castremos a nuestros propios hijos? Eso es extraño. No supera una prueba básica de sentido común. No debería estar ocurriendo. Sin embargo, esta ideología ha tomado Occidente. Algún día terminará y miraremos atrás preguntándonos qué fue eso. Será el mayor escándalo médico de la historia. La novela, con todo, habla sobre mi miedo a que la gente creerá cualquier cosa y eso nos pone en riesgo a nosotros mismos como especie.
Esa última frase es potente. Tengo la intuición de que su novela El movimiento del cuerpo a través del espacio está conectada con Manía en el sentido de que el culto al cuerpo rige nuestras vidas.
Creo que tienes razón. El culto al cuerpo va más allá del atletismo. Yo me centré en la obsesión por el ejercicio, pero se extiende a la dieta y a todo lo demás. El movimiento del cuerpo a través del espacio trata sobre la preocupación por el envejecimiento y la mortalidad. La obsesión por el ejercicio, en particular entre los jóvenes, tiene que ver con ser atractivo. No es por salud. La gente dice que quiere estar sana, pero es pura vanidad. En mi caso, ahora que soy mayor, sí tiene más que ver con salud, porque tiene que ver con mi mortalidad, con seguir aquí por muy mal aspecto que tenga. Tendemos a atribuir cierta nobleza al logro atlético y no es noble. Es un comportamiento guiado por el interés propio, no tiene nada de malo. Tampoco es necesariamente algo admirable.
¿Es la belleza tan poderosa?
Es algo obviamente superficial. La belleza tiene un poder interesante. No posee cualidades morales. Creo que eso es lo que la hace tan fascinante, queremos considerar que la belleza es buena y tiene relación con ciertos tipos de excelencia, pero no es una virtud. La belleza no es virtuosa, es irresistible. Queremos sentirnos atraídos solo por lo bueno y no es así. La belleza a menudo no se gana, no es justa. Entiendo que la gente desee ese poder para sí misma. Puedes arruinar la belleza, pero si no naciste con ella, es muy difícil obtenerla por pura voluntad. Es un falso santo grial. Nunca llegarán a ser bellos.
Al recorrer sus libros, sus historias están llenas de sueños y aspiraciones, como en Todo esto para qué o Los Mandible. ¿Qué ha aprendido sobre las metas y no alcanzarlas?
Existe ese cliché de que la vida es lo que ocurre mientras haces otros planes. Mi visión sobre la felicidad siempre ha sido que es una trayectoria, no un punto al que llegas. Es estar involucrado en un proceso hacia algo. Eso es lo que mucha gente con un sueño no entiende: es la búsqueda de un propósito lo que te da sentido, no alcanzarlo. Si alcanzas el objetivo, ya no queda nada más por hacer. Y no hay nada peor que no tener nada que hacer, no tener propósito. Es mejor elegir algo inalcanzable.
Sus libros están muy ligados a nuestro tiempo. ¿Ha pensado alguna vez en ser leída en el futuro como una explicación de nuestra época?
Que mis libros sobrevivan en el futuro depende de los demás, no de mí. No me gusta obsesionarme con eso. Obviamente, si pudiera elegir, elegiría ser recordada cuando ya no esté. He hecho lo mejor que he podido con cada historia. He llegado al menos a un público razonable mientras he estado viva. Mi mayor preocupación es que la gente ya no lee y veo que eso solo va en una dirección. Me preocupa que Dickens no sea recordado, que Shakespeare no sea recordado, porque nadie lee en absoluto y nadie los estudia completos en la escuela. Estamos perdiendo nuestra conexión cultural con el texto, con el lenguaje. Muchos niños hoy se educan tanto a través de medios visuales que nunca alcanzarán ese nivel de fluidez con el texto.
Creo que tenemos que hablar de Kevin.
De acuerdo, está bien. Dispensa especial para ti.
Muchos años después del enorme impacto de su novela Tenemos que hablar de Kevin, ¿mira a ese libro con orgullo? ¿Es una obra destacada en su estantería?
Sí, lo miro con orgullo. No lo considero necesariamente el mejor libro que he escrito, pero está entre los mejores. Si los ordenáramos, no sé si merece estar en el primer puesto, pero sí cerca de la cima. No siento lo mismo por ese libro que por otros, porque tengo la sensación de que ya cumplió su misión. Tiene suficientes lectores que lo respaldan y no me necesita. En cambio, con mis libros menos leídos me siento más protectora y más abierta a promocionarlos, porque han sido algo infravalorados. Todo esto para qué creo que es uno de mis mejores libros. Es poco leído, especialmente en Estados Unidos, porque a los estadounidenses no les gusta leer sobre enfermedades, aunque en Francia fue muy popular. A los franceses les encanta lo oscuro.
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