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Historia de superación

El ‘renacido’ de Moraña, de demonio a ángel por su hijo: «Los que antes me odiaban ahora me felicitan por la calle»

Cuando entró en prisión para cumplir 5 años por tráfico de drogas, su hijo tenía 20 días de vida. Iván Lojo se juró que iba a cambiar y lo logró: los vecinos que le temían ahora elogian su transformación. Da charlas y ha escrito un libro sobre ello titulado «Renacer»

Iván Franco Lojo, en una autofoto con su hijo, Marcos. | IVÁN FRANCO LOJO

Iván Franco Lojo, en una autofoto con su hijo, Marcos. | IVÁN FRANCO LOJO

Rafa López

Rafa López

Vigo

En «El renacido» (2015), el protagonista, Leonardo DiCaprio, es atacado por un oso y, aunque muy malherido, se repone prodigiosamente con un solo pensamiento: vengar a su hijo asesinado. El oso con el que tuvo que pelear Iván Franco Lojo desde niño le dio varios zarpazos: una familia desestructurada, trastorno mental, la pérdida a los 12 años de la única persona que lo entendió, y una adicción a las drogas que lo llevó a la delincuencia y a la cárcel. «Con 14 años era un bala perdida, y con 17, un auténtico hijo de puta –afirma, sin ambages–. Estuve perdido hasta los 24 años, cuando fue mi primera condena a prisión. Ahora me siento orgulloso, en Moraña me paran por la calle y me dicen: ‘¡cómo cambiaste!’ y me preguntan dónde pueden comprar mi libro». Se titula «Renacer: La verdad de una vida marcada» y está disponible en Amazon.

Al igual que el explorador de la película, al «renacido» Iván Franco le dio la fuerza para no rendirse su hijo. En su caso no hay afán de venganza, sino amor por su pequeño y el férreo propósito de no fallarle a él ni a la sociedad. Sigue en libertad condicional y hace unos meses le quitaron la pulsera telemática. Su transformación comenzó el 19 diciembre de 2021, cuando ingresó en prisión y su hijo, Marcos, apenas tenía 20 días de vida. «Lo único que pedía era pasar esas Navidades con él. Entré en la cárcel pensando en mi hijo, y aunque no pudo ser, fui muy feliz esa Navidad pensando en él», relata.

Iván tuvo el ofrecimiento de un amigo para ocultarse en una casa y poder ver a su hijo esa Navidad, pero pronto descartó el plan: «Pensé que le iba a fallar al estar fugado, me podrían trincar antes y comerme una mayor condena, así que decidí entregarme».

No quería para su hijo una infancia como la suya: nacido en una familia desestructurada, de niño padecía terror a la oscuridad, un problema psicológico, dice, que solo comprendía su abuela, con la que pasaba mucho tiempo. «Un día, con 12 años, estaba jugando a doscientos metros de casa en la aldea y vi un helicóptero volando bajo, vecinos corriendo... Un vecino mío que es guardia civil me llevó para su casa». Su abuela había muerto, pero no se lo dijeron hasta varias semanas después. «Que no me dejaran despedirme de ella en el cementerio me dio mucha rabia. Pensaba: me las vais a pagar».

Fue el inicio de su caída hacia el abismo: «Con 13 años ya estaba solo hasta las 6 de la mañana; con 14 salía de noche sin control, y con 17 ya vivía totalmente solo».

En plena rebeldía adolescente sufrió una agresión de un tío suyo que le dejó secuelas: varicocele, una dilatación de las venas dentro del escroto. «Llevaba cinco años con mi pareja y no se quedaba embarazada. Algo iba mal, así que fui al médico a revisarme. Ya pasé por tres operaciones y estoy pendiente para pasar por otra». Transcurridos seis meses de la primera cirugía, su ahora expareja quedó encinta y nació Marcos, un hijo muy deseado que le cambió la vida.

«Cuando tuve a mi hijo yo ya llevaba tres años casi bien: tenía trabajo estable, aunque estaba muy enganchado a los porros y seguía traficando con droga –explica Iván Franco–. Mi obsesión era comprarme cosas caras, todo eso que no tienes cuando eres joven. Quería demostrar que valía, que todos los que se rieron de mí supieran quién soy yo».

Respecto a su historial delictivo, precisa que solo robó cobre, aunque sus vecinos desconfiaban de él cuando se producían otros hurtos, algo que considera lógico. «Robé y mentí mucho. Había mucho jaleo de gente que venía a pillar droga a mi casa. Los vecinos, claro, se cansaban y pedían explicaciones. Yo me venaba y salía fuera. A un vecino de 60 y pico años le rompí un barrote de madera en la cabeza. Yo tenía 17 años. Fui un auténtico hijo de puta en ese sentido», reconoce.

Ahora Iván Franco quiere dar charlas en institutos, tras una experiencia piloto que salió muy bien. Alerta del peligro de las drogas y el alcohol, que en su caso actuaron como «gatillo» que le disparó una esquizofrenia paranoide. Con ayuda de la Asociación Lenda Saúde Mental, de Redondela; de la Fundación Érguete y los Centros de Inserción Social (CIS), ahora es un hombre nuevo. Toma una medicación «suave» que le permite trabajar en Dena (Meaño). «Gente que dice que no me podía ver delante, que me odiaba... ahora me elogian en Instagram», cuenta con orgullo. Su nueva pareja quiere con locura a Marcos y tramitan la custodia compartida con su ex.

«Me formé, estudié, realicé formación profesional y monté mi propio negocio de agricultura. Aprendí a ser un buen padre y escribí un libro como testimonio de mi transformación. Quiero compartir mi experiencia para inspirar cambios positivos en quienes están atravesando situaciones similares a las que yo viví», concluye el «renacido» Iván Franco.

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