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Entrevista | Dominic Royé Investigador de la Misión Biológica de Galicia

«El calor moderado crónico que se sufre cada día puede ser un veneno»

Señala que Galicia tiene cero refugios climáticos pero Barcelona 400 nAvisa de que un 35% de la población no tiene confort térmico en casa

Dominic Royé

Dominic Royé / Linkdn

Mar Mato

Mar Mato

Vigo

El pasado verano en España fue el segundo con mayor mortalidad atribuida al calor: fallecieron 15.711 personas. Es uno de los datos de la Misión Biológica de Galicia (del CSIC) en un estudio publicado en «Nature Climate Change» donde se analizan las experiencias españolas en refugios climáticos.

Hemos hablado con el investigador principal del estudio, el alemán radicado en Galicia Dominic Royé, para que esclareza qué es un refugio climático, cuál es su importancia de cara al futuro y qué riesgos ve en las altas temperaturas para la supervivencia de los individuos.

—¿Contamos en Galicia con algún refugio climático y qué requisitos deberían reunir?

En Galicia, que me conste, no hay ninguna red de refugios climáticos. Los requisitos son variados. Hay que tener en cuenta que no hay una definición estandarizada por lo que varían los requisitos mínimos que deben cumplir. En el caso de Barcelona, donde son pioneros, estos refugios son donde podemos tener un confort térmico. Normalmente hay una combinación de (espacios de) interior, con un confort térmico regulado, y exterior. En estos últimos no hay incidencia directa del sol. Hay que aclarar que una zona verde por sí misma no significa que tenga confort térmico aunque baje un poco la temperatura en días de calor. Al principio se consideraba una herramienta de emergencia para proteger a la población.

—¿Cuáles son los puntos claves del ‘comentario’ que ustedes han publicado en la revista de Nature?

Por una parte, el calor mata más de lo que creemos. El calor es el asesino silencioso. La gente no ve los riesgos. Los refugios son una parte de la solución. Es una respuesta concreta para reducir la mortalidad sobre todo en grupos más vulnerables. Ahí España lidera con lecciones aprendidas sobre todo en Barcelona que empezó a introdudir los refugios climáticos hace años. Tiene unos 400 tanto en interior como exterior. Los espacios interiores deben tener la temperatura controlada para confort. Debe haber una integración con los servicios sociales y sanitarios. Un refugio climático no solo es un espacio con aire fresco; sino una infraestructura que deben cuidar los ayuntamientos. Hay que dejar de verlos como espacios de emergencia para ser una infraestructura urbana de cuidado permanente. Necesitamos coordinación y ayuda entre el Estado, comunidades autónomas y municipios.

Foto de archivo de un día de calor en España.

Foto de archivo de un día de calor en España. / David Arjona

—¿Y en el caso de los refugios exteriores?

Ahí necesitamos una monitorización de las condiciones que determinen si son aptos en cada momento para serlo porque puedes bajar la temperatura de la superficie en unos grados pero eso no significa que haya confort.

—¿Qué fallos ve en general en los refugios españoles?

En general veo que no están bien ubicados. Hay población vulnerable que los debería tener cerca y tener acceso a ellos. Además, los horarios muchas veces son insuficientes. El principal problema está en las noches calurosas que piden poder estar bien para descansar o trabajar. En Barcelona hay noches con mínimas de 25 grados. Ahí hay un problema enorme; hay gente que no consigue tener confort en su casa durante la noche.

—¿Debería haber por parte de los gobiernos una definición estandarizada?

Creo que sí. Poner solo zonas verdes no es tener una red de refugios climáticos como tal. Hay que intentar un mínimo de indicadores en común. Pero no es lo mismo estar en Sevilla que en el norte; es más complejo.

—¿Debería haber un refugio climático o muchos en cada ciudad?

Si tomamos el ejemplo de Barcelona debería haber muchos. Allí incluso tienen microrrefugios climáticos, por ejemplo, farmacias, donde uno se puede refugiar durante un periodo corto. En nuestro comentario señalamos que a lo mejor también podrían ser espacios culturales donde poder trabajar, descansar o dormir cuando haga falta.

—No vemos el calor como la amenaza real que puede ser.

No es algo que se ve como la dana. El año pasado hubo unas 5.000 muertes por calor extremo. El resto (unas 10.000) fueron por calor moderado o crónico, el que se va sufriendo cada día, puede ser un veneno.

—¿El poder adquisitivo marcará líneas de diferencia?

La justicia climática es importante. Las personas con más recursos económicos no van a tener problemas porque tendrán dinero para hacer cambios en su casa; pero hay mucha población que no. Un 35 por ciento de la población no puede tener confort térmico en su hogar. El aire acondicionado no es la solución.

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