Máximo Huerta: «Cuido a mi madre también por egoísmo»
«Mamá está dormida», la última novela del autor, es una ficción nacida de la realidad de atender a su madre con Alzhéimer. Sobre ella habló el escritor en Club FARO

Máximo Huerta y Nuria Sáinz, ante el público asistente a la sala de conferencias del Museo Marco. | JOSÉ LORES
La pregunta «¿Y tu hermano, dónde está» sirvió de inspiración a Máximo Huerta para escribir su última novela, «Mamá está dormida». Su interlocutora es su madre, aquejada desde hace años de Alzhéimer, y a la que él, hijo único, cuida desde hace años. «Durante semanas mi cabeza no paró de dar vueltas, mi madre se había casado tarde, le pregunté si había tenido un amor antes de mi padre.... hasta que me di cuenta de que era su demencia e intenté decirle la verdad pero vi que no ayudaba», relató este lunes el autor en Club FARO, en un acto con la sala de conferencias del museo MARCO abarrotada. «Así surgió la novela, que es una historia de ficción pero sin huir de una realidad, la que tengo sentada cada día en el sillón de al lado», comentó Huerta, que fue presentado y entrevistado por la periodista Nuria Sáinz.
Gran parte de la charla giró en torno al papel del cuidador, a cómo afecta a su vida dedicarla por entero a un ser querido y a las alternativas posibles de ingresar en un centro al enfermo dependiente. «El cuidado afecta a tus amistades, a tu salud, a tu pareja; no diré si es mejor o peor ir a una residencia, depende las circunstancias y el trabajo de cada uno. Yo puedo escribir desde casa, he cambiado hasta mi lugar de trabajo (ahora es el sillón) y mi manera de escribir: ahora es mejor. Y también es un acto de egoísmo que ejerzo yo, porque no quiero quedarme con la sensación de que lo he hecho mal. Lo hago porque quiero, puedo y sería incapaz de no estar ahí; estoy en alerta constante, a veces me desespero y he ido aprendiendo sobre la marcha cosas como que mentir como acto de protección, de amor, es maravilloso».
Sin miedo ni pudor, Huerta ha enfrentado desde la honestidad una novela que lejos de recrearse en el drama «para no amargar al lector», está repleta de ternura, humor e incluso belleza. Es la historia de Federico y Aurora, hijo y madre, que emprenden un viaje en autocaravana por España en busca de otro posible hijo de la mujer. Ella «representa a las madres de una generación de mujeres abnegadas, cultivadas por el franquismo en la Sección Femenina, que no han hecho lo que han querido en la vida, sino lo que la sociedad, el cura, el pueblo o sus maridos esperaban de ellas». «Ese tipo de mujer se acaba ya, son las que han mantenido al país, han cuidado a sus hijos, a sus viejos y a sus suegros».
Aurora, un personaje poderoso y con mucho sarcasmo, es pudorosa, «le enfada que Dios sea hombre porque la ve desnuda, imagínate que la tenga que lavar un hijo». «Es madre, pero ante todo es mujer, creo que infantilizar a las personas mayores es un error, hay que mirarlas como las personas independientes, autónomas y jóvenes que han sido».
Huerta habló también de la librería que abrió en su pueblo, Buñol, de cómo lleva la promoción de su novela («verbalizar me escuece un poco pero también me ayuda») y de cómo selecciona los lugares a los que viaja para no dejar más de dos noches a su madre a cargo de una cuidadora. Habló también sobre la memoria, «muy novelera», «el alzhéimer colectivo» y de cómo se activa sensorialmente, a través de un olor, un sabor o un sonido.
Cuidar de un familiar es empezar a despedirse de él
En el caso de su novela, como en el suyo propio, Máximo Huerta asume en solitario el cuidado de su madre, pues es hijo único y carece de otros bastones familiares donde apoyarse. El protagonista de su ficción, una novela que nunca le hubiera gustado escribir pero sí leer, según comenta, se va desdibujando a lo largo de la trama, como les ocurre a todos los cuidadores. Se difumina porque solo existe la madre y sus necesidades, al tiempo que se va dando cuenta de que cuidar a un familiar con alzhéimer es empezar a despedirse de él.
«Cuidar es algo que no hace ruido, no tiene ninguna épica», reflexiona Huerta, es algo que han hecho solo las mujeres, aunque en el caso de su novela, y de su vida, lo asume un hombre, y ello implica la incomodidad de la desnudez o el pudor por ciertas conversaciones que nunca se han tenido antes. Es también duro cuando se pierde la paciencia en las batallas diarias que se van ganando y dan pocas alegrías.
Que el cuidado permanezca en el ámbito doméstico le ha venido bien a los gobiernos para no afrontar el gran debate de la vejez y la ayuda a la dependencia en una población envejecida cada vez con menos hijos.
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