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Reto viral peligroso

La 'dieta de comer plástico': un peligroso reto que promueve trastornos como la anorexia y la bulimia entre jóvenes

Esta práctica consiste en masticar alimentos envueltos en film transparente para después escupirlos y evitar así consumir calorías. Los especialistas alertan sobre los riesgos que conlleva para la salud física y mental, así como su influencia en el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, que cada vez se detectan a edades más tempranas. «El mensaje de esperanza es que pueden curarse», señala la psicóloga Rosalía Campos

Dos jóvenes chinas comiendo con plástico, en sendos vídeos subidos a redes sociales.

Dos jóvenes chinas comiendo con plástico, en sendos vídeos subidos a redes sociales. / FdV

Vigo

La 'dieta de comer plástico' (plastic eating) es el nuevo y peligroso reto para adelgazar que se ha vuelto viral entre los jóvenes de China a través de redes sociales como TikTok. Consiste en masticar alimentos envueltos en film transparente para después escupirlos y evitar así consumir calorías. «Es una forma de autocensura muy dura, porque la persona se expone al sabor, al olor y a la textura de la comida mientras se prohíbe ingerirla», explica Rosalía Campos, psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) del gabinete vigués Adamia Psicología.

Se trata de una práctica de alto riesgo, que puede provocar asfixia y bloqueo intestinal, y que favorece el desarrollo de TCA. «Este tipo de dinámicas pueden convertirse en un detonante para desarrollar trastornos como anorexia, bulimia o trastorno por atracón. Al mismo tiempo, detrás de esta conducta podría existir una obsesión previa con la alimentación y el peso», advierte.

Aunque en su gabinete todavía no han observado casos así, Campos no descarta que comiencen a aparecer pronto. «Este tipo de tendencias se difunden con mucha rapidez a través de las redes sociales. Están hablando de una cuando ya ha aparecido otra», afirma.

En este sentido, la psicóloga alerta de la enorme influencia que ejercen las redes sociales, especialmente entre los adolescentes y adultos jóvenes. «En los últimos años, los casos trastornos de la conducta alimentaria han aumentado de forma muy significativa. Algunos estudios hablan de incrementos cercanos al 500%, especialmente vinculados al impacto de las redes sociales», sostiene.

Según Campos, la 'dieta de comer plástico' recuerda a algunas conductas que aparecen en personas con TCA, como el uso de chicles. «Muchas personas mastican chicle para llenar el estómago de aire o gas 'saciar' el hambre. Sin embargo, el cerebro no se engaña con este tipo de dinámicas y queda insatisfecho. Cuando existe una restricción o censura de la alimentación, el organismo y las emociones buscan compensar, por lo que después suelen aparecer los episodios de atracones», explica.

La incidencia de los trastornos de la conducta alimentaria sigue siendo mayor en mujeres que en hombres —aproximadamente una proporción de cuatro a uno—. Esta diferencia se relaciona en gran medida con la presión social sobre el físico, que continúa siendo mayor en las mujeres. No obstante, otros factores implicados en estos trastornos, como la necesidad de control, las heridas de la infancia o los traumas, pueden aparecer en cualquier género, según Campos.

«Desde pequeños buscamos sentirnos válidos, porque es una necesidad básica del ser humano. El problema actual es dónde se aprende que se encuentra esa valía. Muchos adolescentes están interiorizando que reside en el físico o en la estética. Si creen que la aceptación depende del cuerpo, harán todo lo posible por alcanzar ese ideal», alega.

Los casos de trastornos de la conducta alimentaria aparecen cada vez a edades más tempranas. Según la psicóloga, cuadros que antes se observaban a los 18 años ahora empiezan a detectarse a los 12 o 13. Aun así, advierte que los adultos también pueden desarrollarlos, a veces tras un evento estresante o traumático, o arrastrarlos durante años.

Prevención

Cambiar el ideal de éxito asociado al físico podría reducir la incidencia de estos trastornos, aunque no los eliminaría por completo. «Los TCA son problemas multifactoriales. Intervienen factores individuales, experiencias de vida, traumas, dinámicas familiares y rasgos de personalidad. Las redes sociales son un elemento que amplifica el problema, pero no el único», argumenta Campos.

La educación nutricional también es clave en la prevención. Muchas personas con trastornos alimentarios mantienen creencias muy rígidas sobre alimentos «buenos» y «malos», según la psicóloga. «Estas ideas suelen proceder de información sesgada o de fuentes no especializadas. Por ello, el tratamiento debe incluir profesionales especializados tanto en nutrición como en psicología», detalla.

La psicóloga Rosalía Campos.

La psicóloga Rosalía Campos. / FdV

"Los casos trastornos de la conducta alimentaria han aumentado un 500%, especialmente vinculados al impacto de las redes sociales»

Rosalía Campos

— Psicóloga especializada en TCA

La especialista es partidaria de limitar la difusión en redes sociales de perfiles que promueven conductas relacionadas con trastornos alimentarios, ya que suelen estar idealizados, tienen muchos seguidores y pueden transmitir mensajes perjudiciales para la salud física y mental de los adolescentes. «Los retos virales en redes sociales pueden ser especialmente peligrosos porque llegan a adolescentes, que todavía están construyendo su identidad. Aunque algunos vídeos adviertan de los riesgos, muchos jóvenes se centran en el reto y en la aprobación social que puede generar», advierte.

Además, los adultos deben revisar los mensajes que transmiten, evitando comentarios gordofóbicos o juicios sobre el cuerpo. «Dar ejemplo manteniendo una relación saludable con la comida y con el propio cuerpo es fundamental», comenta.

Conductas como la 'dieta de comer plástico' resultan difíciles de detectar, ya que suelen llevarse a cabo en secreto. No obstante, existen otras señales que pueden alertar de que un adolescente está desarrollando una relación de riesgo con la alimentación. Cuando comienza a gestarse un trastorno, suelen aparecer cambios en el carácter, en la vida social y en los intereses personales. «Es posible que tienda a aislarse, desarrolle conductas obsesivas relacionadas con los estudios, el orden o la imagen corporal, o incremente de forma notable el uso de las redes sociales», explica.

La 'dieta de comer plástico' es solo el último reto alimentario que se ha hecho viral. «Existen numerosos retos relacionados con el cuerpo: medir la cintura con un folio, comprobar si hay hueco entre los muslos o que las clavículas se marcan. Cuando este tipo de dinámicas se difunden ampliamente, las personas más vulnerables tienden a imitarlas», sostiene.

Según Campos, los trastornos más frecuentes en consulta son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. «Este último es menos conocido, pero bastante común. En él también aparecen episodios de atracones, aunque sin conductas purgativas. La comida se utiliza como regulador emocional para aliviar estados intensos de estrés o malestar», detalla.

Los TCA son trastornos mentales graves, con una alta tasa de mortalidad y con componentes cognitivos, fisiológicos y conductuales muy complejos. Sin embargo, también existen conductas que no llegan a cumplir los criterios diagnósticos pero que limitan considerablemente la vida de la persona, como la obsesión por el físico o la sobrevaloración de la delgadez. Una persona puede no desarrollar un trastorno completo y aun así vivir condicionada por una obsesión con la comida, la delgadez o la apariencia física, especialmente cuando las redes sociales asocian estos aspectos con el éxito. Estas dinámicas pueden predisponer claramente al desarrollo de un trastorno, aunque cada caso debe analizarse de forma individual, según la psicóloga.

Sin embargo, existe luz más allá del túnel. «Es importante transmitir un mensaje de esperanza. Los trastornos de la conducta alimentaria pueden curarse. La recuperación requiere ayuda profesional, compromiso personal y apoyo del entorno, pero es posible. Muchas personas describen el proceso de recuperación como volver a vivir y redescubrirse», sostiene.

La duración del tratamiento depende en gran medida del momento en que se solicita ayuda. Según Campos, cuando el problema se detecta de manera precoz, el proceso puede ser más breve. Si el trastorno lleva años instaurado, resulta más difícil revertir los hábitos y los patrones de pensamiento.

Aun así, cada vez más familias buscan ayuda antes, en gran medida porque la confianza en la psicología y el conocimiento social sobre este tipo de problemas ha aumentado.

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