19 de marzo, Día del Padre
El padre actual: de proveedor económico a figura activa en la crianza de los hijos
La transformación del rol paterno en España, desde finales de los años ochenta, ha impulsado a los hombres a involucrarse de manera activa en el cuidado de los hijos, aunque persisten desigualdades en comparación con la participación de las mujeres en el hogar y en las responsabilidades familiares

Pedro Pérez, en el parque infantil con sus hijas, Alex y Ari. / Iñaki Osorio
La figura del padre ha evolucionado del rol tradicional de proveedor económico hacia un modelo de corresponsabilidad familiar, participando de manera activa y emocional en la crianza de los hijos. Según José Durán, sociólogo de la Universidad de Vigo (UVigo), este cambio comenzó en España a finales de los años ochenta con la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, impulsado por la evolución de los valores sociales y el relevo generacional hacia una paternidad más cercana y afectiva.
«El padre ya no solo lleva el sustento a casa; hoy participa, siente y educa junto a sus hijos», afirma Durán. El modelo tradicional del padre «ganapán», centrado en el trabajo y distante del hogar, ha dado paso a padres implicados en tareas cotidianas como alimentar a los bebés o atender sus necesidades. Sin embargo, añade que los estudios indican que aún se implican menos que las mujeres en la organización del hogar y en responsabilidades familiares como tutorías escolares o planificación doméstica.
Esta cercanía emocional genera retos, pues la autoridad se redefine y la transmisión de normas y valores puede resultar más complicada: «Sin afecto no se puede educar, pero solo con afecto tampoco; hacen falta reglas claras que guíen a los hijos», señala Durán.
El sociólogo recuerda que las generaciones anteriores priorizaban el logro social, buscando que los hijos superaran la posición de sus padres, mientras que las actuales, con mayor formación académica, valoran la realización personal y la felicidad individual, aunque se sienten menos seguras al educar y buscan orientación externa. Según Durán, este cambio refleja la transición de una sociedad centrada en el esfuerzo y el deber hacia otra enfocada en el desarrollo personal y valores hedonistas.

Pedro Pérez, con Alex y Ari. / Iñaki Osorio.
«No existe un manual único para hacerlo bien; cada familia actúa según sus valores y circunstancias»
Pedro Pérez (Ourense, 37 años) es fisioterapeuta y trabaja por cuenta propia. Es padre de dos niñas: Alex, de 5 años, y Ari, de 2. Reconoce que el nacimiento de sus hijas le ha cambiado la vida, aunque es una vida elegida. «Nadie te explica realmente cómo es la crianza antes de ser padre, pero nosotros siempre quisimos serlo y disfrutamos mucho de nuestras hijas», afirma.
El cambio principal, asegura, es que pierdes parte del tiempo personal que tenías antes para hacer deporte, quedar con amigos o disponer libremente de tu tiempo. «Ahora buscamos actividades en las que ellas también puedan participar, como ir al parque u otros planes familiares. Esa sería la parte más sacrificada. La parte positiva es disfrutar de ellas, verlas felices y poder cuidarlas nosotros mismos», añade.
Para él, la paternidad se basa en la presencia emocional y el tiempo compartido sin la interposición constante de pantallas. Entre él y su mujer, Tamara, fisioterapeuta también, se organizan para la crianza y la vida familiar. «Lo llevamos bastante bien y todo depende de cómo trabajemos. Uno trabaja por la mañana y el otro por la tarde. Quien empieza el día se encarga de organizar las tareas domésticas y quien trabaja después continúa con ellas más tarde», explica.
Este sistema les ha permitido pasar el mayor tiempo posible con sus hijas, algo que consideran esencial. «No somos partidarios de dejar a las niñas muchas horas con los abuelos o comiencen en la guardería demasiado pronto. Durante los primeros años de vida, lo que necesitan es presencia, es decir, que les prestes atención, que juegues con ellas, que estés ahí. Por eso también, nosotros intentamos evitar el uso de pantallas todo lo posible», sostiene.
Reconoce que muchos amigos y compañeros expresan su deseo de implicarse más en la crianza de sus hijos, aunque admiten que esto supone un esfuerzo personal importante y que la disponibilidad laboral resulta clave. «En mi caso tengo cierta flexibilidad porque soy autónomo y tengo mi propia empresa, lo que me permite organizarme sin afectar demasiado a los ingresos. Entiendo que otras familias no puedan hacerlo y tengan que priorizar la economía familiar», sostiene.
Esto no quiere decir, sin embargo, que ellos no hayan tenido que renunciar a parte de sus ingresos para poder conciliar vida familiar y laboral. «Para nosotros, la presencia emocional es más importante que la aportación económica. Por eso decidimos priorizar el tiempo con nuestras hijas, aunque implique renunciar a parte de los ingresos. Afortunadamente llegamos a fin de mes, y nos compensa completamente porque vemos que nuestras hijas son felices, activas y se sienten acompañadas», sostiene
En su opinión, que para ser un buen padre lo fundamental es que te gusten los niños y estar presente. «No existe un manual único para hacerlo bien; cada familia actúa según sus valores y circunstancias, y la presencia es una base muy importante para nosotros», explica,
Considera, sin embargo, que las políticas públicas no ayudan demasiado a este modelo de crianza. «Vivimos en una sociedad muy consumista donde es necesario generar ingresos constantemente. Las ayudas son escasas; prácticamente solo existe la ayuda de maternidad de cien euros mensuales, y poco más», dice.
Aunque no ha participado en grupos de apoyo para padres, sí buscó ayuda psicológica en un momento concreto. «Más que la crianza, lo que necesitaba era aprender a gestionar el impacto de la llegada de los hijos en la relación de pareja. La crianza puede absorber gran parte del tiempo y la energía, pero cuidar la relación también es fundamental para mantener el equilibrio familiar», comenta.

Óscar Rodríguez, con sus hijos Mateo y Martina. / Iñaki Osorio
«Más allá de lo que pueda aportarte, la crianza es una obligación de todos los padres»
Óscar Rodríguez (34 años) es autónomo y dirige una empresa del sector funerario en Ourense. Tiene dos hijos: Mateo, de 4 años, y Martina, de 2. Reconoce que intenta implicarse todo lo posible en su crianza, aunque el reparto de responsabilidades no siempre es completamente equilibrado. «Lo intento, pero mi mujer hace bastante más trabajo con ellos que yo», admite.
En su caso, la exigencia laboral es alta. Trabaja alrededor de doce horas al día y es consciente de que eso limita su presencia en casa. «No soy el mejor padre del mundo, pero intento esforzarme lo máximo posible para que no les falte de nada, ni económico ni emocional», reconoce con honestidad.
Entre semana suele llegar a casa alrededor de las siete u ocho de la tarde, momento en el que se incorpora a la rutina familiar: darles la merienda, llevarlos al parque, bañarlos, darles de cenar y acostarlos. Por la noche, también se reparten las interrupciones habituales de esta etapa de la infancia. «Cuando llaman por papá o por mamá, nos lo repartimos. A veces se levanta mi mujer y otras me levanto yo para darles agua o cariño», relata.
Los fines de semana, en cambio, su dedicación es a tiempo completo. Desde que los niños se levantan hasta que se acuestan, intenta estar completamente presente. «Es una especie de 'trabajo extra'. Lo disfruto, pero no siempre es fácil. A veces te gustaría irte a descansar con tu mujer», comenta.
Aunque no se ocupa de otras tareas como las lavadoras o la limpieza, la cocina es su terreno. «Yo hago siempre la cena en casa y el fin de semana también la comida. Disfruto haciéndolo y queremos que los niños coman de una forma saludable», dice.
Reconoce que criar a los hijos con dedicación implica esfuerzo. Llevarlos a actividades como natación, dedicarles tiempo de juego, garantizarles una alimentación saludable y las rutinas de sueño requieren organización y constancia.
Su pareja, Miriam, trabaja en casa. Lo decidieron así porque no querían delegar la crianza en los abuelos ni en cuidadoras. «Ella es la que está con ellos todo el día. Criar a dos niños tan pequeños es un trabajo agotador», comenta.
Para Óscar, la paternidad consciente tiene un valor que va más allá de lo que pueda aportar a nivel personal, que es mucho, confiesa. «Creo que es una obligación de todos los padres», reflexiona.
Sin embargo, reconoce que encontrar el equilibrio entre el tiempo dedicado a los hijos y la estabilidad económica familiar no siempre es sencillo. «Es un debate permanente: si es más importante el tiempo o tener estabilidad», afirma.
Asegura que los hijos contentan con muy poco a un padre. En su opinión, existe una diferencia natural entre la generosidad de los padres y el carácter inevitablemente más egoísta de los hijos. «Creo que todos los hijos lo somos», reconoce.
También reconoce que los propios padres contribuyen a esa dinámica, porque tienden a hacer sentir a sus hijos que son lo más importante de su vida. «No conozco a ningún padre que no haga sentir a su hijo que es lo más importante», sostiene.
Él intenta hacerlo lo mejor posible como padre, con sus aciertos y sus fallos. «Mi mayor miedo sería que algún día, mis hijos pensasen que no estuve lo suficiente en casa», reconoce. Por ahora, sin embargo, percibe que los niños valoran los momentos compartidos.
En casa, las normas son compartidas y se mantienen independientemente de quién esté con los niños. «Las normas son de la familia», sostiene.
La experiencia de la paternidad, explica, cambia mucho entre el primer hijo y el segundo. Con el primero, todo es nuevo y las primeras semanas se viven en un estado de alerta casi permanente. «Estás pendiente de si respira, de si está bien, de si se mueve». Con el segundo llega también la experiencia adquirida, lo que da cierta tranquilidad.
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