Entrevista | Sonsoles Ónega Escritora y periodista
«Ser mujer fue durante mucho tiempo un obstáculo añadido para crear»
Tras el éxito de «Las hijas de la criada», premio Planeta 2023, la periodista y escritora Sonsoles Ónega regresa con «Llevará tu nombre», una novela que homenajea a las mujeres, célebres y anónimas, que se resistieron a pasar de puntillas por la vida y a someterse a los dictados de una sociedad concebida para ser gobernada por los hombres

Sonsoles Ónega. / Javier Ocaña
Comillas, verano de 1882. Pocos días antes de la llegada del rey Alfonso XII, el hallazgo del cadáver de una mujer en la playa desata un escándalo y la joven Mada Riva es señalada como responsable del crimen. Así comienza Llevará tu nombre, la nueva novela de la periodista y escritora Sonsoles Ónega (Madrid, 1977), que llega tras el éxito de «Las hijas de la criada», obra galardonada con el Premio Planeta en 2023 y recientemente adaptada a la televisión.
Para proteger el honor familiar, el padre de Mada la obliga a desaparecer. En Madrid, la joven intenta reconstruir su vida entre la soledad y la escasez. Su talento para la lectura y la escritura la llevará a trabajar para don Gonzalo, un viudo noble e intelectual, mientras lucha por hacerse oír en una sociedad que silencia a las mujeres. En su camino por recuperar su identidad y su nombre, Mada también enseñará a leer y escribir a mujeres humildes, convencida de que la educación es el primer paso para imaginar un futuro distinto.
«Nadie podrá impedirme que empuñe una pluma. La palabra es lo único que me pertenece», afirma la protagonista en un momento de esta historia, que rinde tributo a tantas mujeres que no pudieron firmar sus obras con su propio nombre y tuvieron que ocultarse tras seudónimos masculinos o bajo el amparo legal de sus maridos. «Ser mujer fue durante mucho tiempo un obstáculo añadido para crear», afirma la periodista de Antena 3, que reanudó la gira de promoción tras el fallecimiento de su padre, el también periodista Fernando Ónega, el pasado 3 de marzo.
-Antes de nada, quería darle el pésame por el fallecimiento de su padre. Aunque era un periodista muy reconocido, ¿le ha sorprendido el cariño que ha recibido?
-Sabía que lo querían mucho, pero no imaginaba hasta qué punto. Ha sido muy emocionante ver la cantidad de compañeros que lo han reconocido y querido, y cómo se acercaron a la capilla para despedirse.
-Hablemos de Llevará tu nombre. Dígame por qué alguien debería leer la novela.
-Podría decirte: «Llama a mi editora y que te lo diga ella». Es broma, pero me da un poco de vergüenza responder a esto. Si consigo en el lector el mismo efecto que tuve yo al escribirla: evadirme de mi propia realidad, descubrir otros mundos, ser un poco mala como Jane o muy buena como Candi; si logro que el lector se ponga en los zapatos de los personajes y se evada de su vida por un rato, el objetivo estará cumplido.
-Esa literatura de evasión no siempre está bien valorada. ¿Por qué?
-No lo sé. A veces parece que el entretenimiento está mal visto. Y, sin embargo, creo que entretener es de lo más noble que puede hacer el ser humano. Conseguir que alguien abandone durante un rato sus preocupaciones me parece algo muy valioso. Allá cada uno con sus prejuicios, pero entretener desde una pantalla de televisión o desde un libro tiene un enorme valor.
-Los profesionales de la televisión que dan el salto a la novela también suelen ser objeto de críticas. Le ocurrió a usted cuando ganó el Premio Planeta, y también a Juan del Val.
-Creo que esa es una batalla casi perdida, pero no debería afectarnos. A mí no me afecta porque nunca una editorial vino a buscarme para escribir un libro. Ojalá hubiera sido así, habría sido mucho más fácil que ir de editorial en editorial con mi manuscrito para que alguien lo publicara. Siempre he escrito para publicar y lo tenía claro. Y, en cualquier caso, yo bendigo la televisión. Me parece una herramienta maravillosa de difusión de la cultura, del pensamiento, del humor y del drama. Si gracias a la televisión alguien entra en una librería, bendito sea.
«Entretener está mal visto a veces, pero me parece una de las cosas más nobles»
-Tras el éxito de Las hijas de la criada y un premio como el Planeta, ¿cómo se afronta un nuevo proyecto literario?
-Con reparos y con miedo. Las dudas se multiplican: el vértigo, el «qué dirán», el «qué voy a hacer ahora». Es verdad que Las hijas de la criada fue creciendo poco a poco entre los lectores mientras yo ya estaba escribiendo esta historia. Pero luego piensas: ¿gustará tanto?, ¿interesará a los mismos lectores? Esas dudas siempre están.
-Llevará tu nombre habla de una mujer escritora en una época en la que muchas no podían escribir con su propio nombre. ¿Qué le interesaba explorar sobre la relación entre escritura, identidad y libertades femeninas?
-No todas tenían prohibido firmar con su nombre, pero muchas sí. Emilia Pardo Bazán, por ejemplo, fue una gran afortunada: pudo escribir con su nombre y hacer prácticamente todo. Incluso mandar al marido al garete, algo que a veces olvidamos. En la novela, yo me permito situar esto como una circunstancia que ella buscó para poder escribir. Pero, en general, era durísimo. Primero porque los niveles de analfabetismo eran altísimos, especialmente entre las mujeres. Y luego porque ser mujer era un obstáculo añadido para crear. En la novela aparece Matilde Cherner, que firmó con el nombre de Rafael Luna y que rogaba a sus compañeros que le publicaran sus artículos. En el pequeño obituario que se publicó en prensa escribieron: «Murió mujer y pobre». ¡Mujer y pobre! ¿No es injusto? Yo, que soy la primera ignorante de la legión, esto no lo sabía. A mí me sorprendió descubrir todo eso porque nunca me lo enseñaron ni en el colegio ni en la universidad. Y como me sorprendió, quise compartirlo. Esa es la motivación final: querer compartir con los demás lo que tú descubres y las historias con las que te vas encontrando.
-¿Le sorprendió conocer más a fondo cómo era la realidad de las mujeres creadoras en esa España de finales del XIX?
- Totalmente. Sabíamos que muchas mujeres escribieron con seudónimos masculinos, pero bajar al detalle es durísimo. La mujer creadora lo tenía extremadamente difícil. Basta pensar que apenas había mujeres pintoras. ¿Cómo es posible? Probablemente porque los talleres de los grandes maestros estaban reservados a los hombres. La mujer ha sido muy maltratada en ese sentido.
«La televisión es una herramienta maravillosa de difusión de la cultura y del pensamiento»
-¿Ve paralelismos entre aquella época y la actual?
-No hablaría de analogías directas. Pero sí creo que la mujer creadora todavía lo tiene más difícil, sobre todo cuando quiere tener familia, y de ahí no me voy a apear. Históricamente la mujer ha acompañado al hombre creador, ocupándose de lo doméstico para que él pudiera escribir, pintar... Esa carga ha sido muy tediosa.
-Tras los incidentes del último 8M en Madrid, ¿cree que están en riesgo los derechos conquistados por las mujeres?
-Creo que hemos dejado que politicen en exceso el feminismo y lo digo con una pena profunda porque una cosa es la ideología y otra el uso partidista que se hace de ella. Ese manoseo que se ha hecho desde los partidos políticos del feminismo me parece atroz porque ha provocado rechazo, sobre todo entre las nuevas generaciones.
-Mada es un personaje de ficción, pero su historia refleja el día a día de muchas mujeres de su época, no solo de las creadoras, cuyo papel social se limitaba a ser madres y esposas. ¿Cree que su historia puede ayudar a comprender mejor esta realidad?
-Claro. Entender el origen de las cosas ayuda a entender el presente. En 2015 escribí Nosotras que lo quisimos todo, que surge del asombro que me produjo ser madre. Cuando fui madre y quise mantener mi carrera profesional sentí un choque enorme y me di cuenta de que vivía peor que mi madre o mi abuela en ese sentido. Esto me hizo estudiar profundamente todo esto para comprender el porqué. La respuesta es sencillita: las mujeres entramos en el mundo laboral con unas reglas diseñadas por hombres que nunca se habían ocupado del hogar. Por ejemplo, las jornadas laborales no tienen en cuenta cosas como el baño del niño o los deberes. No lo digo como una queja, sino como una constatación. Y esas reglas son las que hay que cambiar.
-Para Mada, la escritura es un refugio. ¿También lo es para usted?
-Totalmente. Es el lugar donde habito y donde soy más feliz. Es un espacio de silencio, de imaginación y de creación, aislado del resto del mundo. En la novela hay una escena que resume su esencia: cuando la protagonista lee lo que ha escrito a otra mujer y descubre el poder de la palabra. La palabra puede denunciar, emocionar y cambiar cosas.
-¿Cree que la palabra sigue teniendo hoy ese valor?
-Creo que no. Hemos vaciado las palabras de verdad. Hoy la usamos un día en un sentido y al siguiente en otro, y no pasa absolutamente nada. Eso se ha cargado también la épica del consenso y del acuerdo. ¿Cómo le devolvemos su valor? No lo sé. Yo en el programa sí le doy mucho valor a lo que decimos y que no nos contradigamos al día siguiente. E incluso cuando me equivoco, que lo hago, rectifico. No pasa nada por pedir disculpas.
«Hemos dejado que politicen el feminismo en exceso y eso ha provocado rechazo»
-¿Influye su mirada periodística en su forma de construir los personajes y armar las tramas?
-Muchísimo. Influye hasta en la mecánica de trabajo porque utilizo mucho la hemeroteca para construir ambientes, formas de hablar o modos de vida. En periodismo me gusta el texto directo y desnudo. En la literatura, en cambio, quizá me ocurre lo contrario, quizás me vengo arriba y puedo resultar pesada, barroca. Por eso admiro tanto a los escritores anglosajones, que son capaces de decir tanto sin un solo adjetivo.
-En la novela aparece mucho la idea del nombre propio. ¿Qué significa para usted tener voz?
-Es lo más importante. Lo único que tenemos es nuestro nombre. Nuestro prestigio, nuestra credibilidad, todo nace de ahí. Y se puede destruir en un minuto con un error. Esta idea es una de las herencias de mi padre, que siempre nos decía: «Solo tenéis vuestro nombre». Por lo tanto, chorradas las únicas, pero hoy todo va tan deprisa, todo se difunde a una velocidad de vértigo que por un error te cancelan en cinco minutos. Levantar el prestigio después es otra cosa.
-¿Está ya pensando en una nueva historia?
-Sí. Estoy escribiendo con mucha lentitud porque he dejado de fumar y para mí escribir con café y cigarrillos era un momento de felicidad. Ahora escribo más despacio, pero sigo trabajando. Tengo en mente una historia contemporánea y otra de época, ya entrando en el siglo XX.
-¿De dónde saca tiempo para escribir mientras mantiene su programa de televisión y atiende a su familia?
-Sobre todo por las mañanas. Y por la noche, si no llego muy cansada, porque no suelo rascarle horas al sueño. Y tengo custodia compartida, así que cuando mis hijos no están conmigo también aprovecho. Los fines de semana, en vacaciones… Tiempo hay, pero hay que querer sacarlo.
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