Francisco Haz, sociólogo de la USC: «Vivimos una epidemia de soledad»
Contamos con más herramientas que nunca para comunicarnos pero vivimos una época marcada por un individualismo sin precedentes
A las nuevas generaciones no les gusta hablar en público, por lo que nos dirigimos hacia una sociedad más introvertida en todos los sentidos

Un hombre mayor mira por la ventana / PEXELS
Alba Prada Estévez
Si dedicamos tan solo cinco minutos de nuestro ajetreado día a observar un poco a nuestros semejantes caeremos en la cuenta de una realidad que pesa como una losa: asistimos a una epidemia de soledad que golpea por igual a jóvenes y mayores. Paradójicamente, contamos con más herramientas que nunca para comunicarnos, pero vivimos una época marcada por un individualismo sin precedentes. Los vecinos no se conocen entre ellos, como mucho se dedican un saludo rápido al cruzarse. Ya nadie espera que la familia de al lado aparezca en su puerta para dejarle unos churros la mañana del domingo o unas manzanas del árbol de su finca. El sentido de comunidad se ha esfumado. Es cosa del pasado también esa red de apoyo que se creaba en torno a unos jóvenes padres que acaban de tener a su retoño. Hoy tienen que apañárselas solos y hacer malabares para conciliar niños, labores domésticas y trabajo fuera.
«Vivimos en sociedades cada vez más fragmentadas, los lazos están cambiando, las familias no son tan grandes como antes y entonces la gente es más independiente. Se están perdiendo no solo los vínculos personales fuertes sino el vínculo social comunitario. Podemos decir que hay más contextos diversificados, pero no hay una mayor profundidad en las relaciones, son más inestables», explica Francisco Haz, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).
¿Son las tecnologías culpables de esta epidemia de soledad?
Las nuevas tecnologías han transformado nuestra forma de relacionarnos, permitiéndonos estar conectados con más personas que nunca. Sin embargo, esta hiperconexión no siempre se traduce en vínculos más profundos. Para Francisco Haz las tecnologías de la información y la comunicación son un reflejo de lo que está pasando. «A veces podemos tener la falsa sensación de que estando hiperconectados tenemos relaciones de calado, pero no es así. De todas formas, las tecnologías a la hora de comunicarnos no son malas, pues han traído grandes alegrías a aquellas personas que viven lejos de los suyos: tener la posibilidad de seguir conectado con tus seres queridos es muy positivo. Aquí las tecnologías nos brindan un apoyo emocional muy fuerte», observa el sociólogo.

Un joven atiende una videollamada en su móvil / PEXELS
Con todo, a pesar de que en este aspecto nos permitan mantenernos más unidos, es cierto que también fomentan el individualismo: «Aunque se está diciendo que vuelve el comercio de proximidad, existe toda una generación acostumbrada al comercio electrónico. Eso hace que no bajes de casa, no te relaciones o lo hagas menos. Entre los más jóvenes el uso excesivo de internet, las redes sociales y la IA puede retraerlos de los procesos de socialización y contacto con otros y es fundamental en estas etapas desarrollar habilidades sociales para hacer red y captar recursos», dice.
La generación silenciosa
Los efectos del uso de las tecnologías para comunicarnos virtualmente en lugar de hacerlo físicamente lo ve claro Francisco en sus clases en la USC. «Desde hace unos años los alumnos no hablan. A veces ni siquiera hablan entre ellos. En algunas materias como la mía no diré frustrante, pero sí es poco recomendable no hacerlo porque enseño aspectos vitales y es fundamental reflexionar sobre los fenómenos que estamos estudiando», cuenta.

Una estudiante en clase / Europa Press
«Los catalogaría como generaciones silenciosas y cada vez lo son más. No les gusta nada hablar en público. Yo he optado directamente en las clases por mandar hacer trabajos alternativos y así evitar las exposiciones ante la clase. Al final, hay que adaptarse a los tiempos. Esta generación es así, y no es ni más ni menos lista que las anteriores».
Soledad percibida vs. física
Francisco afirma que vivimos una epidemia de soledad muy fuerte que puede observarse en todas las edades: tanto entre los adolescentes como entre la gente mayor. «Creo que la que viven los jóvenes es una soledad percibida y la de los mayores más física», considera. «Los jóvenes están en una etapa vital en la que sus redes están empezando, están trazando sus amistades... pero a medida que cumplimos años vamos perdiendo red. Por avatares de la vida, antes las familias eran mucho más grandes, convivían varias generaciones y ahora no, por lo que a medida que aumentamos de edad nos vemos desposeídos de ese recurso y mucho más si acabamos en centros de mayores», señala el experto.

Una mujer mayor, triste / PEXELS
En este punto recalca que está comprobado que la gente que vive sola en residencias «tiene un desarraigo de su contexto habitual y eso es gravísimo porque hace que la persona perciba esa soledad con más intensidad. La diferencia entre estar en casa o en una residencia puede medirse en años de vida», sentencia. «Sin querer sonar sensacionalista, es como si fuesen presos. Dejan su vida, su contexto, los pocos recursos que tienen a nivel social para irse a un sitio totalmente aislado de su mundo. A veces es necesario que vivan allí porque tienen algún tipo de patología o dependencia que requiere vigilancia especializada, pero cuando no es así es muy triste».
¿Vínculos más superficiales?
El sociólogo explica que las relaciones actuales están mucho más diversificadas porque gracias a las nuevas tecnologías se mantienen relaciones amistosas o sentimentales entre personas que nunca se han visto físicamente. «A través de las redes las relaciones son más rápidas, tienen una practicidad muy instrumental y eso hace que sean menos profundas porque la presencialidad es muy importante. Cuando tienes una relación con alguien, lo primero es invertir tiempo para conocer a la persona, saber cómo es, cómo se desenvuelve...».
«A través de las redes las relaciones son más rápidas, tienen una practicidad muy instrumental y eso hace que sean menos profundas porque la presencialidad es muy importante»
La importancia de socializar de forma presencial la observa Francisco también en el trabajo. «Las personas que teletrabajan a tiempo completo pierden esa socialización, se pierde la camaradería, ese momento del café. Haces tu trabajo en remoto, que puede ser muy práctico, pero no estableces vínculos laborales fuertes», indica.
Teniendo en cuenta esta epidemia de soledad que vivimos y las formas de relacionarse de las nuevas generaciones, Francisco Haz indica que los sociólogos pueden especular que vamos camino de una sociedad más introvertida en todos los sentidos. «Algo bueno si se aplica para la reflexión, pero si no comunicamos nuestro pensamiento raramente podemos tener una sociedad cohesionada», apunta. «Cada vez los grupos son más homogéneos, se parecen más entre ellos y discrepan de un sentir con otros grupos y esto no es bueno. Tenemos que interrelacionarnos independientemente de nuestras características, bagaje cultural u orígenes, pero cada vez hay más grupos que se definen identitariamente. Si queremos una sociedad cooperativa, debemos crear una sociedad tolerante, aunque eso implique escuchar ideas con las que discrepamos».
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