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«Antes este brazo no se movía»: cinco viguesas combaten con ejercicio las secuelas de ictus isquémicos y hemorrágicos

Pasar de una silla de ruedas o de la dependencia total para las actividades básicas de la vida diaria a levantar hasta 40 o 50 kilos en peso muerto y realizar ejercicio de alta intensidad gracias a la neurorrehabilitación. Es la nueva realidad de cinco viguesas de entre 50 y 70 años con secuelas de ictus isquémicos y hemorrágicos

Rehacerse tras un ictus

Pablo Hernández Gamarra

Carolina Sertal

Carolina Sertal

Vigo

Se solapa la respuesta con el final de la pregunta porque una fecha así no se olvida, por eso la pronuncia de carrerilla: «El 2 de julio de 2023». Ese día se encontraba en Cíes cuando sufrió un accidente cerebrovascular y tuvo que ser trasladada en helicóptero al Hospital Álvaro Cunqueiro, centro del que salió en silla de ruedas y como persona dependiente para una actividad tan básica como cortar sus propios alimentos en el plato. A sus 70 años, Luisa Dopeso comparte su relato vestida con ropa deportiva y tras mostrar cómo, tan solo dos años después de no poder ni caminar a consecuencia de un ictus, en la actualidad es capaz de levantar una cifra nada desdeñable en la barra de pesas.

Acompañada de sus compañeras de entrenamiento en el centro de neurorrehabilitación Neurem y amigas fuera del mismo, para alegría del grupo, esta viguesa anuncia que el viernes de la semana pasada también será para ella otra fecha señalada en el calendario, ya que mostrando una de sus extremidades explica que, «antes, este brazo no se movía, mi mano no abría, y el viernes conseguí por primera vez darle la vuelta a la tortilla con los dos brazos. Hace dos años no podía ni salir sola a la calle, ahora la comida ya no me la tiene que cortar nadie». Hito que las demás non dudan en celebrar llenando la sala de aplausos.

Con edades comprendidas entre los 50 y los 70 años, Begoña Román, Celia Sacasa, Elena Pazó y Carmen Vázquez son las otras cuatro mujeres que, junto a Luisa Dopeso, acuden dos veces a la semana a esta clínica viguesa para continuar progresando en su recuperación funcional a través de ejercicio de alta intensidad adaptado a sus distintas casuísticas. Desde el tumor cerebral de Begoña Román al ictus trombótico de Celia Sacasa, previa hemorragia cerebral, pasando por el aneurisma congénito de Carmen Vázquez y hasta el derrame cerebral de Elena Pazó que tuvo lugar en octubre del año pasado, tras los respectivos tratamientos individuales, juntas pasaron a integrar una pequeña comunidad de deportistas que lleva ya un año y medio en marcha en la ciudad olívica.

Al frente de este grupo se encuentra el propio director del centro y también fisioterapeuta, Óscar Díez, quien desde su perspectiva profesional señala que «esta iniciativa nace tras el tratamiento individual que siguieron cada una de ellas, porque cuando llegaron al punto de alta en el que a nivel clínico no podíamos ofrecer nada más, nos dimos cuenta de que no existía ninguna alternativa que las integrara en la sociedad, como podría ser un gimnasio al uso, para que personas con determinados problemas de movilidad puedan llegar al máximo», añadiendo, a este respecto, que «existe una fragilización y, en realidad, las evidencias científicas demuestran que la aplicación temprana de ejercicios de trabajo de fuerza e intensidad controlados en este tipo de población favorece mucho su recuperación».

Hace dos años no podía ni salir sola a la calle, ahora la comida ya no me la tiene que cortar nadie

Luisa Dopeso

— Viguesa de 70 años

En este sentido, Óscar Díez pone de ejemplo el caso de estas cinco viguesas que «empezaron con cargas muy bajitas, con pesas de 2 kilos, y hoy levantan hasta 40 o 50 kilos en peso muerto, superando las medias habituales de resistencia en esas edades en población sana e incluso más jóvenes. El objetivo era que salieran del rol de paciente y que se sientan deportistas, las exigencias son altas y la evolución está siendo fantástica».

Camino a la independencia

Minutos después de enseñar cómo se enfrenta a las «battle ropes», manteniendo la posición mientras ejecuta movimientos que dibujan olas con las gruesas cuerdas sujetas por el otro extremo a una espaldera, Celia Sacasa cuenta que pasó 20 días en la UCI y que, al igual que Luisa Dopeso, salió del hospital en silla de ruedas: «Estaba en una cama en la que no podía ni girarme y pasé de prácticamente ser un vegetal a volver a caminar y a poder hacer estos ejercicios. Además de la parte física, lo emocional es clave, nos apoyamos mucho entre nosotras. Es cierto que seguimos con pequeñas secuelas, pero a personas en situaciones similares me gustaría decirles que merece la pena intentarlo con ayuda profesional».

Además de la parte física, lo emocional es clave, nos apoyamos mucho entre nosotras

Celia

— Sacasa

A su lado, Begoña Román coincide en que la búsqueda y la intervención de personal sanitario especializado resulta clave en la recuperación, puesto que indica que «ellos son muy importantes, porque siempre nos animan a ir un poco más allá, y al margen de hacer ejercicios en casa, es muy importante también poder hacerlo con profesionales porque esto no es solo físico, sino que es neuronal, hay un ejercicio adaptado y hoy podemos decir que somos independientes». En este sentido, Carmen Vázquez añade que «ninguna de nosotras podríamos estar llevando la vida que llevamos si no llega a ser por la constancia en estos ejercicios. Yo estuve 20 días en la UCI y tres de ellos en coma, tengo una válvula en la cabeza y no puedo ir a un gimnasio a hacer pesas sin supervisión, pero es que sin esto no podría llevar ni una vida medio normal».

Conociendo de cerca sus realidades, lo cierto es que no solo Luisa ha conseguido darle la vuelta a la tortilla, sino que las cinco, juntas y unidas, caminan firmes hoy hacia la independencia.

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