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Estrella mosca

¿Por qué Daryl Hannah sale tan mal parada en la serie 'Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette'?

Después de décadas sin hablar de su romance con el hijo del presidente Kennedy, la actriz de 'Un, dos, tres... Splash', 'Blade Runner' o 'Kill Bill' arremete contra la serie producida por Ryan Murphy y denuncia que la ficción ha distorsionado su historia

La actriz norteamericana Daryl Hannah.

La actriz norteamericana Daryl Hannah. / XAVIER BERTRAL / EFE

Laura Estirado

Barcelona

Durante años, Daryl Hannah fue una de esas estrellas de Hollywood que parecían haber encontrado una discreta distancia del ruido mediático. La actriz que conquistó al público en 'Un, dos, tres... Splash', se convirtió en icono de ciencia ficción en 'Blade Runner' y regresó al primer plano con 'Kill Bill' llevaba décadas sin pronunciarse públicamente sobre uno de los episodios más comentados de su vida privada: su relación con John F. Kennedy Jr.

Hasta ahora.

La serie 'Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette', producida por Ryan Murphy, ha devuelto ese capítulo sentimental a la conversación. Pero también ha provocado la reacción poco habitual de Hannah, que ha decidido responder públicamente al retrato que la ficción hace de ella. En cuatro palabras, la pinta como una diva insoportable, irritante y egocéntrica. En un ensayo publicado en 'The New York Times', la actriz denuncia que la serie ha construido un personaje con su nombre que "no es ni remotamente una representación precisa" de su vida ni de su relación con el heredero del clan Kennedy.

"Nunca, nunca y nunca"

"Nunca he consumido cocaína en mi vida ni he organizado fiestas con cocaína", escribe, haciendo referencia a lo que se ve en la serie. "Nunca he presionado a nadie para que se case. Nunca he profanado ninguna reliquia familiar ni he invadido el memorial privado de nadie. Nunca he divulgado ninguna historia en la prensa. Nunca he comparado la muerte de Jacqueline Onassis con la de un perro".

La producción reconstruye el romance entre Kennedy y Carolyn Bessette, una de las parejas más fascinantes de la Nueva York de los noventa. Pero antes de esa historia hubo otra: el romance intermitente que Kennedy mantuvo con Hannah durante más de cinco años. En la serie, ese pasado aparece dramatizado como un obstáculo en el camino hacia el amor definitivo del protagonista.

La relación entre Hannah y Kennedy comenzó a finales de los años ochenta, después de que ambos coincidieran en el círculo social de la familia Kennedy y en eventos del mundo cultural neoyorquino. Su romance fue intenso y mediático: aparecían juntos en estrenos, fiestas y partidos de baloncesto en el Madison Square Garden, y durante un tiempo la prensa estadounidense especuló incluso con un posible matrimonio. Según recuerda 'People', la pareja mantuvo una relación intermitente durante más de cinco años, marcada por las distancias entre Nueva York y Los Ángeles, hasta que rompieron definitivamente en 1994. Poco después, Kennedy inició su relación con Bessette, con quien se casaría en 1996.

Retrato distorsionado

El resultado, según la actriz, es un retrato profundamente distorsionado. Interpretada por Dree Hemingway, la Hannah televisiva aparece como una figura caprichosa, inestable y conflictiva, prácticamente una antagonista necesaria para que el romance central funcione. "La decisión de retratarla como irritante, egocéntrica, quejumbrosa e inapropiada no fue casual", escribe la actriz en su artículo.

Hannah dedica buena parte de su texto a desmontar escenas concretas de la serie. Rechaza otras situaciones que la ficción presenta como hechos reales. "Estas no son exageraciones creativas de la personalidad. Son afirmaciones sobre mi conducta, y son falsas", afirma.

Amenazas y mensajes hostiles

Más allá de la fidelidad histórica, la actriz denuncia un problema mayor: las consecuencias que puede tener una ficción cuando utiliza nombres reales. Según explica, desde el estreno de la serie ha recibido mensajes hostiles e incluso amenazantes de espectadores que creen que lo que ven en pantalla ocurrió realmente.

"Cuando el entretenimiento toma prestado el nombre de una persona real, puede afectar permanentemente a su reputación", advierte en 'The New York Times'.

Hoy, a sus 65 años, Hannah vive bastante alejada del Hollywood que la convirtió en estrella. Aunque sigue vinculada al cine de forma ocasional, gran parte de su tiempo lo dedica al activismo medioambiental, la realización de documentales y proyectos sociales, como programas de terapia asistida con animales para personas mayores con demencia o alzhéimer. Casada desde 2018 con el músico Neil Young, la actriz ha centrado su vida en causas ecológicas y en iniciativas que, según ha explicado en varias ocasiones, le resultan "más significativas" que la exposición pública de sus años de mayor fama.

"Cuando el entretenimiento toma prestado el nombre de una persona real, puede afectar permanentemente a su reputación", advierte en 'The New York Times'

La controversia también ha alimentado el debate mediático en torno a la serie. En 'Vogue', la periodista Emma Specter se preguntaba si era realmente necesario retratar a Hannah como una diva insoportable para generar conflicto dramático en la historia. En su análisis, sugería que el retrato parecía más un recurso narrativo que un reflejo de la realidad.

Durante todo ese tiempo, Hannah optó por el silencio. En su ensayo explica que siempre creyó que responder a rumores o titulares solo servía para amplificar las distorsiones. Pero el ecosistema mediático ha cambiado. Y mucho.

El consejo de Jackie

La actriz recuerda incluso un consejo que recibió de Jacqueline Kennedy Onassis: que las mentiras de los tabloides acabarían sirviendo al día siguiente "para forrar jaulas de pájaros". Hoy, escribe Hannah, eso ya no ocurre. En la era digital, las historias permanecen, se comparten y resurgen una y otra vez.

"Las mentiras en internet perduran", resume.

Por eso ha decidido hablar ahora. No solo para defender su reputación, sino para señalar un fenómeno cada vez más habitual en la industria audiovisual: cuando una ficción mezcla dramatización y personas reales, la narrativa puede terminar sustituyendo a la memoria.

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