Ónega, el periodista gallego que puso voz a la Transición desde la Moncloa de Suárez
Fue jefe de prensa de Adolfo Suárez en los inicios de la democracia y en una entrevista con FARO DE VIGO en 2013 reivindicó la Transición y definió al expresidente como «un héroe nacional»

Fernando Ónega con Adolfo Suárez.

El veterano cronista político Fernando Ónega ha muerto este martes 3 de marzo de 2026. Periodista gallego, fue una de las figuras clave en la comunicación del primer Gobierno de la democracia: trabajó junto a Adolfo Suárez como responsable de prensa y participó en la escritura de discursos decisivos de aquellos años, entre ellos el célebre «puedo prometer y prometo».
Ónega (Mosteiro, Lugo. 1947) dejó una huella profunda en el periodismo político español por su trayectoria en radio, televisión y prensa, siempre vinculado al análisis de la Transición y de la consolidación democrática. Su papel en el equipo de Suárez lo convirtió en un testigo privilegiado de una etapa marcada por el vértigo político, la negociación constante y la necesidad de construir consensos casi a diario.
En los inicios de la democracia, Ónega formó parte del núcleo de comunicación de la Presidencia, cuando la credibilidad del nuevo proyecto era un desafío en sí mismo. Desde esa posición ayudó a dar forma a mensajes que debían transmitir serenidad, abrir vías de entendimiento y sostener la idea de que el objetivo, una democracia plena, solo podía alcanzarse mediante el acuerdo.

Fernando Ónega. / DANI DUCH
La entrevista en FARO: «Adolfo Suárez fue un héroe»
En noviembre de 2013, Ónega concedió a FARO una entrevista en la que repasó su experiencia al lado de Suárez con motivo de la publicación de su libro Puedo prometer y prometo. Mis años con Adolfo Suárez. En ese diálogo defendía las decisiones de aquellos años y describía al expresidente, con perspectiva histórica, como «un héroe nacional», subrayando que el camino hacia la democracia se construyó con «diálogo y pacto».
En esa charla con FARO publicada el 21 de noviembre de hace 13 años, Fernando Ónega se declaraba abiertamente suarista y reivindicaba la figura de Adolfo Suárez con una frase rotunda: matizaba que esa consideración de «héroe nacional» es «con la perspectiva de hoy», porque en el momento de su nombramiento la calle y buena parte de las élites desconfiaban de él.
Ónega recordaba el recelo inicial que acompañó a Suárez desde el primer minuto y ponía un ejemplo muy gráfico: la reacción del historiador Ricardo de la Cierva -«error, inmenso error»- cuando supo que el Rey lo había elegido presidente. Aquel clima de sospecha, contaba, se tradujo en problemas concretos: «Le costó muchísimo trabajo formar el primer gobierno» porque «no había voluntarios que confiaran en él».

Las imágenes más destacadas de la vida de Fernando Ónega. / David Cabo
También explicaba por qué, pese a ese escepticismo, Suárez resultó idóneo para pilotar el cambio. Subrayaba que no tenía una ideología tan rígida como para impedirle adaptarse, y que su objetivo era llegar a «una democracia plena» por una sola vía: «el diálogo y el pacto». Esa ductilidad, esa capacidad para incorporar ideas ajenas y construir mayorías, era, según Ónega, una de las claves de aquellos años.
En la conversación, el periodista abordaba el rápido paso del héroe al desgaste. Contaba que, a su juicio, la decadencia de Suárez se produjo por la pérdida de apoyo en distintos sectores, incluida la prensa, y citaba episodios que, según él, alimentaron el ataque creciente contra el presidente, como las críticas por unas vacaciones en casa de Antonio Van de Walle, militar vinculado a ámbitos de inteligencia.
Ónega interpretaba la dimisión de Suárez como el resultado de un aislamiento progresivo y de una sensación de desprotección. Decía que el presidente percibió «una falta de cariño, de confianza» y que su marcha también buscaba evitar un desenlace peor en un país atravesado por el ruido de los cuarteles y la amenaza del golpe.
Ónega decía que el presidente percibió «una falta de cariño, de confianza» y que su marcha también buscaba evitar un desenlace peor en un país atravesado por el ruido de los cuarteles y la amenaza del golpe.
Hubo, además, espacio para la intrahistoria de los discursos. Ónega contaba que su tarea junto a Suárez era escribirlos y situaba el origen del «puedo prometer y prometo» en una reunión con Gutiérrez Mellado y el propio presidente: Suárez tenía «un problema de credibilidad» y la frase servía para sostener el compromiso sin prometer lo imposible. Y añadía una precisión: aunque aquel fue «el más sonoro», el texto del que más orgulloso se sentía era el que defendía el derecho de asociación política, porque lo consideraba el primer paso decisivo.
«Se me cayó físicamente el teléfono»
La entrevista cerraba con un recuerdo íntimo. Ónega narraba su última llamada con Suárez, el 5 de febrero de 2002, a propósito de una comida de antiguos colaboradores de la Moncloa. En medio de una discusión menor, Suárez le reprochó no haber avisado con tiempo y terminó diciendo. «Lo que tú quieras, Fernando, pero el que tiene que cuidar a su mujer soy yo». Ónega contaba que se quedó helado. Y es que Amparo Illana llevaba muerta un año. «Se me cayó físicamente el teléfono», confesaba.
Con la muerte de Fernando Ónega desaparece una de las voces que mejor contó -y también interpretó- la Transición desde dentro: la del periodista que convirtió la comunicación política en un oficio de precisión en el tiempo en que España aprendía, a golpes de realidad, a gobernarse en democracia.
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