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Dormir poco como señal de éxito: una trampa con repercusiones peligrosas

Mientras figuras públicas como la primera ministra de Japón o el CEO de Apple presumen de dormir pocas horas, el doctor Rodríguez Sáez insiste en la importancia del descanso para la salud física y mental

Una mujer se despereza en la cama.

Una mujer se despereza en la cama. / Freepik

Vigo

Mientras los especialistas en medicina del sueño insisten en no normalizar dormir mal o poco, influencers y líderes de opinión presumen de robarle horas al descanso como una fórmula de productividad y una señal de éxito, alimentando así el mito del "dormidor corto" (persona a quien le basta dormir entre cinco y seis horas para encontrarse bien y descansada). Sin embargo, este perfil constituye una excepción: solo entre un 1 y un 3% de la población puede catalogarse "dormidores cortos" debido a una mutación en el gen DEC2. En términos generales, la mayoría de los adultos necesita dormir entre siete y nueve horas para funcionar de manera óptima; los niños mayores de dos años, más de deiz horas, y los adolescentes y adultos jóvenes, al menos ocho.

Dormir menos de seis horas de forma habitual se asocia con alteraciones demostrables en el funcionamiento cerebral. La evidencia científica muestra que una reducción drástica del tiempo de sueño tiene consecuencias neurológicas. Aun así, los expertos reconocen un cambio cultural: parece haberse impuesto la idea de que, para sacarle el máximo rendimiento al día, hay que vencer al sueño, bajo una lógica resumida en la consigna «ya descansaremos cuando estemos muertos».

Entre quienes presentan dormir poco como un estilo de vida se encuentran la primera ministra de Japón,  Sanae Takaichi, que hace unos días aseguró que dormía una media de entre dos y cuatro horas; el CEO de Apple Tim Cook, que afirma dormir apenas cinco; Bob Iger, CEO de Disney, que se levanta a las cuatro de la madrugada para hacer ejercicio y «atacar» el día, y Marissa Mayer, ex-CEO de Yahoo, que tan solo dormía de cuatro a seis horas diarias cuando trabajaba para esta multinacional.

Según el doctor Emilio Rodríguez Sáez, neurofisiólogo clínico especialista en medicina del sueño, esta tendencia resulta, cuanto menos, preocupante. «Presentar el descanso insuficiente como ejemplo puede generar una cultura perjudicial, especialmente entre jóvenes que asocian dormir poco con fortaleza o productividad», advierte.

En este sentido, el especialista gallego es tajante: «Robarle horas al sueño es, en el fondo, robárselas a la propia vida».

Más allá de las modas, España es el segundo país del mundo que peor duerme, detrás de Japón. Según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 48% de la población adulta no tiene un sueño de calidad y el 54% duerme menos de las horas recomendadas. Además, uno de cada tres adultos se despierta con sensación de no haber tenido un sueño reparador. En el caso de niños y adolescentes, el 25% de la población infantil no tiene un sueño de calidad y solo el 30% de los mayores de 11 años duerme las horas adecuadas.

El especialista explica que, durante siglos, el descanso fue considerado una necesidad fundamental, algo que debía cuidarse y respetarse. «Hoy, en cambio, muchas veces se percibe como un simple paréntesis improductivo, un tiempo en el que «no hacemos nada». «Hemos olvidado que el sueño es imprescindible para poder hacer cosas valiosas durante el día. No es una pérdida de tiempo: es una condición básica de la vida», insiste.

Al neurofisiólogo clínico le parece temerario presumir de dormir poco. «En la actualidad, cualquiera opina sobre cualquier tema, también sobre el descanso. El problema no es que alguien exprese su experiencia personal, sino que se presenten como modelo conductas que pueden ser perjudiciales. Cuando figuras públicas como el directivo de Apple o la primera ministra de Japón afirman dormir solo cinco horas y lo muestran como símbolo de éxito, el mensaje resulta preocupante», afirma.

«Robarle horas al sueño es, en el fondo, robárselas a la propia vida»

Emilio Rodríguez Sáez

— Neurofisiólogo especialista en medicina del sueño

La evidencia científica es clara. El sueño tiene fases esenciales. El sueño lento profundo —de ondas lentas— ocupa aproximadamente el 25 % de la noche y es el que realmente restaura el organismo. También es fundamental el sueño REM, relacionado con la consolidación de la memoria y la regulación emocional. «Cada ciclo completo dura alrededor de 90 minutos y se repite varias veces durante la noche. Si una persona duerme solo cinco horas, es probable que no complete adecuadamente todos los ciclos necesarios», explica el neurofisiólogo.

El especialista sostiene que dormir cinco horas puede indicar un problema, con repercusiones claras en la salud y la calidad de vida. «Cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, lo primero que se deteriora es la memoria. Aparecen olvidos, mayor irritabilidad, ansiedad e incluso síntomas depresivos. A largo plazo, el impacto no es solo personal: afecta a la vida familiar, social y profesional. Dormir mal no solo cansa; desorganiza la actividad eléctrica cerebral, altera los ritmos biológicos y repercute en el funcionamiento general del organismo», manifiesta.

Además de abrir la puerta a los trastornos del sueño, entre ellos, el insomnio, un descanso insuficiente aumenta el riesgo de sufrir un accidente -de tráfico o laboral- y a largo plazo aumenta de forma significativa el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas como la obesidad y la diabetes, la hipertensión o problemas de colesterol y triglicéridos, lo que a su vez aumenta el riesgo de padecer algún tipo de enfermedad vascular como ictus o infartos de miocardio, enfermedades neurodegenerativas como alzhéimer. Por otra parte, un sueño deficiente incrementa el riesgo de sufrir trastornos mentales graves como depresión y está vinculado con una mayor incidencia de algunos tipos de cáncer como el de colon, mama y próstata.

El sueño influye también en procesos físicos. «Un ejemplo claro es el de un niño con apnea del sueño: si no descansa adecuadamente, puede disminuir la producción de hormona del crecimiento y afectar a su desarrollo. Es una muestra evidente de cómo un trastorno del sueño tiene consecuencias corporales reales», especifica.

Un falso mito muy extendido es la supuesta recuperación de las horas de sueño echando una siesta o durmiendo más horas durante el fin de semana. Pero, ¿se puede compensar la falta de descanso? Según el doctor Rodríguez, en parte y no en todos los casos. «Se puede recuperar en parte, y sobre todo en personas jóvenes, pero no corrige el problema de fondo. El organismo necesita regularidad. La cronobiología —el orden estable de nuestros ritmos diarios— es clave para la salud», comenta.

En cuanto a la siesta breve, de unos 20 o 30 minutos, el doctor Rodríguez señala que puede ser beneficiosa si no interfiere con el descanso nocturno. «Forma parte de un ritmo biológico natural. Sin embargo, sustituir horas de sueño nocturno por largas siestas no es una solución», advierte.

El especialista apunta que la sociedad actual dificulta el descanso: ruido, estrés, horarios irregulares y una cultura que premia la hiperactividad. «Todo ello favorece una auténtica crisis de salud pública relacionada con el sueño. Dormir no es un lujo ni un signo de debilidad; es una necesidad biológica», insiste el neurofisiólogo clínico.

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