HEMEROTECA
La cicatriz en una curva a derechas de Cans: 71 años de uno de los accidentes de autobús más trágicos de Galicia
El 26 de febrero de 1955 un autobús que se dirigía a la feria de Ponteareas sufrió un vuelco en esta parroquia de O Porriño, dejando 31 fallecidos y marcando para siempre a la comunidad gallega

Monumento levantado en homenaje a las víctimas del accidente a finales de los años 50. / D.P.

Junto al arcén de la vieja carretera N-120 entre O Porriño y Ponteareas, en una curva a derechas de la parroquia de Cans, se erige, en granito muy desgastado, un funesto recuerdo. Un homenaje que nadie querría haber levantado. Son dos de las cicatrices visibles, la curva y el monumento, que quedan de uno de los accidentes de autobús más trágicos de la historia de Galicia ocurrido hace justo hoy 71 años.
Las otras marcas de la tragedia de Cans —las más duras— permanecen en la memoria de las familias que quedaron truncadas; de los testigos; de los vecinos que como en tantas otras catástrofes se vistieron de héroes para intentar salvar a sus convecinos atrapados en un coche de línea en llamas. Hace hoy 71 años que de aquel duro accidente que dejó huella en toda la comarca. Fallecieron 31 personas, 11 resultaron heridas y solo 2 resultaron ilesas.
Todo ocurrió en la mañana del 26 de febrero de 1955. El autobús, con 44 personas a bordo, venía de Redondela y acababa de salir de O Porriño en dirección a la feria de Ponteareas. La mayoría de los pasajeros eran tratantes de ganado o vecinos que iban a comprar y vender sus productos agrícolas. Había viajeros de O Porriño, pero también de Redondela, Mos, Tui y Salceda de Caselas. Muchos de ellos, de la misma familia. Al filo de las 9.30, cuando el coche PO-5227 de la empresa P. de Pote circulaba por Cans, llegó a su terrible última parada.

Monumento a los fallecidos en el accidente de autobús de Cans en 1955. / Pablo Hernández Gamarra
En la curva en la que se levanta desde hace más de siete décadas el homenaje a los fallecidos en este accidente, donado en su momento por emigrantes residentes en Buenos Aires, el vehículo se salió, volcó, el depósito de combustible rompió e inmediatamente se incendió. Carecía de puertas de emergencia. Apenas había escapatoria e iba demasiado lleno. Según las crónicas, su capacidad era de algo más de 30 viajeros e iban 44.
La heroicidad de los vecinos de Cans
Los vecinos de Cans y uno de los héroes de esta tragedia, el profesor Carlos Díaz Álvarez, frente a cuya escuela ocurrió todo mientras daba clase, lograron salvar más de una vida. Entre ellas, la del conductor. Pero la mayoría fallecieron. «En su mayor parte, carbonizados. Los demás, por asfixia», tal y como relató entonces a FARO uno de los doctores de la Cruz Roja de Vigo.

Estado en el que quedó el autobús tras el accidente en Cans el 26 de febrero de 1955. / El Ideal Gallego
Los amplios reportajes realizados por los redactores de FARO DE VIGO en aquel momento y que se pueden consultar íntegros en la hemeroteca del decano; las fotografías de Tomás Cardenal, que llegó a confesar en una entrevista que aquella fue una de las tragedias que más le marcaron en su trayectoria profesional; y hasta el duro ‘Cantar de Ciego’ sobre el accidente que fue pasando de generación en generación y que puedes leer íntegro al final de este reportaje, dan buena cuenta del impacto de este accidente.
Testimonios
Los testimonios recogidos entonces estremecen y muestran el sufrimiento inenarrable que tuvieron que padecer las víctimas antes de perder la vida. Pero también los supervivientes, las familias que perdieron a sus seres queridos y se enfrentaron a una dura (muy dura) imagen para identificarlos en una curva que se convirtió en un angustioso valle de lágrimas donde el olor de la muerte dejó también una profunda marca en los vecinos de Cans que, como en los trágicos accidentes de Angrois, el Órbigo o en otras tantas desgracias similares, fueron los primeros en intervenir y dejaron todo arriesgando también su vida para intentar salvar la de sus convecinos.
«Va a ser imposible que vayamos los dos en el coche con lo abarrotado que está [...] Vaya usted en el coche, madre. Yo iré en la bicicleta»
«Un turismo llegó al lugar del suceso cuando todavía la tragedia no se había consumado en su totalidad. Uno de los ocupantes escuchó los gritos desesperados, angustiosos, de una mujer que, envuelta en llamas, clamaba : "¡Salvaime, salvaime!" Y no fue posible rescatarla», relataba FARO DE VIGO en sus páginas al día siguiente de la tragedia.

En la zona se vivieron momentos muy duros, en el accidente, pero también durante la identificación de las víctimas. / Tomás / Faro de Vigo
Y también, como en otros trágicos accidentes en Galicia, como el del mayor siniestro de un vuelo de Vigo en abril de 1958, hubo quien se salvó por decisiones tomadas en el último momento. «Va a ser imposible que vayamos los dos en el coche con lo abarrotado que está [...] Vaya usted en el coche, madre. Yo iré en la bicicleta», se recoge en una de las crónicas de FARO. «¡Qué ajenos estaban los dos a su última despedida!», culmina este testimonio, uno de los muchos desgarradores que se recogieron entonces.
¿Qué ocurrió?

Noticia de FARO DE VIGO del 27 de febrero de 1955 en la que se informa del trágico accidente de autobús en Cans. / FDV
¿Cómo ocurrió el accidente del autobús de Cans? El propio conductor del autocar, Antonio González Cabaleiro, contra el que algunos reaccionaron en el mismo lugar del accidente ante tan inmensa tragedia y que tuvo que ser arrestado y llevado al calabozo para evitar otra desgracia dentro de la mayor, apuntó a un fallo mecánico:
«Giré en la curva y me ceñí al borde de la carretera para cruzar con otro coche que venía en dirección contraria. Al tratar de enderezar la dirección, me di cuenta de que se rompiera la ballesta y, después, de que no respondían los frenos, ni la dirección. El coche iba a marcha moderada y bajó el nivel hacia esta finca, pero volcó al chocar contra este poste de granito, tumbado, y esta piedra de gran tamaño, en la que se empotró el vehículo, volcando e incendiándose».
Carlos Díaz, maestro y héroe en Cans: «Fue algo horrible»
Uno de los héroes de la tragedia de Cans fue el maestro Carlos Díaz Álvarez. Todo ocurrió frente a su escuela. Una clase que horas más tarde iba a convertirse un hospital de campaña y en una morgue improvisada. Aquella imagen dejaría marca en sus alumnos. Demasiado pequeños para tan duro impacto. Él, inmediatamente, fue a auxiliar a los viajeros. Varios pudieron salir del autocar en llamas gracias a él. Les salvó la vida. El redactor de FARO DE VIGO, Santiago Vilas, lo entrevistó esa misma fatídica mañana de febrero de 1955:
-¿Qué pasó?
-Cerca de las nueve y media oímos un fuerte golpe, cuando el coche volcó y se empotró contra un pequeño poste de granito. Inmediatamente, salí.
-¿Cuál fue su primera visión?
-Vi el coche que empezaba a incendiarse totalmente y un revoltijo de tierra, piezas del vehículo, la carga que llevaba y... oí un impresionante griterío de los viajeros pidiendo socorro.
-¿Qué hizo usted?
-Me acerqué rápidamente a la cabina del coche y, al percatarme de la situación, rompí el parabrisas para sacar a las personas que fuera posible: el conductor, otros dos hombres, una mujer... Por cierto que, de no haber sido por las grandes dificultades que tuve para extraer a esta mujer, hubiera tenido tiempo a sacar alguno más.
Como no tenía con que curar a los heridos —continuó el maestro de Cans—se me ocurrió emplear grasa de cerdo para mitigar las quemaduras. Entre tanto, el vehículo era pasto de las llamas y algunos vecinos carretaron calderos de agua para sofocarlas. ¡Algo horrible!
A continuación apartamos todos los pupitres de la escuela para habilitar el local como provisional centro de curas y depósito de cadáveres.
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