Romero: «Las heridas emocionales deben mirarse siempre de frente»
«La guerra civil aún impone un silencio enorme en las familias. En España aún queda mucho por hacer en materia de memoria histórica», afirma la autora de «Demasiado ayer»

Desde la izquierda, las periodistas Soraya Romero Hernández y Carolina Neira Feans, durante el Club FARO. | PABLO HERNÁNDEZ GAMARRA
¿La maldad se hereda? Esta es la pregunta que asaltó a Soraya Romero Hernández (Madrid, 1983) cuando lo primero que encontró sobre su bisabuelo paterno fue una sentencia por un delito de lesiones contra otra persona. Este fallo y su certificado de defunción a posteriori –fue fusilado por los falangistas al inicio de la guerra civil, aunque durante años el régimen franquista negó que hubiese sido ajusticiado- son los dos ingredientes que la escritora y periodista madrileña afincada en Suiza necesitó para tejer «Demasiado ayer» (Kailas).
El primer documento le causó sorpresa; el segundo, ira. «Todos pensamos que venimos de familias íntegras. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar por sobrevivir? ¿En qué circunstancias? Todos podemos tener esa bestia que odiamos en nuestro interior si las circunstancias nos empujan. Caín y Abel habitan en todos nosotros», sostuvo durante la conversación que mantuvo con la periodista Carolina Neira Feans en el Club FARO.
En la ficción, la escritora otorga salva de paredón a su bisabuelo Nicomedes, que huye a México, país que recibió a muchos españoles que se exiliaron huyeron de la miseria y la represión franquista. «La pobreza que te expulsa de tu país lo estamos viviendo ahora, pero hemos olvidado que en otro momento fuimos nosotros los necesitados. La solidaridad es bonita cuando la necesito yo, pero cuando la necesitan otros nos cuestionamos muchas cosas», manifestó.
Sin embargo, no le concede una existencia idílica ni lo presenta como un dechado de virtudes. «No me interesaba regalarle una vida amable, sino explorar cómo se configura una persona que ha atravesado circunstancias extremas, qué clase de ser humano emerge de ahí. Las heridas deben siempre mirarse de frente», comentó.
También quería explorar el dolor compartido. «¿El trauma se hereda? -se preguntó–. Sabemos que emocionalmente sí, pero un estudio muy reciente indica que también deja una marca química en nuestro ADN, que pasa a nuestros hijos y a nuestros nietos».
Entre los exiliados y ejecutados por el nuevo régimen también hubo muchos intelectuales. El pequeño homenaje que les rinde Romero es encabezar cada capítulo con un estracto de algunos de sus libros. Están, entre otros, los de Luis Cernuda, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Concha Zardona y María Zambrano.
En una trama que transcurre desde 1936 a 2016 y que transitan un amplio abanico de personajes, Romero convierte la historia individual en historia colectiva, y rescata la voz de los silenciados, un ejercicio que asegura que es de justicia. «La guerra civil aún impone un silencio enorme en las familias. En España aún queda mucho por hacer en materia de memoria histórica. Muchas familias siguen esperando saber en qué fosa descansan los restos de sus familiares ejecutados», comentó.
Ayer, día en que se desclasificaban los documentos del 23-F, la periodista y escritora resaltó la importancia de que estos vean la luz para poder tener todas las visiones de la historia. «El acceso a las fuentes es importantísimo para transmitir a nuestros hijos de dónde vienen y que entiendan dónde estamos. También necesitamos acceder a los archivos para acabar con los bulos y frenar, con los datos, la vuelta a los discursos de los fascismos. Hay que mirar al pasado si queremos entender el futuro», sostuvo.
Asimismo, hizo una oda a la palabra. «Es absolutamente imperativo que protejamos el lenguaje. Hay que llamar a las cosas por su nombre para intentar lograr una paz social. Estas heridas aún nos tienen muy enfrentados y hay un proceso de desinformación», alertó.
Su próximo proyecto: la soledad no deseada
Si en «Demasiado ayer», Soraya Romero se inspira en su bisabuelo paterno, Nicomedes Romero, fusilado por la dictadura franquista, en su debut literario, «Semillas del silencio», rescataba la historia de su bisabuela materna, abandonada en una inclusa de Madrid al nacer.
«Semillas del silencio», que va por su octava edición, está en proceso de adaptación audiovisual. «El trabajo de documentación de esta novela fue un entrenamiento maravilloso porque estaba todo sin digitalizar y solo tenía el nombre de pila, ni siquiera el año de nacimiento. Dos cosas me movieron a seguir investigando: la curiosidad y el entusiasmo», dijo.
Respecto a su siguiente proyecto literario, adelantó que estará centrado en la soledad no deseada al final de la vida. «Es uno de los grandes males que nos acechan. Creo que es necesario que nos cuestionemos cómo la sociedad nos desdibuja cuando salimos de la rueda de ratón del trabajo, quiénes somos a partir de entonces; cómo es posible que la gente muera sola en casa y, sobre todo, cómo permitimos que eso ocurra», sostuvo la periodista, que en estos momentos trabaja en la organización de la primera Feria del Libro en Español en Suiza.
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