Día Internacional del Implante Coclear
El implante coclear abre una nueva era para personas con pérdida auditiva profunda
Los avances en esta técnica quirúrgica buscan introducir el implante de forma mucho más delicada, reduciendo el daño al oído interno y preservando los restos auditivos que aún pueda tener el paciente, según Manuel Estévez, especialista del hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo

El otorrinolaringólogo Manuel Estévez muestra un implante coclear en un modelo anatómico del oído.. / Pablo Hernández Gamarra
El implante coclear rompe la barrera del silencio al permitir que las personas con pérdida auditiva profunda puedan oír mediante la estimulación eléctrica de las células auditivas del oído interno. «La sordera aísla del mundo. Esta técnica permite al paciente reconectar con su entorno», afirma el doctor Manuel Estévez, miembro de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y de la Sociedad Gallega de Otorrinolaringología (SGO).
Según el especialista del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, el implante coclear, del que hoy se celebra su día internacional, ha supuesto un avance extraordinario, especialmente en la población infantil, permitiendo una integración social y comunicativa que anteriormente no era posible. Además, se trata de una intervención cuya demanda aumenta cada año debido a la pérdida auditiva por edad (presbiacusia). «La gente quiere envejecer y quiere envejecer bien: oyendo bien, viendo bien, caminando..., por lo que cada vez se demandará más esta cirugía», explica.
Actualmente, el implante coclear es el estándar de referencia para personas con sordera profunda, con resultados muy fiables en la gran mayoría de los pacientes, según el doctor Estévez. Además, el especialista señala que en los próximos meses se producirán avances relevantes que pasarán a ser una realidad clínica. Entre estos destaca la introducción de técnicas de inserción mínimamente traumáticas, apoyadas en un software específico que permite medir de forma intraoperatoria la velocidad de inserción del electrodo, asegurando que sea lo suficientemente lenta para maximizar el cuidado de los restos de epitelio neurosensorial del oído interno. «Esta línea de trabajo resulta especialmente importante para la preservación auditiva», explica.
Otro avance clave es la incorporación de la robotización, que, según el doctor Estévez, constituye «el futuro más inmediato de esta cirugía». «Se trata de dispositivos mecánicos de alta precisión que permiten introducir el implante de manera extremadamente lenta y controlada, lo que minimiza el daño sobre el oído interno y favorece también la conservación de los restos auditivos de cara a posibles tratamientos futuros», explica.
Asimismo, cobra gran relevancia la monitorización intraoperatoria de la audición mediante electrococleografía, una técnica que previsiblemente se incorporará de forma progresiva a la mayoría de las cirugías de implante coclear en no demasiado tiempo. «Muchos pacientes, incluso con sordera severa o profunda, conservan pequeños restos auditivos. Durante la intervención, estos restos se monitorizan de forma continua con el objetivo de preservarlos. Tradicionalmente, la introducción del implante suponía la pérdida de estos restos; el objetivo actual es conservarlos, por mínimos que sean, ante la posibilidad de que en el futuro el paciente pueda beneficiarse de terapias que restauren la audición en zonas hoy no funcionales», comenta.
Otra línea de investigación muy avanzada se centra es la planificación prequirúrgica personalizada. «La anatomía de la cóclea varía entre individuos en cuanto a forma, tamaño y orientación espacial. A partir de estudios de imagen previos, como el TAC o la resonancia magnética, y mediante software avanzado de procesamiento de imágenes, es posible predecir la trayectoria de inserción del electrodo y seleccionar el más adecuado para cada cóclea concreta. Esto permite una cirugía más precisa y una mejor adaptación del implante a cada paciente», afirma.
Este enfoque menos traumático tiene también importantes implicaciones en el postoperatorio y en el futuro del paciente. "Aunque la estimulación auditiva es eléctrica y el resultado inmediato no depende exclusivamente del grado de trauma quirúrgico, la preservación de restos auditivos puede ser crucial si en el futuro se desarrollan terapias génicas u otros tratamientos regenerativos. La tendencia actual es ser lo más conservadores posible para mantener abiertas todas las opciones terapéuticas futuras", insiste.
Según el doctor Estévez, todas estas innovaciones se implementarán en un plazo breve en la mayoría de los servicios de otorrinolaringología de España y para prácticamente todas las marcas de implantes, aunque algunas se encuentran más avanzadas que otras.
Otra línea de desarrollo en la que se trabaja en estos momentos es la de los implantes totalmente integrados. Como explica el especialista del Cunqueiro, en la actualidad, el implante coclear consta de una parte interna y un procesador externo, similar a un audífono de mayor tamaño. «El objetivo es que todos los componentes queden implantados bajo la piel. Para ello, es fundamental avanzar en dos aspectos: la duración de las baterías internas, que se recargarían por inducción desde el exterior, y el desarrollo de micrófonos lo suficientemente sensibles como para funcionar bajo la piel, compensando la atenuación acústica que esta produce», comenta.
Estos implantes permitirían al paciente llevar el aparato conectado las 24 horas del día, pudiendo ducharse o bañarse en el mar o en piscinas sin restricciones. «Esto se aproximaría mucho más a una audición natural, al permitir percibir sonidos nocturnos mientras se duerme, algo que actualmente no ocurre cuando el procesador externo está desconectado», explica.
Indicaciones
En la población pediátrica, la implantación suele ser bilateral, mientras que en adultos, en España, actualmente se contempla la unilateral aunque la sordera sea bilateral. Sin embargo, el especialista entiende que esta tendencia probablemente evolucionará en el futuro. «El coste del dispositivo y de la rehabilitación es elevado, por lo que se busca un equilibrio entre el beneficio clínico y la sostenibilidad del sistema sanitario, especialmente en una sociedad progresivamente envejecida, donde la demanda de implantes cocleares será creciente», comenta.
El implante coclear se indica cuando la sordera es profunda, ya que su colocación implica, en la mayoría de los casos, la pérdida de los restos auditivos existentes. «Por ello, es esencial tener la certeza de que el beneficio será claro y que la intervención no tendrá marcha atrás. De ahí la importancia del concepto de soft surgery o cirugía suave, que engloba la robotización, la planificación prequirúrgica avanzada y la preservación de restos auditivos», comenta.
En los niños, la implantación precoz es fundamental debido a la elevada plasticidad cerebral. «La colocación del implante a edades tempranas permite un desarrollo del lenguaje prácticamente normal, con buena calidad vocal y adecuada comprensión incluso en entornos ruidosos», sostiene. No obstante, no todos los niños son candidatos desde edades tempranas: algunos presentan pérdidas auditivas moderadas que se compensan eficazmente con audífonos y solo más adelante progresan a pérdidas severas o profundas, momento en el que se plantea la implantación.
En paralelo, se está investigando la terapia génica. Actualmente, existe en España un ensayo clínico dirigido a un tipo concreto de sordera genética relacionada con el gen OTOF (otoferlina). «Los resultados son todavía preliminares: algunos niños han mostrado mejoría auditiva y otros no. Por prudencia, en estos casos suele aplicarse la terapia génica en un oído y el implante coclear en el otro, para no comprometer el desarrollo del lenguaje si la terapia no resulta eficaz». refiere el especialista.
Aunque la terapia génica es una opción prometedora en un futuro, el doctor Estévez explica que aún se encuentra en una fase inicial y está limitada a un número muy reducido de alteraciones genéticas. «El objetivo final es preservar al máximo la anatomía y la fisiología del oído, permitir que las propias células recuperen su función y, si es posible, evitar la necesidad de dispositivos electrónicos implantados», dice.
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