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Mª José Rubio: «El 70% de mi novela es investigación histórica»

Investigación en archivos, documentación bibliográfica y trama literaria son los pilares sobre los que autora ha tejido «La marquesa y Bonaparte», presentada en Club FARO

María José Rubio e Iria Carregal ayer en Club FARO. | JOSÉ LORES

María José Rubio e Iria Carregal ayer en Club FARO. | JOSÉ LORES

Vigo

«Entre el 60 y 70 por ciento de mi novela se basa en investigación histórica», afirmó ayer en Club FARO María José Rubio durante la presentación en Club FARO de ‘La marquesa y Bonaparte’ (editorial Planeta), una obra en la que la autora se valió además de documentación bibliográfica y una trama narrativa para entretejer lo que ella califica como «novela con trasfondo histórico», en la que «puede que parezca que lo más irreal sea lo que realmente ocurrió». Luciano Bonaparte y la marquesa de Santa Cruz dan nombre al título de este retrato de Madrid de 1800-1801 poblado por grandes personajes.

Poder, arte y amor son las grandes temáticas que esta historiadora del arte con amplia trayectoria divulgativa en la prensa y en su podcast ‘Despierta tu curiosidad’, de National Geographic, aborda en su último libro, cuyos pilares son hechos históricos, grandes personajes, grandes escenarios (la crítica la considera una obra que retrata una ciudad, Madrid, que se convierte en un protagonista más), y, más allá, una narrativa que plantea reflexiones y dilemas.

Presentada por la periodista Iria Carregal, María José Rubio realizó un pequeño repaso por el contexto histórico de su novela, que plantea dos mundos que chocan entre sí: el del Antiguo Régimen representado por la monarquía clásica y decadente de la corte de Carlos IV y el de la revolución francesa, con la modernidad, la república y un Napoléon que aún era primer cónsul pero cuyas capacidades de visión y de tomar decisiones rápidas lo convertirían años después en emperador. Si bien Napoleón no aparece en la novela, su sombra está presente, ya que es él quien decide enviar a España como embajador a su hermano menor, Luciano, con la misión de firmar tratados que aseguren la alianza de España con Francia y conseguir que España entre en guerra con Portugal, conflicto que al final sí se declara pero dura escasa semanas, arrastrando corrupción y una paz que enfada a Napoleón y condiciona su invasión años más tarde. «La labor de Luciano en España nos cuesta la invasión napoleónica posterior», afirmó Rubio.

El menor de los Bonaparte, un filósofo, bohemio e intelectual, protagoniza una historia de amor con Mariana de Waldstein y Licehestein, la marquesa de Santa Cruz, cuando el primero tenía 25 años y ella 37. Nacida en Viena en el seno de una familia aristocrática benefactora de Beethoven y de Giacomo Casanova, Mariana, que se dejo retratar en numerosas ocasiones, una de ellas por Goya, coleccionó una retahíla de amantes, entre ellos el escritor de novela gótica William Beckford. Pintora de calidad e integrante de la Academia de San Fernando, era una mujer de la Ilustración de finales del siglo XVIII , cuyo lema era «vivir sin pedir permiso». Llegó a España a los 18 años, al casarse con un hombre de 60 años: José-Joaquín de Silva-Bazá, el marqués de Santa Cruz, el aristócrata ilustrado mayordomo mayor de Palacio, director de la Real Academia Española, uno de los directivos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Era el segundo en la Corte tras Manuel Godoy, quien también aparece retratado en la novela, en especial su relación con Luciano Bonaparte: «ambos se mencionan el uno al otro en sus memorias, se trataban de tú a tú, negociaban y decidían geopolíticamente; hubieran sido amigos en otras circunstancias».

Otros personajes secundarios en la novela son Carlos IV, María Luisa de Parma, Francisco de Goya o la condesa-duquesa de Benavente.

Un reservado secreto de arte erótico

Luciano Bonaparte descubrió en Madrid el coleccionismo de arte como modelo de adquirir prestigio y él mismo compró entre cien y trescientos cuadros, dependiendo de las fuentes consultadas, tal y como indicó ayer María José Rubio en Club FARO. Tuvo también acceso al gabinete secreto de Godoy, donde el ministro de Carlos IV guardaba obras como olas majas de Goya o la Venus del Espejo de Velázquez.

También accedió a obras de arte escondidas bajo llave en salas reservadas. Eran desnudos de las colecciones reales que Carlos III había mandado purgar por impúdicos. Quería quemarlos, pero Mengs lo evitó y consiguió que se ocultaran en el Salón del Buen Retiro. Carlos IV siguió con el plan de su padre, pero el marqués de Santa Cruz intervino esta vez y fueron enviados a la Academia de San Fernando: en su sala reservada había desnudos de los más grandes maestros, obras de carnalidad explícita y colorido brillante; «un paraíso oculto donde la carne y la belleza se habían sublimado en pintura», «un universo de carnalidad y perfección». A ese museo erótico secreto, donde estaba obras como ‘Las tres gracias» de Rubens, se sumó un cuadro de Velázquez que con un papel importante en la novela: ‘La dama del abanico’.

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