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Entrevista | Luz Casal Cantante

«No me gustan las etiquetas. Sé de dónde vengo y cuáles son mis gustos, pero no quiero sentirme aprisionada por una definición»

La artista gallega regresa a Vigo dentro de su gira «Me voy a permitir», su disco más ecléctico e inclasificable, en el que muestra todas sus miradas

La cantante gallega Luz Casal.

La cantante gallega Luz Casal. / Javier Biosca

Vigo

Luz Casal es un verso suelto en la industria musical, una artista que se permite hacer lo que quiere, tal y como proclama en su último disco, «Me voy a permitir». No es un privilegio; es un lugar conquistado a pulso a base de resistencia. «He tenido que romper techos de cristal... y de cemento», reconoce.

En este trabajo, con el que llegará al Teatro Afundación de Vigo el 26 y 27 de febrero (20.30 horas), la cantante de Boimorto reivindica el derecho a equivocarse, a no ser perfecta, pero también a experimentar y a emocionarse. Se trata de su álbum más ecléctico e inclasificable, en el que se mueve entre la chanson francesa el fado, el cancionero latinoamericano, el pop y el rock.

—¿Qué se va a permitir?

La mayor parte de las cosas que me he permitido toda la vida, pero con una actitud más ligera y, digamos, divertida, con menos peso en la mochila y con la intención de hacer, dentro de una búsqueda del equilibrio, lo más adecuado, lo más ambicioso. Mezclar cualquier ingrediente que te provoque una sensación de armonía, sentir que estoy aquí para algo, pero no para sufrir.

—¿Esto es algo que surge de repente o va cayendo granito a granito?

Va cayendo por su propio peso. Siempre he tenido una especie de obligación personal de aplicar a mí misma características que me han gustado en los demás y de mantener los valores que me inculcaron en mi familia: el respeto, la honestidad, la sensibilidad hacia los otros. A partir de esas premisas básicas, no forzarme a hacer lo que no me interesa ni tener en cuenta a personas con las que no hay afinidad. En definitiva, intentar ir por la vida de la forma más ligera posible y dedicar toda mi energía a aquello que considero verdaderamente importante.

—Acaba de darme toda una lección de vida.

No sé si esto sirve para alguien más que para mí, pero no quiero irme de este mundo con la sensación de ser una fracasada. No en términos de éxito o dinero, sino en no haber sido una persona sensible, preocupada por quien tiene al lado, alguien que intenta hacer la vida más amable no solo para sí misma, sino también para los demás.

—¿Qué impronta le gustaría dejar como artista?

No tengo grandes pretensiones sobre lo que pueda significar para la gente. Todas las canciones que he hecho en mis dieciocho discos han estado motivadas por necesidades emocionales propias. De este álbum, por ejemplo, me gustaría que «Nada es imposible» [inspirado en la escritora Noah Higón, que padece siete enfermedades raras] pudiera ayudar a los más frágiles, a quienes no tienen mucha fortaleza física o emocional. Para mí eso sí es importante. Más allá de eso, no tengo grandes pretensiones. Mi intención es hacer canciones que me representen, ya sean propias, ajenas o versiones, canciones que pueda sentir mientras las canto, aunque no hablen directamente de mi vida. Y si eso trasciende a los demás, perfecto, porque yo necesito compartir, expresarme, subirme a un escenario y transformarme a través de las canciones en distintos personajes.

—¿Qué necesidades emocionales han motivado este?

En este, por ejemplo, hay una mirada hacia la fragilidad, el sufrimiento de los demás, como en «Nada es imposible»; en «Parece ser» hay flashes de acontecimientos vividos como espectadora: ver cómo se queman las casas, cómo la mentira se convierte en protagonista diaria. Es casi un diario con titulares. En «Me voy a permitir» era imprescindible soltar la exigencia de ser siempre estupenda y aceptar que no siempre se es brillante y que a veces se dicen estupideces. Eso también forma parte del recorrido. Al final, lo que hago son diarios sonoros. Son canciones que representan mi presente. ¿Por qué hago una versión de «Todo cambia»? Porque es una canción absolutamente vigente y, además, un homenaje a Mercedes Sosa. Me interesa hacer, cada cierto tiempo, un resumen de las cosas de la vida que me han impactado y compartirlas.

—¿Se exige mucho?

Siempre he sido exigente conmigo misma. Ponerse límites es cortar las posibilidades de ser mejor. Para mí es imprescindible tener la sensación de que crezco, de que no me quedo en lo que fui, sino en lo que soy. Eso es lo que mantiene la ilusión.

«No tengo grandes pretensiones sobre lo que pueda significar para la gente»

—Fado, pop, rock, versiones y temas originales... Es su disco más ecléctico, pero ¿están todas las versiones de Luz Casal en él?

A nivel interpretativo era una premisa y a partir de ahí para hacer un álbum de versiones para darle una importancia a la interpretación. En este disco hay más versiones que en ningún otro, exceptuando los dos álbumes paralelos, «La pasión» y el de homenaje a Dalida. Sí, es ecléctico, pero como soy yo. Nunca me han gustado las etiquetas. Sé de dónde vengo y cuáles son mis gustos, pero no quiero sentirme aprisionada por una definición. Una de las ventajas de ser solista es no tener que pedir permiso para seguir tu instinto. Hay canciones que antes no hubiera cantado y que ahora sí puedo interpretar, incluso sentimientos que no me son propios. Eso también forma parte del crecimiento como intérprete.

—Cinco versiones y cinco temas propios. ¿Es una decisión premeditada?

No. El disco fue surgiendo sin una planificación rígida. Me dejo llevar por lo que va apareciendo, por lo que descubro mientras trabajo. Solo he sido estricta en proyectos muy concretos, como el homenaje al bolero o a Dalida. En este álbum hay más aventura, más libertad.

—También es un homenaje a las mujeres que abrieron camino en la música. ¿Usted ha tenido que romper muchos techos de cristal?

Romper techos de cristal... y de cemento. Ha sido una batalla cansada, pero nunca pensé en tirar la toalla. La voluntad y el carácter siempre me han empujado a seguir.

La artista de Boimorto, en una imagen promocional.

La artista de Boimorto, en una imagen promocional. / Javier Biosca

—Desde el pasado mes de junio es marquesa. ¿Esto cambia la perspectiva?

Los reconocimientos los vivo con agradecimiento, pero con los pies en el suelo. No me dejo deslumbrar. Agradezco el cariño, pero sigo siendo la misma.

—¿Cómo ve el mundo?

El mundo es complejo, con muchos matices. Quizá ahora hablamos más de nuestro enfado, y eso lo amplifica. No es un camino de rosas, aunque las rosas existan.

—¿Haber superado dos cánceres de mama ayuda a aligerar la mochila?

Las experiencias vitales, especialmente las relacionadas con la salud, te hacen replantearte muchas cosas. Te enseñan lecciones importantes.

—¿Cómo surge la colaboración de Carla Bruni en «Ella»?

Surgió de forma natural. Es una mujer muy profesional, culta, compositora. Cantó en francés una canción que yo canto en primera persona dedicada a una mujer. Tenía sentido que fuera otra mujer quien pusiera ese contrapunto.

—¿Qué conciertos verá el público en Vigo?

En los conciertos la gente encontrará buenos músicos, entrega y un repertorio amplio. Nuestro objetivo es que disfruten: emocionarse, entender una letra, agarrar la mano de quien tienes al lado.

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