San Valentín
La cara más oscura del amor: cuando los celos lo acaparan todo
La vigilancia digital, como exigir compartir contraseñas o ubicaciones, se puede convertir en abuso, y la sexóloga Emma Placer señala que fomentar relaciones seguras pasa por la educación emocional y cuestionar creencias

Una pareja de enamorados. / Freepik
Como cada 14 de febrero, San Valentín vuelve a poner el amor en el centro. Flores, bombones, corazones, declaraciones de amor y parejas perfectas y felices inundan escaparates y redes sociales. Esta imagen puede resultar inocente e evocadora, pero refuerza una idea muy concreta y poco realista del amor, según advierte la sexóloga viguesa Emma Placer. Para ella, el debate no está en celebrar o no esta fecha, sino en el tipo de amor que se promueve y en las consecuencias de asumirlo e interiorizarlo sin cuestionarlo.
«El problema de San Valentín es que refuerza una visión del amor romántica, intensa y basada en gestos externos. Parece que amar bien es sorprender, regalar, demostrar y exhibir constantemente, algo que se amplifica aún más a través de las redes sociales. Así, se invisibiliza el amor cotidiano y real, construido sin fuegos artificiales, entre rutinas, cansancio y conflictos», comenta.
Según Placer, idealizar el amor no es casual. «Muchas veces responde a la necesidad de creer en algo ‘más grande’. En cierto modo, es una cuestión de fe: el amor se convierte en un comodín al que recurrimos para llenar el vacío, aliviar la soledad o calmar el miedo a no ser suficientes», explica.
Las redes sociales terminan de construir esta fantasía: muestran parejas aparentemente felices, viajes constantes, sexo perfecto y una complicidad inagotable. «No enseñan las discusiones, la desconexión emocional ni las dudas. Compararnos con esto es una trampa», advierte.
La comparación constante con las «parejas perfectas» es uno de los caminos más rápidos para dañar la autoestima. «Incluso compararnos con nuestro ‘yo del pasado’, y más aún con imágenes idealizadas, nos lleva a centrarnos en lo que nos falta y a confundir la realidad con una ficción emocional, reforzando la idea de que, si no tenemos eso, nos va mal», señala.
Por el contrario, detrás de la imagen idílica puede esconderse otra realidad completamente distinta y extraordinariamente perversa: el amor tóxico, fenómeno que afecta a millones de personas y entre cuyas señales inequívocas se encuentran los celos, el control y el miedo al abandono.
Uno de los grandes problemas del amor romántico es que confunde amor con necesidad. En este sentido, Placer explica que el amor sano no busca completar ni salvar. «No se sostiene en frases como ‘te necesito’ o ‘sin ti no soy nada’. Ese tipo de mensajes responden a la dependencia emocional pura y dura», advierte.
«No se sostiene en frases como ‘te necesito’ o ‘sin ti no soy nada’»
La dificultad de estos discursos es que están profundamente enraizados en el imaginario colectivo, ya que están presentes en la música, la literatura y el cine. «La idea clave es esta: la pareja suma, pero no completa», argumenta.
Cuando una relación empieza a volverse tóxica, las emociones predominantes suelen ser el miedo, la culpa y la tristeza. En cuanto a los comportamientos, los más visibles son revisar el móvil sin permiso, exigir contraseñas o ubicación en tiempo real, criticar la forma de vestir, aislar a la persona de su entorno o minimizar sistemáticamente sus sentimientos. Respecto a esto, es importante señalar que estas conductas deben repetirse en el tiempo. «Un conflicto puntual no convierte una relación en tóxica, pero la reiteración sí es una señal de alarma», matiza.
Los celos, el control y la manipulación psicológica son el eje central de los vínculos tóxicos. Aun así, Placer señala que siguen justificándose bajo la idea de que sentir «un poco de celos» es normal o que son una prueba de amor. Lejos de eso, los celos no hablan de amor, sino de inseguridad y necesidad de control, y hacen más vulnerables a relaciones tóxicas a personas con baja autoestima o en momentos vitales difíciles. Tampoco aparecen solo en la pareja; también se reproducen en amistades y relaciones familiares.
Redes sociales: un amplificador
Las redes sociales amplifican estas dinámicas de control, ya que facilitan la vigilancia constante: likes, interacciones, seguidores, conexiones. «Incluso ‘se comunican’ de forma indirecta a través de publicaciones, como subir una canción para que la otra persona ‘se dé cuenta’ de que algo le duele, en lugar de hablarlo directamente. Esto es algo que aparece con mucha frecuencia en consulta», comenta.
La vigilancia digital puede convertirse en abuso cuando se presenta como una prueba de confianza –«si confías en mí, dame tu ubicación» o «no pasa nada por compartir contraseñas». «Estas frases pueden sonar razonables, pero encajan perfectamente en la lógica de una persona controladora y abusiva, mientras que la persona vulnerable suele ceder para evitar el conflicto», advierte.
Placer señala que fomentar relaciones seguras pasa inevitablemente por la educación emocional y por cuestionar creencias profundamente arraigadas. «Este proceso incomoda, y eso es una buena señal: crecer duele un poco», dice.
A veces el cambio empieza con preguntas sencillas: ¿Es necesario contarlo todo en una pareja?, ¿La transparencia absoluta siempre es sana? Según Placer, reflexionar sobre estas ideas permite entender que no todo lo que se calla es mentira ni todo lo que se dice cuida. «En esas pequeñas revisiones comienza una forma más madura y realista de amar», subraya.
Placer señala que buscar ayuda es recomendable cuando el malestar se prolonga, cuando los pensamientos se vuelven obsesivos, cuando aparece el miedo a estar solo o la sensación de no poder vivir sin la otra persona. En esos momentos, revisar creencias y construir nuevas formas de entender el amor es un paso clave hacia relaciones más sanas.
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