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Entrevista | Abel González Jefe de sección de Digestivo y responsable de la Unidad de Hepatología del HULA

Abel González, hepatólogo: “Galicia tiene uno de los programas de cribado de hepatitis C más ambiciosos de España”

El hepatólogo Abel González, jefe de sección del Servicio de Digestivo del Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) de Lugo, primero en Galicia en obtener el certificado de excelencia para eliminar la Hepatitis C, destaca la importancia de un diagnóstico rápido y un tratamiento eficaz

El hepatólogo Abel González.

El hepatólogo Abel González. / FdV

Vigo

El Hospital Universitario Lucus Augusti (HULA) de Lugo es el primero de Galicia que ha obtenido el Certificado de Excelencia en la implementación del Decálogo de Eliminación de la Hepatitis C, un reconocimiento otorgado por Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEHH), que acredita la apuesta de este centro por eliminar esta enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes. Este decálogo establece diez acciones verificables para mejorar el diagnóstico, el cribado, el acceso al tratamiento, los procesos de microeliminación y el seguimiento de los pacientes. El dotor Abel González, jefe de sección de Digestivo y responsable de la Unidad de Hepatología del HULA, asegura que España está muy cerca de convertirse en el país del mundo en eliminar esta patología, hito que atribuye al acceso universal a los fármacos antivirales de última generación que comenzaron a prescribirse hace ahora justo diez años.

-¿Qué significa la obtención de este certificado de excelencia?

-Es un reconocimiento que concede la Asociación Española para el Estudio del Hígado, colectivo que nos aglutina a los hepatólogos en España, por la implementación del decálogo que recoge los puntos fundamentales de actuación para llegar a eliminar la hepatitis C, que es el objetivo que queremos alcanzar de cara al 2030, tanto promovido desde los distintos países como por la propia OMS. Actualmente estamos inmersos en un programa de cribado en el Sergas, uno de los más ambiciosos de España. Se dirige tanto a grupos de edad como a grupos de riesgo, con el objetivo de detectar a personas que puedan tener hepatitis C sin saberlo. Así, a quienes acuden al hospital por cualquier otro motivo y cumplen determinados criterios de edad o riesgo, se les solicita una analítica para el virus C con el fin de llegar a un diagnóstico rápido y establecer tratamiento lo antes posible. Uno de los aspectos clave del decálogo es el diagnóstico en un solo paso. Con una única muestra de sangre, sin necesidad de pinchar al paciente dos veces, se realiza la serología inicial y, si es positiva, se confirma con la determinación del ARN del virus, la prueba molecular que indica si la infección está activa. En cuanto el laboratorio obtiene este resultado, se solicita automáticamente una cita en la consulta de hígado. En pocos días vemos al paciente y, en la mayoría de los casos, en esa misma consulta se pauta el tratamiento. Esta rapidez evita que se pierdan pacientes durante el proceso diagnóstico.

-La OMS se han marcado como meta el 2030 para eliminar la hepatitis C. ¿Cómo de cerca España de lograr este objetivo?

-Los objetivos marcados para 2030 en España son plenamente alcanzables, e incluso es probable que se logren antes. Desde 2015 hasta 2024 se ha tratado en nuestro país a unas 173.000 personas con hepatitis C, muchas de ellas sin saber que tenían la enfermedad. Con la implicación de los hospitales y el respaldo de la AEEH, el avance es claro.

-¿Qué factores explican que el país esté liderando este proceso?

-En Sanidad, nuestro país tiene mucho potencial. En este proceso somos líderes por un motivo clave: en 2015 aparecieron fármacos altamente eficaces para el tratamiento de la hepatitis C, algo que no existía hasta entonces. El problema de la hepatitis C es que antes existían fármacos muy poco eficaces antes de esa fecha. Estos medicamentos que salieron en 2015 curan prácticamente al cien por cien de los pacientes y tienen mínimos efectos secundarios. Su llegada generó un importante movimiento social impulsado por asociaciones de pacientes, que reclamaron el acceso universal al tratamiento. Como respuesta, se puso en marcha un Plan Nacional desde el Ministerio de Sanidad, posteriormente desarrollado en las comunidades autónomas. España fue pionera en financiar estos tratamientos para todos los pacientes con hepatitis C, y los datos acumulados tras casi diez años confirman el éxito de esta estrategia.

«Hoy el mensaje debe ser claro: la hepatitis C se cura»

-¿Qué supone que en España se elimine y en otros países no?

-Para que la eliminación de una enfermedad sea real, debe abordarse también a nivel global. Mientras existan personas con infección activa, el virus podrá seguir transmitiéndose.

-La AEHH calcula que en España hay unos 13.000 enfermos aún sin diagnosticar. ¿Cómo se rescata a estos enfermos?

-Este es otro punto muy importante. La hepatitis C puede no producir síntomas, de modo que muchas personas desconocen que la padecen, por lo que pueden estar transmitiendo el virus a otros —se transmite a través de la sangre y de las relaciones sexuales sin protección—. Por eso, hay que buscarlos proactivamente. En Galicia contamos con programas de cribado de los más avanzados de España. Además de los grupos de riesgo clásicos —personas que recibieron transfusiones antiguas, pacientes trasplantados, usuarios de drogas por vía endovenosa o personas con prácticas sexuales de alto riesgo—, también realizamos cribado por grupos de edad, aunque no tengan factores de riesgo. A las personas de entre 40 y 69 años que acuden a su médico o al hospital por otros motivos se les ofrece, con su consentimiento, la realización de la prueba. De este modo se detectan casos en personas sin sospecha previa de enfermedad.

-¿El estigma planea aún sobre esta enfermedad?

-El estigma asociado a la hepatitis C sigue siendo un factor que retrasa el diagnóstico. Muchas veces se asocia la infección a determinadas conductas, lo que genera miedo a ser señalado. Sin embargo, hay pacientes que no saben cómo contrajeron el virus. Hoy el mensaje debe ser claro: la hepatitis C se cura. A diferencia de lo que ocurría antes, el diagnóstico ya no implica una enfermedad crónica sin solución, sino un tratamiento corto y eficaz que conduce a la curación en pocas semanas.

-¿Cuál es el nivel de adhesión al tratamiento?

-Muy alta gracias a su simplicidad: entre una y tres pastillas al día durante cuatro u ocho semanas, con mínimos efectos secundarios. Aun así, la adherencia sigue siendo una prioridad, ya que incluso en tratamientos sencillos es necesario asegurar el cumplimiento para lograr la curación completa.

-¿Qué papel desempeña la prevención?

-La prevención sigue siendo fundamental. En este aspecto, Galicia también es pionera, con programas educativos sobre los riesgos en el consumo de drogas por vía endovenosa y hábitos sexuales, algo muy importante, especialmente en un contexto de aumento de las infecciones de transmisión sexual, debido, fundamentalmente, a la disminución del miedo al VIH. No debemos olvidar que las medidas de protección frente al sida son igualmente válidas para prevenir la transmisión del virus C.

-¿Cuál es su prevalencia?

-Se estima que la infección activa por hepatitis C afecta aproximadamente al 0,14 % de la población. Aunque es un dato estimativo, lo importante es transmitir que aún existen personas con la infección que no lo saben y que, cuando se les ofrezca la prueba, deben aceptarla por su propio bien y el de quienes les rodean.

-¿Cómo están ayudando a mejorar el cribado y el seguimiento de la hepatitis C la digitalización de la historia clínica y el uso de herramientas como la inteligencia artificial?

-La digitalización de la historia clínica y el uso de la inteligencia artificial también están contribuyendo de forma decisiva. El cruce de datos del laboratorio, farmacia y la historia clínica electrónica permite identificar pacientes que quedaron fuera del sistema, como aquellos con analíticas positivas que no llegaron a tratarse.

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