Genios que murieron en la miseria: las luces y sombras del «siglo de oro» de los canteros gallegos
El historiador vigués Xulio Fernández Pintos acaba de publicar una extensa y rigurosa investigación sobre el arte popular en nuestra comunidad entre 1850 y 1925. En ella desposee de romanticismo a los artistas pétreos, los descubre como iniciadores del movimiento sindical gallego, aborda la controversia sobre el «Maestro Cerviño» y estudia los autores y monumentos cumbre.

El historiador Xulio Fernández Pintor, autor de una investigación sobre el arte popular gallego entre 1850-1925. / Pablo Hernández Gamarra
«É a época máis fértil da arte popular galega, cando se producen a maior parte de monumentos e os máis importantes», resalta el historiador del arte Xulio Fernández Pintos (Vigo, 1962) sobre la etapa entre 1850 y 1925, que analiza en una obra pionera que acaba de publicar en la red. A lo largo de 800 páginas, trata por primera vez este «siglo de oro» de la cantería gallega contextualizando sus producciones e incidiendo sobre la teoría del arte popular. Su extensísimo análisis plasma tres décadas de pesquisas y trabajo de campo escrutando cientos de tallas religiosas, cruceiros, petos de ánimas y monumentos funerarios.
Armado con la maza y el cincel del rigor histórico y las nuevas posibilidades tecnológicas -como la fotogrametría y la IA-, Pintos ahonda en la figura del cantero derribando el halo de romanticismo que lo envuelve para revelar sus luces y sus sombras. Retrata unas vidas itinerantes marcadas por unas durísimas condiciones laborales que motivaron no pocas huelgas y descubre al gremio como «iniciador del movimiento sindical gallego».

Carros de bueyes trasladando sillares de cantería por la actual calle Elduayen en los años 30 del pasado siglo. / Imagen tomada por el autor de la página de Facebook Vigo - La Antigua Ciudad Olívica
Pone en valor a una nueva clase de profesionales formados académicamente y muy talentosos, a los que la prensa de la época califica de «inteligentes» como sinónimo de avanzados. De sus manos y talleres salieron las obras cumbre de la plástica popular gallega pero sus artistas más célebres murieron sumidos en la pobreza.
En «Arte popular gallego 1850-1925», el investigador también pica piedra sobre el mito que rodea al «Maestro Cerviño» y la controversia creada en torno a la paternidad artística del cruceiro de O Hío (Cangas). Frente a la versión ampliamente divulgada que atribuye su autoría a Ignacio Cerviño, Pintos esgrime la tradición oral y el análisis estilístico para incidir en que «no se puede descartar» que la obra más prominente del arte popular gallego saliese del taller de José Cerviño.
Junto a ellos, el autor estudia detalladamente la obra de otros tres «canteros inteligentes»: Manuel González Perdiz, Manuel Fontán Armiñán y Benjamín Quinteiro Martínez. Dedica un apartado a cada uno de estos cinco artistas pétreos, con una semblanza biográfica, una relación de obras de autoría confirmada y un estudio del estilo de sus producciones.
La investigación concluye con un capítulo dedicado a las obras cumbre del arte funerario y otras piezas artísticas repartidas entre el valle del Tea, Cangas y la comarca de Pontevedra.

Canteros extrayendo piedra en el litoral. / Imagen del Arquivo Galicia procedente de los fondos de Ramón Caamaño.
El cantero despojado de romanticismo
Xulio Fernández Pintos resquebraja el halo «romántico» y el «folclorismo» que suele recubrir a los artesanos de la labra de la piedra. Los presenta envueltos en un fuerte contraste de luces y sombras: sometidos a unas condiciones laborales durísimas desde muy jóvenes; itinerantes, ya que se desplazaban durante largos períodos de tiempo allá donde era necesaria mano de obra pero volvían a casa para labores agrícolas; instruidos, ya que habían recibido formación en academias y escuelas de bellas artes; y multidisciplinares, ya que no solo tallaban granito, también se dedicaban a la imaginería religiosa en madera, eran contratistas, maestros de obras, erigían bóvedas y campanarios de iglesias… Pese a su extraordinario talento, los artistas pétreos más importantes fallecieron en la miseria.
«Xorde un tirón por parte das elites sociais para construír mellores casas, edificios… E paralelamente aparecen as escolas de artes e oficios. Chégase á conclusión de que para calquera profesión, non só a canteiría, hai que saber debuxar, e precisamente estes estudios foron os máis solicitados», apunta el investigador vigués. «Isto provoca a existencia duns canteiros moi especializados que case son escultores, que traballan con planos, que están formados academicamente, que consultan libros e que tiñan a aprendizaxe práctica no taller ou na obra», subraya.
Estos «canteros inteligentes» -en el sentido de avanzados o ilustrados- fueron autores de obras cumbre del arte popular gallego como los cruceiros de O Hío (Cangas) y Covelo, el calvario de la Casa Porto (Ponteareas) y el panteón de O Ranqueta (Cangas).

«Monteiros» extrayendo piedra de una cantera de O Porriño. / Imagen tomada a J. R. Iglesias Veiga por el autor de este estudio y tratada con IA.
Iniciadores del movimiento sindical gallego
«Unha vez feito o traballo decateime de que o movemento obreiro en Galicia xorde de mans dos canteiros», desvela Pintos, que ahora está en fase de documentación de un nuevo trabajo centrado en este descubrimiento. A finales del siglo XIX y principios del XX eran el gremio más numeroso en la comunidad, varios miles - cifra-, y en la provincia de Pontevedra se articulaban en torno a dos epicentros claros: los valles del Lérez y del Tea.
«Un obreiro industrial o será toda a súa vida, porque é imposible que poida adquirir unhas instalacións e unha maquinaria. Un canteiro, non, porque a ferramenta que ten, os medios de produción, son moi elementais. Colle, dá media volta e busca outra obra para traballar. Neste momento xa hai asociacións de canteiros e son as máis activas e as que potencian o movemento obreiro», avanza el autor.

Detalle del Cruceiro do Hío, en Cangas. / Julio Santos Álvarez
«É viable pensar que José Cerviño fixo o cruceiro do Hío»
No se ha podido certificar hasta la fecha la autoría de la obra cumbre de la plástica popular gallega de todos los tiempos: el Santísimo Cristo de la Luz de Santo André, es decir, del cruceiro de O Hío (Cangas). No se tiene constancia en la actualidad de ningún documento que aclare su paternidad artística, más allá de la tradición oral que lo atribuye al «Maestro Cerviño». Pero bajo este título hay dos candidatos: Ignacio y José, ambos procedentes de la parroquia de Aguasantas, en Cerdedo-Cotobade, y coetáneos (nacidos con nueve años de diferencia). El hecho de que el primero residiese en O Hío en los años en los que se data la obra - 1872- ha generado una corriente ampliamente divulgada que lo proclama como su autor. Sin embargo, ante la ausencia de una prueba documental que así lo acredite, Pintos considera que hay indicios que apuntan a «Pepe da Pena», apodo con el que se conocía al segundo. Aunque este nunca salió de su villa natal, allí siempre se le ha atribuido. La distancia geográfica tampoco descartaría esta tesis, pues se tiene conocimiento del traslado en carros de bueyes del calvario de la Casa Porto hasta Ponteareas. «A tradición oral de Aguasantas ten unha base que debe ser tida en conta, porque hai cousas destas fontes que si se puideron comprobar», apuntala Pintos.
A esta línea argumental añade el análisis estilístico de la obra de ambos artistas, a partir del que descarta la mano del primero tras las esculturas de O Hío y se muestra más proclive al segundo. «É viable pensar que José Cerviño fixo o cruceiro do Hío porque as imaxes entran dentro do posible da súa capacidade laboral», sostiene.
Aunque, apunta, lo más probable es que el cruceiro no lo realizase una única mano, sino una cuadrilla y de ahí los distintos estilos que aprecian en las figuras.
En todo caso, que uno u otro sea el autor no desmerece la obra de ninguno, puesto que «ambos son grandísimos artistas», ensalza el investigador vigués.
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