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La prohibición de las redes a los menores de 16 años divide a los jóvenes: «Debería ser una decisión de los padres»

Estudiantes mayores de edad reconocen que estas plataformas han afectado en su autoestima y capacidad de atención, pero apuestan por una mayor educación digital y control familiar

El Gobierno prohibirá las redes sociales a los menores de 16 años

Pedro Fernández

Vigo

Desde hace años, la adolescencia se asocia a móviles en mano, pantallas encendidas y una conectividad constante que no entiende de horarios ni de pausas. Hoy, dar el salto a la pubertad parece implicar tener que abrirse un perfil en redes sociales. Ser usuario incluso antes de tener una personalidad formada. Son una herramienta, buena o mala según su uso. Pueden informar, entretener y conectar, pero también generan problemas cada vez más visibles en las aulas: distracción, dependencia, dificultades de atención y una autoestima frágil sostenida a base de «likes». En este contexto, el reciente anuncio del Gobierno de prohibir las redes sociales a los menores de 16 años ha reabierto un debate que divide a docentes, familias y jóvenes.

Marta Mosquera, profesora de secundaria en el IES Chapela de Redondela, defiende la necesidad de una restricción clara. «Es un elemento de distracción muy grande. Pasan mucho tiempo en esos entornos sin ningún tipo de control y eso les impide trabajar de forma autónoma», señala. A ello se suma el riesgo de entablar relaciones con personas que ocultan su verdadera identidad tras perfiles falsos. La docente está «plenamente de acuerdo» con la medida propuesta por el Gobierno, pero considera que será «muy difícil» llevarlo a la práctica. Según ha informado Pedro Sánchez, se obligará a las plataformas digitales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad.

Sonia Sobral, otra profesora del centro, concuerda con su compañera y pone el foco en el plano emocional: «Plataformas como TikTok ou Instagram crean unha imaxe idílica e menoscaban a súa autoestima por completo». Le preocupa, también, el rendimiento académico. «Convertéronse nunha fonte de coñecemento, non se pode reducir a aprendizaxe a vídeos de un minuto», sostiene. El efecto en las clases es inmediato: «Hai unha pandemia de atención». Uno de los alumnos reconoce que nota su distracción. «Estamos acostumbrados a Scrollear cada segundo y es difícil concentrarse mucho tiempo» .

Las opiniones entre los estudiantes son mucho más ambivalentes. A pesar de ya ser mayores de edad, la mayoría reconoce haber tenido redes sociales antes de los 16 años. «No me gustaría que me las hubiesen prohibido»,comenta Uxía Vásquez. Tiene 19 años, pero si echa la vista atrás cree que le ayudaron a informarse y a «abrir un poco la mente». Sin embargo, confiesa que vio contenidos para los que no estaba preparada y «mucho odio», algo que termina interiorizándose. Para Nicolás Peña las redes forman parte de su rutina. Ahora tiene 23 años, pero a los 13 ya tenía Instagram. «Lo usaba para hablar con mis amigos, nada raro», recuerda. Su experiencia no fue negativa, pero considera que hay personas que son «más susceptibles», y ver vidas y cuerpos «ideales» pueden acabar generándoles un problema. Desde su perspectiva como sanitario, considera que esta medida es «muy necesaria» y «debería haberse tomado antes».

Muchos otros comparten una idea común: la prohibición total no debería ser la solución. «Cuanto más te prohíben, más ganas tienes», comenta Uxía Vázquez, que cree que la clave está en la educación y en aprender a usar las redes con responsabilidad. Otros apuntan a las familias como parte fundamental del problema y de la solución. «Debería ser papel de los padres controlar el uso que sus hijos hacen en internet», reflexiona Íker Barreiro y apuesta, también por una mayor educación digital.

El debate, lejos de cerrarse deja una pregunta abierta. Cómo educar a una generación que ha crecido conectada sin que se sienta desconectada.

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