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Entrevista | Elvira Jardón Poeta y fotógrafa

«Hemos llegado al límite, necesitamos regresar a la conexión con el entorno; reunirse y hablar de lo humano es resistencia»

La artista viguesa se consolida con su nuevo libro, «Teotzin», una obra híbrida entre poesía, invocación y pensamiento simbólico que aborda el proceso de disolución del yo, la relación con los mundos invisibles y el retorno de lo ancestral a través del cuerpo y de la palabra

La poeta y fotógrafa viguesa Elvira Jardón.

La poeta y fotógrafa viguesa Elvira Jardón. / Luis Boullosa

Carolina Sertal

Carolina Sertal

Vigo

Del náhuatl, teotl como energía cósmica y el sufijo reverencial -tzin para referirse a la fuerza viva que atraviesa lo humano, la naturaleza y lo numinoso, toma su nombre el nuevo libro de la poeta y fotógrafa Elvira Jardón, «Teotzin», una obra híbrida entre poesía, invocación y pensamiento simbólico que aborda el proceso de disolución del yo, la relación con los mundos invisibles y el retorno de lo sagrado a través del cuerpo y de la palabra. Con este nuevo trabajo, la artista viguesa consolida una obra personal que transita entre la poesía, la filosofía, la performance y el pensamiento simbólico, y que presentará esta tarde, a las 20.00 horas, en la Asociación Cultural Évame Oroza, en Vigo.

-¿De dónde parte «Teotzin»?

-Este libro es una vuelta a esa conexión que creo que los seres humanos han tenido siempre con todo lo que les rodea, con la naturaleza, con los bosques, con nosotros mismos incluso, es una vuelta a intentar escuchar eso, porque en la sociedad actual es algo que hemos perdido, el sistema en el que vivimos aplasta esa conexión con el entorno y la destierra de nuestras vidas. Creo que eso favorece todos los miedos, las ansiedades que tenemos, y creo que nos favorece mucho el tener esta conexión, que es real, no imaginaria. Creo que es una conexión real que los seres humanos sienten desde siempre, es algo que está fuera de la ciencia y pensamos que por eso es menos real, pero no es verdad, pienso que es muy real, lo experimento.

Fotografía incluida en el poemario «Teotzin».

Fotografía incluida en el poemario «Teotzin». / Elvira Jardón

-Es un terreno al que cada vez están regresando más artistas en todas las disciplinas.

-Sí, porque hemos llegado al límite y regresar a esa conexión es lo que necesitamos, no podemos expulsarla de nuestras vidas, porque al final nos hace daño.

-Con respecto a «Una mujer fácil» y «Caza mayor», ¿qué experimenta en el nuevo libro que no haya tocado en los anteriores trabajos?

-Pues este es un libro que quise escribir hace ya 20 años, porque tuve una etapa en la que tenía este sentimiento tan fuerte, pero no fui capaz, lo desterré y me centré en los otros poemarios, más enfocados en las relaciones humanas, con los sentimientos y emociones, con nuestras inseguridades y nuestros traumas. En este nuevo trabajo, lo que sucede es que he vuelto a conectar con esa sensación para explicarla, no la sensación en sí misma, sino mi propia experiencia de la sensación.

-Entiende la poesía como forma de conocimiento y en «Teotzin» recupera esas sensibilidades ancestrales, ¿es quizás este género el que mejor permite retomar esa conexión?

-En el caso de este libro, ya el propio título lo manifiesta, porque es una palabra que procede del náhuatl: «teotl-» como energía cósmica y el sufijo reverencial «-tzin» para referirse a la fuerza viva que atraviesa lo humano, la naturaleza y lo numinoso. Es la poesía como tecnología antigua, como forma de percepción, porque el lenguaje modifica la relación con lo real, no es un ornamento. La poesía y el lenguaje son un ente que no solo permiten comunicar, sino que tienen capacidad para modificar la realidad, tienen esa fuerza transformadora en tu realidad y de en de los demás.

Elvira Jardón.

Elvira Jardón. / Elvira Jardón.

-En este sentido, impulsó en su momento el colectivo «O fruto e a serpe» con Cynthia Menéndez, dedicado a recitales y a experiencias poéticas que exploraban lo ritual y lo íntimo.

-Sí, fue una experiencia que salió genial y que me gustaría retomar, porque me gusta que la poesía ocupe espacios y que se produzcan reacciones tanto con poesía, con fotografía, con lo que sea, porque creo que reunirse y hablar de lo humano es una forma de rebelión contra el sistema, es resistencia pura y dura, porque es algo que nos han ido quitando poco a poco, y más ahora con las nuevas tecnologías, que prácticamente han desaparecido lo humano y la reunión, así como hablar de temas que parece que ya no interesan y que son los que más nos mueven en realidad. En las experiencias que organizamos siempre se generó una energía muy especial: cuando a las personas se les da espacios, la gente los usa, porque los quieren y necesitan.

-En cuanto a su relación con la poesía, ¿cómo se inició?

-Fue un poco tardía, la verdad. De pequeña ya escribía, porque escribir es una necesidad, y siempre me empeñé en la prosa, pero no se me daba bien. Fue un día con 30 años, que me había ido con mi padre de viaje a Cuba, porque tenemos familia allí, estaba frente al mar y apareció un poema completo. Fue ahí cuando me dije: 'Vale, así sí que puedo expresar lo que quiero'. La prosa no me permitía decir las cosas como yo quería y esto fue como un gran descubrimiento para mí. Ahí empecé.

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