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Un espacio de arte que rompe barreras

En el espacio que ocupaba la antigua piscina del centro de atención integral de APAMP en Navia se abre ahora una sala de arte gestionada por personas con parálisis cerebral. El proyecto, enriquecedor para usuarios y artistas, se ha consolidado en solo tres años y cuenta ya con lista de espera hasta 2027

Usuarios de APAMP, en Navia Espacio de Arte.

Usuarios de APAMP, en Navia Espacio de Arte. / Pablo H. Gamarra

Vigo

Juan José Lores recibe al visitante en la entrada del centro de atención integral que APAMP (Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral) gestiona en el barrio vigués de Navia. Desde ese punto arrancan, siempre con reserva previa, las visitas guiadas a las exposiciones de Navia Espacio de Arte, un proyecto ubicado en el recinto de la antigua piscina del centro y gestionado íntegramente por personas con parálisis cerebral.

Recibe a los visitantes sentado en su silla de ruedas, adaptada a sus necesidades y equipada con una tableta que maneja con la mano mediante un sensor ubicado en el reposabrazos izquierdo. El otro guía del espacio, Óscar Fernández, controla el dispositivo táctil con la cabeza gracias a un sensor situado en el reposacabezas.

Ambos utilizan Grid, un programa de comunicación aumentativa y alternativa (CAA) que les permite expresarse mediante pictogramas y audio. El primer paso de la visita es siempre el mismo: cada guía selecciona el pictograma con su fotografía, y una voz en off se encarga de la presentación. A lo largo del recorrido, cada pictograma activa información sobre el artista y las obras expuestas.

La reacción inicial del público suele ser la sorpresa, reconoce Concepción Somoza Torres, directora de APAMP. «En muchos casos, la obra y el artista pasan a un segundo plano porque la gente no conoce a la entidad ni a las personas ni sus capacidades. Esa sorpresa inicial se transforma en admiración», asegura.

Un hombre y el monitor,
 trabajan en una obra. 
|  Pablo H. Gamarra

Un hombre y el monitor, trabajan en una obra. | Pablo H. Gamarra

Lores y Fernández forman parte del equipo de este espacio artístico creado en 2023, en el que participan cerca de 60 personas con parálisis cerebral. «Para nosotros es fundamental que se reconozca y valore su trabajo y que sean protagonistas de todo lo que hacemos: desde participar en presentaciones e inauguraciones hasta acompañar todas las actividades vinculadas a la exposición», señala.

El proyecto nació con un doble propósito: ofrecer un espacio expositivo a la ciudad y, al mismo tiempo, invitar a la sociedad a entrar en contacto con la realidad de los centros de atención a la discapacidad, rompiendo prejuicios y distancias. «Nos parecía que podía ser una buena iniciativa para derribar esa barrera», dice Somoza.

Y parece que el objetivo se está cumpliendo: casi un millar de personas han visitado ya las exposiciones. La propuesta también ha conquistado a los artistas. El programa se inauguró con creadores cercanos a APAMP y, apenas dos años después, cuenta con lista de espera hasta 2027. Hasta ahora, el espacio ha acogido obras —plásticas y fotográficas— de 34 artistas en 13 exposiciones individuales y colectivas. Actualmente presenta la primera muestra en España del grabador gallego Andrés Touceda y, en marzo del próximo año, exhibirá el trabajo del artista tailandés Krerkkrai Songin. Anteriormente han expuesto, entre otros, Julio Barreira, Habraham Barrios, Elías Regueira y Colectivo Ondas.

Usuarios del taller artístico. 
|  Pablo H. Gamarra

Usuarios del taller artístico. | Pablo H. Gamarra

En la organización de cada exposición participan los cinco talleres del centro —artístico, cestería, comunicación y diseño, cerámica y radio—. Los usuarios se encargan de contactar con los artistas, diseñar la cartelería —labor que desarrolla la usuaria Maite Guerra—, preparar la información para las visitas guiadas, entrevistar a los creadores, gestionar la página web, tarea asumida por Fernando Pereira, otro de los usuarios, y organizar el acto de inauguración. Todo ello se desarrolla con el acompañamiento de los monitores del centro, especialistas en las distintas áreas. «No se trata solo de contar con perfiles educativos o sociales, sino con profesionales que garanticen la calidad del trabajo», puntualiza Somoza.

Coordinado por Beatriz Comesaña, licenciada en Bellas Artes, el taller artístico es el corazón de la sala, estos días volcado en la elaboración de tarjetas de Navidad. «Comenzamos exhibiendo los trabajos de los usuarios, hasta que vimos que sería positivo abrirlo a otros artistas, ofreciéndoles un espacio y dándonos a conocer. Para los usuarios del centro es un proceso muy valioso porque participan en todas sus fases», explica.

Cada artista que expone imparte una clase magistral al grupo, una experiencia enriquecedora tanto para los creadores como para los participantes. «La conexión que se genera es extraordinaria. Ellos disfrutan al máximo, y todos los artistas desean repetir», comenta Comesaña.

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