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La violencia digital afecta a todas: el 70% tiene entre 30 y 59 años

Una de cada tres jóvenes sufre acoso o control en las redes, un fenómeno difícil de abordar | Las expertas urgen legislar para que «las plataformas se hagan responsables de sus contenidos»

La madre con sus tres 
hijas, fundidas 
en un abrazo. 
|  Loyola Pérez de Villegas

La madre con sus tres hijas, fundidas en un abrazo. | Loyola Pérez de Villegas

patricia martín / m. ros

Madrid/Valencia

La violencia machista digital se erige ya en una zarpa creciente e insomne que afecta sobre todo a la población más joven, aunque su alcance va mucho más allá de estas franjas de edad. De hecho, instituciones y organismos oficiales tienen puesto ahora mismo el foco en ella como uno de los principales agujeros, también por las limitaciones en su abordaje, de la lucha contra las violencias machistas.

El motivo es que los acosadores han encontrado un fabuloso aliado en las tecnologías para insultar, amenazar y amedrentar a las mujeres, como una forma cada vez más cotidiana de ejercer acoso y control.

Diversas estadísticas indican que las víctimas de este tipo de violencia son sobre todo jóvenes. Por ejemplo, un estudio del Instituto de las Mujeres revela que el 80% de las chicas de entre 16 y 24 años se ha sentido, alguna vez, ofendida, humillada, intimidada, acosada o agredida en las redes sociales y que el 56% de los mensajes ofensivos son de carácter sexual, sobre todo la divulgación de fotografías o vídeos sexuales, sin consentimiento de la víctima.

Sin embargo, los datos de la línea de atención de Fembloc, entidad pionera en prestar atención especializada en violencia digital en España, muestran que la mayoría de las víctimas que han requerido asesoramiento de este servicio desde su creación, en 2022, son mayores de 30 años. En concreto, de los 367 casos, el 44,6% son mujeres de entre 33 y 44 años, mientras que el 28,9% tienen entre 45 y 59 años. El grupo de jóvenes de 18 a 29 años representan el 21,9%.

«Las estadísticas indican que las jóvenes son las que más sufren esta violencia porque son las que hacen un mayor uso de las tecnologías, por tanto, tienen más probabilidades. Pero no son las únicas: estamos viendo un carácter interseccional en la edad y un aumento de casos de violencias sexuales en mujeres más mayores, porque ahora toda la población hace un uso extensivo de las tecnologías —precisa Eva Cruells, coordinadora del proyecto Fembloc—. Sin embargo, urgen más estudios para saber si la tendencia que estamos identificando está extendida».

Atendiendo al perfil del agresor, las estadísticas indican que, en el caso de las jóvenes, la mitad son desconocidos y la otra mitad conocidos por sus víctimas, especialmente sus parejas o exparejas, aunque también pueden proceder del entorno de estudios, laboral o comunitario. «A veces —añade Cruells— son conocidos pero las víctimas no son capaces de identificarlos en perfiles falsos».

En cambio, entre las mujeres más maduras «hay más acosadores desconocidos». «En este grupo, como en el de las jóvenes, hay mucha violencia sexual, como la sextorsión, que es un tipo de chantaje que consiste en amenazar a una persona con divulgar imágenes o vídeos íntimos, y mucha estafa amorosa, que puede estar relacionada con las redes de ciberdelicuencia y la brecha digital», explica la coordinadora de Fembloc.

Activistas, políticas y periodistas son objeto de campañas de difamación y señalamiento, de perfiles desconocidos, mientras que las mujeres anónimas pueden sufrir violencia digital tanto de personas que no conocen —predominan mucho perfiles que capturan fotos de redes sociales, las desnudan y luego las difunden en redes o chats— como de su entorno.

En este último ámbito, destacan las parejas o exparejas, que llevan a cabo actitudes de control, vigilancia, geolocalización y acoso a través de las tecnologías, sobre todo cuando se rompe la relación.

Las consecuencias de este tipo de violencia son variadas, tanto en la salud mental como física, hasta el punto de que hay víctimas que han llegado al suicidio.

En este escenario, el Gobierno estudia cómo llevar a la práctica las propuestas del Pacto de Estado, el cual ofrece, por primera vez, una definición homogénea de violencia digital y urge a tomar medidas. Según Cruells, hay que «adaptar el marco legislativo a las nuevas formas de violencia, tanto en el ámbito civil y penal como administrativo o laboral». Asimismo, es preciso que la ley «regule que las plataformas se hacen responsables de los contenidos» y aumentar la formación «de todos los operadores en el ecosistema digital» porque, a su juicio, existe una «brecha» que provoca que determinadas conductas online «no se consideren delito o se consideren menos graves».

«Mi hija de 12 años denunció al padre ante la Guardia Civil; yo estaba anulada»

La madre, la hija mayor, la mediana y la pequeña. Así llamaremos en este reportaje a estas cuatro mujeres víctimas de violencia machista. Una familia destruida por la misma persona. Cuentan su historia para que no se repita.

La historia arranca con la parte positiva, que supone impartir charlas de violencia machista en las aulas. Hasta el colegio de la hija mediana (entonces de 9 años) y el instituto de la mayor (12 años) llegó la Guardia Civil a explicar qué es eso de la violencia de género. Y en la cabeza de la hija mayor algo hizo «clic». «La charla me hizo entender que lo que pasaba en mi casa no era lo normal y no estaba bien. Y un día, mi padre dijo no sé qué de ‘chupa pollas’ a mi madre o a mi hermana o a mí, no recuerdo bien, pero pensé ‘ya está bien’. Cogí mi DNI y a mi hermana de la mano y nos fuimos al cuartel de la Guardia Civil», explica la hija mayor. Entonces tenía 12 años. Hoy tiene 23.

«Alucinaron. ¿Qué hacéis aquí? Nos preguntaron. Y empezamos a explicar lo que nos pasaba. Que si mi padre me sacaba del parque arrastrándome de los pelos, que si nos pegaba puñetazos, que si nos había dejado desnudas en la puerta de casa... Estuvimos allí como cuatro horas y conforme terminamos llamaron a mi madre diciéndole que tenía que venir a ratificar todo lo que habíamos declarado para verificarlo, porque éramos menores. La guardia civil fue al juicio a testificar de forma voluntaria porque nunca había visto un caso tan desgarrador, dijeron», explica la hija mayor.

La madre toma la palabra para relatar lo que fue uno de los momentos cruciales de su vida. «Me llamó la Guardia Civil y me fui con mi hija de dos años en brazos, claro. Cuando llegué no daba crédito de lo que habían hecho mis hijas. Yo estaba anulada totalmente» explica. Y recuerda que el día antes, él la amenazó con un cuchillo en el cuello mientras tenía a su pequeña en brazos. Así era su vida. «Dije que todo lo que habían contado las niñas era verdad. Menos mal que fueron al cuartel». Miradas de complicidad entre las tres. Aquello fue el punto y aparte. La madre y las tres hijas salieron del cuartel con lo puesto para ir al Centro Mujer 24 horas. Mientras tanto, los agentes detenían al padre, acusado de maltrato, pero el juicio penal por maltrato tardó 7 años en celebrarse y mientras estas cuatro valientes sobrevivieron a duras a penas, con la madre limpiando casas. «El padre no pasaba la manutención, yo pasé hambre, mis hijas, no», sentencia la progenitora.

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