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25N | Mónica González Inspectora de Trabajo

Mónica González, inspectora de Trabajo: «Es tan importante construir carreteras como criar hijos»

El 44% de los hombres y el 32% de las mujeres cree que se ha llegado demasiado lejos en la promoción de la igualdad de las mujeres. La inspectora de Trabajo y licenciada en Derecho Mónica González contraargumenta: el 27% de los Premios Princesa Asturias son mujeres; en los Goya, el 31,8% y el Cervantes solo lo recibieron seis mujeres en sus 48 ediciones.

Mónica González, inspectora de Trabajo.

Mónica González, inspectora de Trabajo. / M.G.

Mar Mato

Mar Mato

Vigo

Dentro de la violencia machista contra la mujer, la violencia económica es «la más invisibilizada y normalizada». Lo aseguraba Carme Adán en unas jornadas del Consello da Cultura Galega. En ellas, también participaba la inspectora de trabajo y licenciada en Derecho Mónica González Otero.

-La violencia económica implica muchos ángulos.

Cuando hablo de violencia económica hablo en un contexto más amplio más allá del concepto jurídico acuñado por el Convenio de Estambul como modalidad de la violencia de género contra las mujeres y que puede llevar a la física o psicológica. Es una violencia que viene dada por la limitación al dinero aunque lo ganes tú, se limita el acceso a la toma de decisiones así como a la educación financiera. Un estudio señala que el 65% de las mujeres no tienen una cuenta propia en un banco aunque sean ganadores de un sueldo. Eso nos va a llevar a una dependencia emocional y psicológica pero también material que puede agravar la violencia física.

Cartel en una manifestación del 25N de convocatorias anteriores.

Cartel en una manifestación del 25N de convocatorias anteriores. / Europa Press

-Me parece un porcentaje elevadísimo el de las mujeres sin cuenta propia en el banco...

No reflexionamos lo suficiente sobre eso. Hasta mayo de 1975 una mujer no podía abrir una cuenta en el banco en España sin la licencia de su marido, padre o hermano. Todo tiene una historia.

-El no pasar la pensión tras la separación de la pareja también se encuadra en esta violencia.

Sí, cuando las parejas no pasan la pensión compensatoria a las mujeres, cuando las amenazan con que no van a tener nada porque son ellos los que distribuyen los recursos económicos dentro de la pareja lo que mitiga su defensa y la posibilidad de salir de ese círculo vicioso, cuando le parece feo que la mujer tenga una cuenta corriente para ella sola y toma él decisiones sobre los gastos e ingresos conjuntos... Eso todo son signos de violencia económica que pueden ir a más. Siempre hay una relación fluida entre violencia psicológica y económica. No puede haber igualdad si no hay igualdad económica e independencia.

-Siendo tan crucial como es, aún hay una laguna legal para reconocer este tipo de violencia.

Sí, no está reconocida en la Ley de 2004 de Violencia de Género [aunque sí por la normativa gallega] pero se recoge en el Convenio de Estambul que es de aplicación al ordenamiento jurídico español.

-Entonces ¿cómo hay mujeres que sufren durante años el impago de pensiones?

Eso nos lleva también a la violencia institucional. Si tú estás continuamente denunciando, reclamando, y el Estado no reacciona o no tiene herramientas para reaccionar estás en una vorágine que te consume. Estar todo el tiempo pleiteando consume recursos económicos así como emocionales.

-¿Cómo se traduce en el mercado de trabajo esta violencia?

No se adoptan las medidas necesarias para romper con inercias que invisibilizan el trabajo de las mujeres en el PIB de un país.

-¿Podría concretarlo?

Me refiero a todo ese trabajo que hacemos las mujeres y que no computa. Lo hacemos gratis y, por encima, no se nos valora ni social ni económicamente. Eso se traduce en una mengua económica de las mujeres y sus derechos. Nuestro estado gira alededor de la condición de la persona trabajadora: puedes cobrar por estar enferma si estás en el mercado laboral porque la prestación está pensada para sustiuir a ese salario. Si no entras en esa rueda no puedes acceder a ese tipo de prestaciones. Cuando aparece la clase trabajadora, a las mujeres nos tenían vetado ese espacio. Las mujeres eran ciudadanas de segunda. Además en el franquismo casarse era una causa de extinción del contrato laboral. Las mujeres somos el 83% de las personas que abandonamos el puesto de trabajo para cuidar (a hijos o mayores).

Mónica G., inspectora de Trabajo.

Mónica G., inspectora de Trabajo. / M.G.

-Eso pasa factura al cotizar.

Tres de cada cuatro veces que hay que salir de una relación laboral remunerada lo hace la mujer. Tenemos que empezar a contar la participación de las mujeres en ese estado porque tan importante es construir carreteras como criar hijos.Si no criamos hijos no hacemos carreteras.

-Como inspectora de trabajo, ¿ve mejoras?

Hay cierta sensibilización que antes no existía. También es cierto que estamos arrastrados por una inercia; corregir situaciones tan aplomadas exige actuar con mucha intención para reventar inercias y resistencias. Desde la Administración hay un foco puesto ahí que antes no estaba aunque hay una falta brutal de ocupación de los espacios de referencia: en las direcciones de hospitales o medios de comunicación, en las reales academias. Si no ocupamos los recursos de la misma manera, no se da la igualdad de derechos. Ocupar espacios es necesario para crear referentes.

-Aún queda camino...

Desde el 2008 salimos más mujeres con titulación superior que hombres en la universidad. A la hora de hacer máster nos vamos igualando pero la presencia como catedráticas es anecdótica. En la carrera científica, lo mismo. Seguimos sin ocupar los espacios en igualdad.

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