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25-N

Las grandes olvidadas de la violencia machista

Un 65% de las mujeres privadas de libertad actualmente en Galicia ha sufrido maltrato, siendo el 93% de ellas víctimas de su pareja. La Fundación Érguete interviene con ellas a través de diversos programas y pone el foco en la exclusión severa que padecen, al igual que las mujeres drogodependientes y sin hogar.

De izquierda a derecha, Adriana Pérez, María Rodríguez, Jenifer Dios y Saray Fernández.

De izquierda a derecha, Adriana Pérez, María Rodríguez, Jenifer Dios y Saray Fernández. / José Lores

Carolina Sertal

Carolina Sertal

Vigo

Solas, sin redes de apoyo de ningún tipo, carentes de formación y de recursos económicos, muy dañadas emocionalmente y vulneradas ya en la infancia una buena parte de ellas, lo que impide que se identifiquen como víctimas de violencia machista o que sean capaces de desligarse del agresor, con el que en no pocas ocasiones entran en prisión de la mano a cumplir condena.

Es la realidad que se esconde detrás de las grandes olvidadas de la violencia machista, las mujeres presas, una población penitenciaria cuyo 65% ha sufrido situaciones de maltrato -en el caso de la comunidad gallega-, siendo el 93% de estas reclusas violentadas por su pareja.

Son los datos que la Fundación Érguete ha recogido en este 2025 de una muestra de mujeres privadas de libertad que cumplen condena en las prisiones de A Lama (Pontevedra), Pereiro de Aguiar (Ourense) y Teixeiro (A Coruña), con el objetivo de llamar la atención sobre la exclusión severa que padecen, al igual que las mujeres drogodependientes y sin hogar, puesto que la entidad efectúa una importante intervención con ellas a través de diversos programas.

Técnica de empleo y responsable de la gestión de una amplia parte de la intervención penitenciaria de esta organización viguesa, María Rodríguez indica que «la prisión es un medio muy masculinizado y, en comparación, la presencia de las mujeres es irrisoria. Antes de 2009 apenas había programas con perspectiva de género y cuando nuestra entidad analizó cuál era su situación detectamos que presentaban otras características, diseñamos un cuestionario para medir el impacto de la violencia de género y ahí encontramos el problema: muchas no eran conscientes de ser víctimas y otras eran incapaces de desvincularse del agresor. Y también sucede que muchas han sufrido agresiones sexuales ya en la infancia».

Muchas han sufrido agresiones sexuales ya en la infancia

Es por esto que Érguete definió varias líneas de actuación centradas en formación para el empleo, con el objetivo de favorecer su independencia económica en su camino hacia la reinserción, y en intervención psicológica mediante una terapia asistida con animales de una protectora y también con cine feminista. Rodríguez expone las dificultades que entraña trabajar con las víctimas en el entorno penitenciario, pues destaca que «ahí se ve muy bien la espiral de la violencia machista, se da esa fase de luna de miel y al salir aparece otra vez la cara de la bestia.

La formación es fundamental porque se les da herramientas para que no dependan económicamente del agresor o que se vean obligadas a delinquir nuevamente para tener dinero para consumir, porque muchas son drogodependientes. En la parte final de todo el proyecto, las acompañamos en su reincorporación laboral y supervisamos la adaptación a la empresa, y solo es en este punto en el que logran romper esa mala relación».

En la exclusión severa, muchas identifican la violencia machista, pero para ellas es el mal menor

En este sentido, Jenifer Dios, otra de las profesionales de la entidad viguesa, señala que «en el caso de las mujeres que se encuentran en una exclusión severa, muchas identifican la violencia machista, pero para ellas es el mal menor». A modo de ejemplo, esta técnica hace referencia a las mujeres drogodependientes víctimas de violencia machista, para las cuales no existe recurso de acogida en la ciudad olívica, afirmando que «muchas prefieren mantenerse al lado de su agresor que vivir en la calle y exponerse a siete».

En cuanto a la búsqueda de empleo, la era digital marca una nueva tendencia, por lo que desde Érguete también se impulsa un programa de competencias digitales para reducir la importante brecha de género que detectaron. Así, Adriana Pérez apunta que «con esta iniciativa se busca su autonomía en el uso del teléfono móvil y en las gestiones digitales para que no tengan que depender de nadie».

Trabajar la masculinidad

Si bien estas técnicas de la Fundación Érguete ponen en el centro la importancia de intervenir con este segmento tan vulnerable de la población para favorecer su recuperación, tampoco se olvidan de ellos. En este sentido, María Rodríguez hace referencia a un programa pionero en la prisión de A Lama para trabajar la masculinidad con los internos, en este caso, con el objetivo de prevenir las agresiones machistas por su parte.

Las profesionales de Érguete comentan que para la mayoría el maltrato psicológico pasa desapercibido, indicando Saray Fernández que, «a través de series, de forma muy sencilla, comentamos esas distintas violencias. Al principio se muestran un poco a la defensiva, se sienten atacados, pero quedé muy contenta cuando finalicé el programa porque muchos progresaron», añadiendo Jenifer Dios que «lo interesante es que se trabaja con ellos desde la perspectiva de que el machismo también les afecta, de hecho, muchos acaban en prisión por conductas que van asociadas a la mala masculinidad, que los lleva a asumir conductas de mucho más riesgo o a consumir más, por ejemplo», concluye.

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