Entrevista | Lucía Solla Sobral Autora de «Comerás flores»
«Muchísimas lectoras jóvenes han salido de una relación con estas violencias»
En apenas dos meses, «Comerás flores» se ha convertido en todo un fenómeno literario por retratar en sus páginas el maltrato psicológico contra las mujeres y los mecanismos del abuso narcisista, pero también la importancia de la amistad como refugio. El debut de la marinense Lucía Solla Sobral arroja luz sobre comportamientos violentos que, por desgracia, son más frecuentes de lo que imaginaba

Lucía Solla Sobral. / Marco Mas

«Yo no quería perder de vista al Jaime que acariciaba, escuchaba y entendía, por eso me quedé al otro lado del miedo, el lado en el que yo seguía mecida por todas las flores de Jaime, dispuesta a guardar todo lo que se conservase más o menos intacto en un cajón. Queriendo y hablando tanto del querer, tanto, que podía llorar en silencio y, a veces, ni siquiera llorar, para que no se enfadase». Es un fragmento del fenómeno literario del momento, «Comerás flores», de Lucía Solla Sobral, quien ha debutado en Libros del Asteroide con una historia que refleja el maltrato psicológico y el abuso narcisista contra las mujeres.
-«Comerás flores» muestra las dificultades que entraña identificar a un maltratador narcisista, ¿es autobiográfico?
-Es ficción, pero por desgracia no me invento ningún comportamiento de los que aparecen. Con respecto a la identificación del narcisista, acompañando al libro en presentaciones y clubs de lectura, me doy cuenta de que las mujeres tenemos la teoría clarísima, que desde fuera es facilísimo reconocerlo e incluso creemos que vamos a hacer lo correcto para nosotras. Sin embargo, escribiendo la novela, hablando con psicólogos y revisando estudios de investigación, la realidad es que detectarlo desde dentro no es para nada fácil y, cuando te das cuenta de que estás con un narcisista o que estás sufriendo maltrato machista, tampoco es fácil asumirlo, porque sientes culpa, sientes vergüenza...
-Es un perfil que cada vez se expone más, quizás por esa dificultad para detectarlo de primeras.
-En cualquier relación, al principio, es muy complicado, pero cuando es con un hombre con este perfil es más difícil aún porque probablemente tienes unas vulnerabilidades y unas necesidades que él sabe atender perfectamente. En el caso de la novela, a Marina se le acaba de morir una figura importantísima para ella, su padre, y tiene una vida que no le gusta, porque se acaba de graduar y la carrera laboral no es la que se imaginaba ni la que prometían, además, tiene que compartir piso con una amiga y, de repente, Jaime le da todo lo que necesita, la escucha y le presta atención, pero todas estas atenciones son a cambio de algo y para manipularla luego más fácilmente. Es por esto que tardas mucho en darte cuenta: ¿Cómo no vas a estar con él si te da lo que necesitas?
-Saben ponerse bien la careta.
-Sí, porque además no solo conquistan a la pareja, sino que este perfil narcisista también sabe enamorar a la familia, a todas las personas que pueden estar atentas a si esa relación va bien o no y, si hay alguien que se da cuenta, a esa es a la primera a la que aíslan. En el caso de Marina es Diana, su amiga, la única que empieza a sospechar que algo no va bien y Jaime es capaz de hacer creer que Marina es la que se enfada con Diana por otro motivo, pero en realidad es él el que poquito a poco va empañando esa relación para que Marina se mude con él, algo que es muy común también: aislarte para que vayas más deprisa hacia ellos.
-«Tengo: una barriga que es un cementerio», apunta la protagonista. En muchas relaciones es fácil identificar cómo los gustos de las mujeres son infantilizados o ridiculizados por parte de su pareja, pero en este caso -encontramos que ni siquiera se respeta la decisión de Marina de no comer animales.
-Para mí es lo más duro que hace Jaime con Marina. Cuando me junté con mis amigas para revisar los comportamientos de nuestras exparejas, aunque yo soy la vegana del grupo y nunca me había pasado algo así, decidí meterlo en la novela igualmente y resulta que ahora muchas mujeres me cuentan que sí han vivido eso. Me parece terrorífico porque es una forma de anularte tan grande... es que ni siquiera respetan que tengas tus propios principios, ni siquiera lo ético está permitido si no va de la mano de lo que ellos digan.
-En esa revisión con sus amigas de comportamientos de sus exparejas, ¿encontraron patrones de conducta comunes?
-Sí, se repetían más de lo que imaginábamos. Al final, estas situaciones sueles callarlas, pasarlas por alto e incluso normalizarlas, pero cuando las comentas en un espacio seguro y te abres sin miedo a ser juzgada, resulta que encuentras que es más común de lo que pensabas. Lo de acelerar el coche en un enfado, por ejemplo, o la ‘ley del hielo’, el silencio como castigo, son comportamientos que reproducen y se repiten bastante.
-¿Sus lectoras también los identifican?
-Sí, totalmente. Por un lado, me alegra que en la novela encuentren un refugio, una forma de entender que no están solas o que no solo ellas pasaron por esto, pero por otra lado es bastante horrible la cantidad de mujeres que se sienten identificadas con algo de lo que hace Jaime o con todo. Encuentro muchísimas lectoras jóvenes que han salido de una relación con estas violencias. Solemos poner el foco en lo físico, el maltrato psicológico pasa muy desapercibido y es probablemente el más común, porque además, cuando hay violencia física, previamente hubo violencia psicológica.
-El libro refleja también la escalada sutil de la violencia machista.
-Quería reflejar eso totalmente y quería hacerlo con honestidad en el sentido de que Marina no es perfecta, no es perfecta respecto a lo que se espera de una víctima, porque se nos dibuja a las víctimas de violencia machista como personas sin medios, sin recursos, sin trabajo o sin redes, cuando cualquiera puede serlo. Marina tiene todo lo que necesita, más incluso, porque tiene a su familia, a sus amigas... Quería dibujar a este tipo de personaje porque me parecía más interesante y más realista, ya no solo por sentirse identificada con ella, sino para llegar a entender por qué da los pasos que da. Ves que cada vez se va hundiendo más, pero no le sueltas la mano porque vas entendiendo por qué lo está haciendo. Incluso ella misma empieza a ser consciente de algunas cuestiones, de ahí que haga esas listas de «tengo», unas listas que cada vez son más pequeñas porque ella se da cuenta de todo lo que va perdiendo debido a esa relación.
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