Edelstein: «Para que nosotros existamos tienen que morir estrellas»
«El material del que estamos hechos, sobre todo carbono, nitrógeno y oxígeno, se cuece en el interior de las estrellas», afirmó el físico teórico y divulgador argentino

José Edelstein y Patricia Sánchez, ayer, en el Club FARO. | José Lores
«El universo es complejo, pero para un físico es una complejidad muy misteriosa porque es una complejidad que existe, sí, pero que también tiene una enorme simpleza. Con teorías y modelos muy simples lo entendemos casi todo bastante bien. La complejidad, a veces, reside en los detalles y sí que hay cosas que no acabamos de entender del todo». Así se refirió ayer al misterio del universo José Edelstein (Buenos Aires, 1968), físico teórico y profesor de Física Teórica de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), que presentó en el Club FARO su obra «Trece maneras de mirar el cielo» (Plataforma Editorial), la primera que firma como autor único.
En cada capítulo –y son trece–, el científico y divulgador ofrece una nueva forma de entender el cosmos: desde las leyes del movimiento planetario hasta los misterios de la materia oscura, pasando por las leyendas ancestrales o la mirada poética de Borges. «Vivimos en un universo que se expande», aseguró.

Edelstein: «Para que nosotros existamos tienen que morir estrellas»
El físico explicó que el libro pretende que el lector observe el cielo más allá de lo que le ofrece a simple vista. «Si lo miras con detalle, acabas descubriendo el nacimiento del universo. En él suceden muchos fenómenos muy violentos que tienen que ver con nuestra propia vida. Para que nosotros existamos tienen que morir estrellas, porque el material del que estamos hechos —sobre todo carbono, nitrógeno y oxígeno— se cuece en el interior de las estrellas. Si no murieran, eso quedaría ahí atrapado para siempre y no llegaría a la Tierra», explicó.
Durante su conferencia, que fue presentada por Patricia Sánchez, poeta y gestora cultural, Edelstein fue desgranando cada una de estas trece maneras de mirar el cielo y relató algunas anécdotas, como su intento de traer a Neil Armstrong a Galicia y su relación con Stephen Hawking, dos figuras que reconoció admirar profundamente.
El conferenciante explicó que el cielo es como una cebolla, lleno de capas, y que cuanto más alejada es la capa, más antiguo es lo que vemos. «Cuando miramos el cielo, inexorablemente, todo es pasado», explicó.
Pero el libro no solo habla del cielo, sino también del hombre como especie. «Me preocupa, cuando contemplo el cielo, hablar de los seres humanos que lo están contemplando. Es una manera de hablar del que contempla hablando de lo que está contemplando», dijo.
Según Edelstein, «la ciencia ha aprendido mucho de fenómenos como los eclipses». «Por ejemplo, gracias a estos descubrimos la existencia del helio y que el Sol tiene helio», especificó. El eclipse de 1919 refutó la teoría de Newton sobre la gravedad al confirmar la predicción de Einstein de que la luz se curva al pasar cerca de objetos masivos, como el Sol. «La ciencia es maravillosamente iconoclasta: no nos casamos con nadie», manifestó.
En el libro habla también del litio, el tercer elemento químico más simple pero, paradójicamente, muy escaso. «Hoy se está convirtiendo en un objeto de deseo porque es el mejor átomo para las baterías y, en un mundo de coches eléctricos, el litio pasa a ser oro», comentó.
Sobre el Big Bang, la teoría principal que explica el origen y la evolución del universo, señaló que no ocurrió en un lugar específico y que no explica el origen del tiempo, sino un instante del tiempo: ese momento en que el universo comenzó a expandirse. «Y en 1998 hicimos un descubrimiento crucial: que el universo se expande cada vez más rápidamente», detalló el invitado del Club FARO, que hace años presentó en este mismo espacio «Einstein para perplejos», del que es coautor.
«Mirar el cielo es un imperativo de nuestra especie»
«Mirar el cielo es un imperativo de nuestra especie», afirma José Edelstein en Trece maneras de mirar el cielo. Para el físico teórico argentino afincado en Santiago, el cielo es un texto y la sucesión de puntos blancos —las estrellas y las galaxias que lo habitan— un códice, o un escrito en braille; también una partitura llena de notas musicales. Pero ¿qué hay en el lienzo que no está escrito, en la oscuridad? Según Edelstein, en la mirada del cielo confluyen el pasado y el presente. «Si el cielo es el pasado, la mirada es el presente. En el cielo vive la materia. En la mirada habita el lenguaje. ¿De cuántos modos podrían encontrarse? ¿Cuántas maneras hay, en definitiva, de mirar el cielo?», subraya Edelstein, cuyo trabajo se centra en diversos aspectos de la física teórica de altas energías.En este libro, el divulgador propone trece maneras de hacerlo, que —advierte— no son más que «una cota inferior, un mínimo, y la pertinaz sospecha de que no hay una respuesta cierta a este interrogante. O de que son infinitas las posibles miradas».
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